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lunes, 25 de septiembre de 2017

Cuando una calle describe un país



Su nombre oficial es Avenida Máximo Gómez, pero nadie la llama así. Incluso muy pocos de sus vecinos conocen que fue por esa arteria que el Generalísimo, frente al Ejército Libertador, hizo su entrada en la capital, el 24 de febrero de 1899.

Para todos los cubanos, ya sean de La Habana o del interior del país, la que también fuera nombrada, durante el período colonial, como Calzada de Guadalupe y del Príncipe Alfonso, no es más que la 'calle Monte', lugar que, desde muchísimo tiempo atrás, pareciera estar exclusivamente asociado a aquellos fenómenos sociales sobre los cuales pocos se atreven a hablar abiertamente dentro de Cuba.

Si buscas una dirección cerca de Monte y Cienfuegos, debes decirlo en voz baja: la famosa esquina habanera está asociada al comercio sexual, a pesar de que los prostíbulos y las casas de alquiler por horas, relativamente baratos, abundan de un extremo al otro de la bulliciosa calzada.

Monte, más que una calle, es un espacio donde se desvirtúa la totalidad de proyectos hoteleros y turísticos que buscan ofrecer una imagen trucada, diferente a lo que en verdad son La Habana y sus habitantes.

El “circuito de oro” en que habrá de convertirse ese tramo comprendido entre el Paseo del Prado y el Hotel Saratoga, donde se incluyen tanto el lujoso Manzana, del consorcio Fuerzas Armadas-Kempinski como el restaurado Capitolio Nacional, se interrumpe bruscamente a solo unos pasos de la Fuente de la India, allá donde comienza, transversal y demasiado incómoda, esa otra urbe, profunda, olvidada, oscura que no habla muy bien de la prosperidad y de lo sostenible de un sistema político en crisis.

Monte continúa siendo la zona de recalo de los más humildes, de los más excluidos en un país donde se sobran las exclusiones, de los que vienen huyendo de esa pobreza que tiende al endemismo, sobre todo en el oriente cubano.

Bien entrada la madrugada, si la 'jornada laboral' (sexual) fue desastrosa en La Rampa o en el Malecón, es en las inmediaciones de la calle Monte, desde el Parque de la Fraternidad hasta la Estación Central de Ferrocarriles, donde terminan probando suerte prostitutas y pingueros, vendiendo sus cuerpos por un par de dólares, e incluso por un plato de comida o un lugar donde amanecer.

Sin embargo, las mañanas y las tardes no son muy diferentes a las noches. El 'Parque de la Chispa', en la esquina de Monte y Belascoaín, donde se alza una escultura del artista rumano Sandú Darié, es la meca de borrachos, drogadictos e indigentes. Cada rincón del parque ha sido ocupado por los pordioseros habituales. El banco de la izquierda pertenece a un fulano, mientras que el de la derecha fue conquistado en una pelea entre dos que no poseen nada más allá del malestar de la propia existencia.

Muchos viven allí el final de una historia común que quizás comenzara como la de cualquier adolescente o joven cuyas opciones de triunfo personal se barajaron entre emigrar o quedarse, en un país donde el estudio, la inteligencia, la honestidad, el empeño, la buena educación no son garantías de futuro.

Fue un desamparado del parque el que me dijo que durmiendo sobre un banco se sentía mucho más seguro que en cualquier casa. Con solo mirar el entorno, se termina comprendiendo que no se trata de la opinión de un demente.

En toda la calle Monte no existe una edificación en buen estado constructivo. Aunque las estadísticas municipales señalan que, en las cercanías, solo cerca de un 15 por ciento de las viviendas han sido declaradas como inhabitables, es evidente que la cifra pudiera ser superior debido al número de derrumbes totales y parciales que se registra todos los años, alrededor de cien.

Decenas de comercios, estatales y privados, se han visto obligados a cerrar debido a las malas condiciones de los lugares donde están emplazados. Hileras de establecimientos clausurados bordean ambos lados de Monte y, teniendo en cuenta que no existen planes inmediatos para el desarrollo local vinculado al turismo, en poco tiempo, probablemente en un par de años más, no quedarán comercios ni edificios que restaurar.

“Tal vez la estrategia sea la misma que en las zonas de playa o en el casco histórico: dejar que el tiempo se encargue de las demoliciones”, me dice una personal con la cual conversé sobre el asunto.

Aceras rotas, fosas desbordadas, hedor irresistible y mucha miseria es lo que, por ahora, tiene la antigua Calzada de Monte para ocultar a los turistas y regalar a vecinos y transeúntes. Aún así, es una mínima parte del todo visible e invisible de una ciudad, un país, una realidad que no pueden ser comprendida en su esencia desde el balcón de un hotel.

Texto y foto: Ernesto Pérez Chang
Cubanet, 6 de julio de 2017.

jueves, 21 de septiembre de 2017

"Así no quiero vejez"


A sus 76 años, Neida Brito vende café en una esquina de La Habana para sostenerse económicamente. Sus años de trabajo se perdieron junto al expediente laboral, anulando la posibilidad de una pensión y empujándola hacia lo que ella llama “mi forma de lucha para sobrevivir”.

“Tengo muchas enfermedades. No le pido nada al Estado, pero sí necesito ayuda como toda persona mayor. Estoy enferma del corazón y de los huesos, provocado por una caída en la calle que me afectó mucho. El médico me dijo que no podía hacer nada, pero lo tengo que hacer porque ¿de qué voy a vivir?¨.

Las autoridades presumen que la esperanza de vida en el país es de 78,7 años. Haber alcanzado esta cifra de forma gradual, conforme al paso de las generaciones, puede describirse como un logro de la salud.

Sin embargo, viviendo de ese modo nuestros ancianos, ¿vale la pena alcanzar la edad de la cual el gobierno tanto alardea? Si la respuesta es No, en 2025 tendríamos a 3 millones de adultos mayores maldiciendo haber llegado a la vejez.

Para obtener una opinión especializada entrevistamos al psiquiatra Luis Calzadilla Fierro, quien trabaja con pacientes de la tercera edad en un centro de salud mental de la Habana Vieja. “Puede haber toda una retórica, pero deben coincidir los sistemas de señales, según el fisiólogo ruso Iván Pávlov. Deben coincidir la percepción y el pensamiento, sino creamos una especie de realidad virtual. Si no coinciden, la gente se neurotiza y se enferma. Además, deja de creerte”.

Los especialistas coinciden en que el binomio 'calidad-esperanza de vida' debe tener como factor principal la satisfacción del anciano por su existencia presente y futura. Según parámetros internacionales de salud, el apoyo social, la vivienda y el factor económico son medidores de la calidad del envejecimiento.

María del Carmen Joba, 96 años, dice que sus “achaques de la vejez son soportables" en comparación con la enfermedad económica”. Y confiesa que le gustaría vivir con salud, pero tranquila. "Los ancianos tenemos demasiados obstáculos en nuestras vidas, la jubilación no alcanza, todo está caro, las medicinas se pierden. A esta edad tenemos que conformarnos”.

Cada día, los ancianos en Cuba quedan más a la zaga dentro de la corriente de supervivencia económica que impone la realidad cubana. En entrevistas realizadas en la calle para este reportaje (ver video), la mayoría de los ancianos crítica las insuficientes pensiones, que les provoca inseguridad económica, así como el encarecimiento de la vida, la imposibilidad de alimentarse adecuadamente y la falta de medicamentos en las farmacias.

Filiberto Morales, 82 años, se jubiló como ingeniero con una pensión de 300 pesos (12 dólares) al mes.“Lo que yo ganaba antes es lo que gano hoy. Hace mucho tiempo un salario de 300 pesos no alcanza en este país. Parece que los que saben más que yo dicen que ‘sí se puede’, y yo digo que no”, se queja Morales.

El crítico estado de las aceras provoca frecuentes caídas en los adultos mayores cuando salen de sus casas. La difícil situación del transporte, la escasez de agua que debe cargarse en cubos para las viviendas, son también parte de las barreras que golpean a los viejos mucho más que a los más jóvenes.

Cuba cuenta con 143 Hogares de Ancianos y 247 Casas de Abuelos destinados a mejorar la calidad de vida de la tercera edad. Para lavar su imagen sobre la atención al adulto mayor, en 2014 el gobierno asignó 66 millones de pesos (2,6 millones de dólares). El presupuesto estaba destinado a garantizar agua caliente, atención médica integral y servicios de peluquería en los Hogares de Ancianos y Casas de Abuelos. También se evitarían las condiciones de hacinamiento.

Un año después se recortó el presupuesto de Asistencia Social, disminuyendo los subsidios estatales. Al mismo tiempo, el gobierno prometió un incremento de las capacidades de las Casas de Abuelos y Hogares de Ancianos, pero anunció simultáneamente que aumentaría el precio de los servicios.

Para apoyar la medida, la Resolución 548 del Ministerio de Finanzas y Precios estableció un costo de 180 pesos (7 dólares) mensuales por el ingreso en las Casas de Abuelos y 400 (16 dólares) para los Hogares de Ancianos. El pago de los ancianos sin ingresos es asumido por la Seguridad Social.

Guillermo Benítez, 74 años, jubilado con una pensión mensual de 270 pesos (11 dólares), es subsidiado por la Seguridad Social y paga 40 pesos mensuales por su estancia en el Hogar de Ancianos. “Me alcanza, porque ahí uno tiene las necesidades alimentarias básicas cubiertas, y entonces después uno refuerza pues siempre tengo apetito".

La cifra que expresa la longevidad de un país no mide la esperanza de “vida” si la vejez parece más una pesadilla.

Augusto César San Martín
Cubanet, 21 de julio de 2017.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Una historia de Corín Tellado



Sus personajes sobreviven, se enamoran, sufren, se ilusionan, encuentran el amor y son felices todavía en las pantallas de los ordenadores. También suelen ser parte del tesoro particular en las bibliotecas de varias generaciones de abuelas y en el interés, como fenómeno literario, de muchos escritores importantes de América Latina que, a cada rato, sacan de las tinieblas a la española Corín Tellado que llegó a escribir unas 5 mil novelas.

Es el colombiano Triunfo Arciniegas el que firma esta semana una nota sobre la autora asturiana cuyo verdadero nombre era María del Socorro Tellado López.

"No creó un gran personaje ni en su vasta obra figura una sola novela que pueda considerarse memorable. Poco o nada quedará de estas mujeres de túrgidos senos. Pero hizo más amable o al menos más llevadera la existencia de miles y miles de personas. Poco o nada quedará de todos nosotros, al fin y al cabo", dice el escritor.

Arciniegas recuerda que Corín Tellado, con tiradas de 60 mil ejemplares, llegó a vender 750 mil en una semana. Hace más de veinte años se estimaba que había vendido 400 millones de ejemplares. El colombiano asegura que la novelista escribió también obras para niños y 26 novelas eróticas con el seudónimo de Ada Miller en homenaje al autor de Trópico de Cáncer.

"Si alguna vez tropiezo con una, sé que la devoraré de inmediato. Tengo apuntados en mi libreta algunos títulos: Prefiero el sexo, Inquietante Lauren, Tengo que ser infiel, Trama sexual y Fuego erótico", confiesa.

Arciniegas cita en su reseña a Mario Vargas Llosa que entrevistó a Corín Tellado para la televisión peruana y la trató siempre con mucho respeto y a Guillermo Cabrera Infante que, aunque la llamaba Corán Tullido y decía que era una inocente pornógrafa, le dedicó un capítulo de su libro O, publicado por Seix Barral en 1975.

Raúl Rivero
El Mundo, 18 de julio de 2017.
Foto: Corín Tellado. Tomada de El Mundo.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Arsenio Rodríguez, el ciego maravilloso (II y final)


De su infancia se sabe poco. En los archivos de Cuba no se conserva la ficha escolar de quien en la adultez sería reconocido como el más importante músico popular del país, el renovador del son y posteriormente el padre de la salsa. Si a ello le sumamos que tenía tres nombres, uno civil, Ignacio Arsenio Travieso Scull, otro artístico, Arsenio Rodríguez Scull, y uno más por costumbre, Ignacio de Loyola Rodríguez Scull, podemos concluir que tal situación ha dificultado al extremo la búsqueda que han emprendido sus biógrafos. Arsenio fue el hijo no reconocido de un tal Bonifacio Travieso de profesión aguador y que se ocupaba en las faenas del campo.

Su madre era una mujer trabajadora y tenaz, de carácter fuerte, de nombre Dorotea Scull Rodríguez. Sus progenitores tenían ascendencia congolesa e indistintamente habían residido entre la localidad de Güines, villa que en los comienzos del siglo XX formaba parte de la antigua provincia de La Habana, y diversas fincas y poblados del interior de la provincia de Matanzas, pasando cada cierto tiempo de un lugar a otro, según como se presentaran las fluctuaciones del empleo rural.

Arsenio nació por casualidad en Güira de Macurijes, el 30 de agosto de 1911 porque sus padres en ese momento eran jornaleros de una hacienda que producía viandas, frutas y legumbres, llamada Finca La Victoria, perteneciente al antiguo municipio de Bolondrón, hoy correspondiente al municipio Pedro Betancourt.

Hacia el año 1940, Bonifacio, soldado de los ejércitos mambises en la guerra de independencia contra España, ya había muerto y Arsenio, quien requería de un documento civil para legalizar el nombre de su conjunto ante la oficina del gobernador de la provincia de La Habana y también para obtener su primer pasaporte y viajar a Tampa por razones de trabajo, regresó desde la capital, donde ya residía hacía un lustro, a la villa de Güines, lugar en el que pasó su infancia en el barrio de La Leguina, y acudió ante el registro civil para inscribirse él mismo bajo el nombre de Ignacio Arsenio Travieso Scull como hijo de Bonifacio Travieso y Dorotea Scull Rodríguez.

Lo curioso de este hecho es que para esos tiempos ya el músico invidente era popularmente conocido en Cuba y en el exterior (por sus canciones que viajaban en las grabaciones discográficas) con el nombre artístico de Arsenio Rodríguez Scull, nickname empleado para firmar y registrar legalmente sus composiciones, y llevaba varios años usando abiertamente el nombre de Ignacio de Loyola Rodríguez Scull como segundo nombre artístico, con el que se identificaba en la correspondencia epistolar, ya muy frecuente y abundante en ese entonces, sobre todo con las damas. Más insólito aún fue que Arsenio en su comparecencia ante el registro civil de Güines el 13 de abril de 1940, dijo que era güinero, nacido en esa localidad el 31 de agosto de 1913, tal y como está consignado en su registro civil de nacimiento, Tomo 72, Folio 164.

El formidable tresista y compositor, a lo largo de cuatro décadas de carrera artística escribió centenares de canciones, pero tan sólo en una de ellas menciona a sus progenitores: en Billumba- Palo Congo, grabado en Nueva York en abril de 1957 para el sello Blue Note, en el que llama de viva voz a su padre Bonifacio, a su madre Dorotea y a Justo Trava, el primer esposo de esta, quienes ya habían fallecido. En las líricas de sus canciones no encontramos por ninguna parte los nombres de sus hermanos mayores Salomón y Emelián Trava Scull (hijos de Justo Trava), ni aparecen Julio y Aurelio Rafael Travieso Scull, este último apodado, Yeyo. Se ha dicho que Julio y Yeyo fueron quienes en verdad se encargaron del cuidado de Arsenio durante su niñez, pero el músico no les dedicó un solo párrafo en sus innumerables composiciones. Trato similar recibió su tío materno Catalino Scull Rodríguez, apodado Yingo (algunos autores dicen que su apelativo era Güingo), que parece haber sido una influyente figura paterna para el Ciego Maravilloso y quien jugó un papel determinante para inducir a Arsenio por el camino de la música acercándolo al estimulante mundo de la rumba columbia y del guaguancó matancero.

Como hecho relevante en la infancia de quien más adelante sería el formidable compositor de 1,200 canciones, cabe señalar que se llevaba muy bien con sus hermanos menores Estela, Quiqui y Raúl, quienes fueron sus lazarillos, secretarios, amanuenses y protectores a lo largo de la vida y le ayudaron a consolidar su vocación de compositor transcribiendo en papel, desde que Arsenio tenía 15 años, todas sus canciones. Fue una constante en las vidas de los hermanos del Mago del Tres. Aún al final de su periplo vital, en 1970 estando en Los Ángeles, Raúl continuaba pasando a papel las letras de las tonadas que a Arsenio le iban surgiendo ya en el ocaso de su vida.

Su condición de analfabeto y ciego no lo limitó para que emprendiera una formación musical autodidacta. Durante la infancia en Güines y la adolescencia en Marianao, se hacía leer emotivos pasajes de las novelas románticas, preguntaba por los hechos históricos antiguos y pedía que le leyeran a los poetas españoles y cubanos más en boga. También fue aficionado a la historia de su país y conocía los episodios determinantes de las guerras de independencia que llevaron a Cuba a establecerse como república. Una de sus preferencias fue escuchar la radio para permanecer enterado de todo lo que sucedía en la actualidad y se hacía acompañar de sus hermanos para ir al cine, ocasiones en las que solía identificarse con los dramas de amor y las batallas épicas.

Como si lo anterior fuera poco, el excepcional tresista cultivó desde joven la afición por los discos para mantenerse al día con lo que estaba pasando en la música cubana. Entre sus artistas favoritos estuvieron María Teresa Vera, Manuel Corona, Ignacio Piñeiro, Ernesto Lecuona y Moisés Simons. Con el paso de los años, Arsenio incluyó algunas de las composiciones de estos grandes maestros en sus grabaciones para la RCA Victor y otros sellos discográficos norteamericanos. ¿Cómo gravitaron esos vastos conocimientos de la música popular cubana en su propia obra musical? Es algo difícil de explicar, pero podemos decir que Arsenio Rodríguez fue una figura de síntesis de todo lo bueno que había en el pentagrama de su tiempo, incluyendo su amplio dominio del repertorio de los sextetos y septetos de sones, las orquestas típicas danzoneras, las charangas de los años 30 y 40, la tradición trovadoresca, el punto guajiro, la música congolesa, las bandas sonoras de las películas y el bolero, del que fue un eximio cultor.

Arsenio también manifestó su preferencia por la rumba matancera y habanera llegando a conocerla de cerca, y recurrió al repertorio folklórico rumbero (en especial guaguancós y columbias) para algunos de sus proyectos discográficos grabados en Nueva York. En el mundo de la rumba habanera su preferido fue Gonzalo Asencio Hernández apodado Tío Tom a quien le birló funambulescamente la célebre composición Consuélate como yo y le cambió el nombre trocándolo por Confórmate para hacer una grabación instrumental en Nueva York en 1955 cuando todavía trabajaba para la RCA Victor.

Yendo todavía más lejos y siguiendo los pasos de Ignacio Piñeiro, quien lo había precedido en ese esfuerzo (tomando el mismo camino que habían abierto el Sexteto Habanero, María Teresa Vera y Chano Pozo), el Ciego Maravilloso incorporó elementos esenciales del guaguancó folklórico en el son, particularmente representados en el toque de la tumbadora, expuestos en las tres primeras secciones de la estructura de sus arreglos (diana, canto y montuno) derivadas del complejo de la rumba, que sumó a las tres últimas secciones (solo, cierre y diablo) surgidas de su propia inventiva, creando un estilo del son montuno que él mismo definió como guaguancó. La sección de diablo, presente en la estructura de seis secciones del son montuno forjado por Arsenio, posteriormente fue denominada sección de mambo. Las células rítmicas de esta última sección han sido consideradas por los especialistas como elemento medular del mambo, género musical popularizado a partir de 1947 por Dámaso Pérez Prado, quien lo llevó a México y seguidamente a los escenarios del mundo.

La niñez de Arsenio parece haber estado signada por el descuido a que fue sometido por sus padres, ocupados en las labores del campo, viéndose enfrentado a depender de sus hermanos Julio y Yeyo para obtener el sustento. Esto marcaría su carácter haciéndolo un niño retraído e indócil, poco sociable y algo solitario. Un descuido mayor ocurrido probablemente hacia 1918, a la edad de seis años, le trajo como consecuencia una grave afección en los ojos no controlada oportunamente la cual le echó a perder el nervio óptico estropeándole la visión de un ojo y luego del otro, conduciéndolo finalmente a la ceguera total durante la edad escolar e impidiéndole cursar la enseñanza primaria. Se ha dicho extraoficialmente (en Cuba no se conserva en los archivos la ficha de salud con el historial de Arsenio Rodríguez) que el origen de su ceguera fue una retinitis pigmentosa no diagnosticada a tiempo.

En la epidemiología de la época (válida aún en el presente) ha quedado establecido que la retinitis pigmentosa es una enfermedad de origen genético que generalmente se manifiesta en la infancia (algunas veces en la adolescencia) y afecta aproximadamente a una de cada cuatro mil personas (cifra que varía según el país). Pese a que los primeros síntomas se presentan en la niñez, sus efectos devastadores sobre la visión en verdad ocurren en la edad adulta (generalmente hacia los cuarenta años) degenerando la estructura del ojo sensible a la luz. La disminución de la visión es lenta, pero progresiva y bilateral (es decir, afecta simultáneamente a los dos ojos), y la pérdida de agudeza visual es más frecuente en la visión nocturna periférica antes de afectar el campo de visión central. No hay una opinión unificada entre los especialistas frente a los efectos de la retinitis pigmentosa, ya que algunos aluden que, pese a su gravedad, la ceguera completa es poco común por esta causa. Hasta el presente, es una enfermedad incurable. De otra parte, dicho padecimiento degenera la retina y muy ocasionalmente lastima el nervio óptico. Sin embargo, la retinitis pigmentosa es la primera causa de ceguera de origen genético en la población adulta.

Según el diagnóstico del médico logroñés Ramón Castroviejo Briones, profesor en la prestigiosa Universidad de Columbia, quien examinó a Arsenio en Nueva York en junio de 1947, él no tenía afectada la retina sino el nervio óptico. Castroviejo era un reconocido especialista en trasplantes de córnea y le manifestó a Arsenio "que su ceguera era irreversible porque para hacerle un trasplante de córnea requería que el nervio óptico estuviera en buen estado". La noticia sumió al Ciego Maravilloso en una profunda tristeza y depresión y según testimonios de la época, lo llevó a componer el famoso bolero La vida es un sueño, escrito en el apartamento de su amiga Mariana Bobe, residente en el Bronx, donde el músico estaba alojado junto a su hermano Raúl y a su primo Domingo Scull..

Muchos años antes de que el formidable compositor recibiera el dictamen del doctor Castroviejo, circulaba el mito urbano (vigente aún hoy en día) de que Arsenio Rodríguez había perdido la vista como consecuencia de la contusión que sufriera al recibir la coz de una mula estando en la localidad de Güines. Esta leyenda, sin embargo, puede ser desmentida si tenemos en cuenta las decenas de testimonios de personas que conocieron al Profeta de la Música Afrocubana, quienes han manifestado reiteradamente que el artista matancero no tenía cicatrices en la frente y a simple vista no se le observaba ninguna hendidura o deformación craneana, situación además comprobable al apreciar con detenimiento sus numerosas fotografías, sin dejar de lado que una contusión craneana tan severa como la causada por la coz de una mula hubiese podido causarle la muerte inmediata por tratarse de un menor.

El hecho de que ya desde la infancia -en la edad escolar probablemente- de acuerdo con los testimonios más verosímiles conocidos hasta ahora Arsenio estuviera ciego, le resta credibilidad a las versiones que le atribuyen el origen de su ceguera a la retinitis pigmentosa, y acredita las versiones que afirman que su afección fue la consecuencia de una atrofia del nervio óptico acentuada por las precarias condiciones de la salubridad pública en las localidades de Güira de Macurijes y Güines. Su hermano Raúl, quien nació en 1920, mencionaba en una entrevista que, siendo muy niño, toda la familia Travieso Scull se había trasladado a Marianao debido a que un huracán destruyó la localidad de Güines en 1926. Raúl ya tenía uso de razón y recordaba que Arsenio por aquel entonces se encontraba batallando con la guitarra y el tres y estaba completamente ciego.

Si nos atenemos a la fecha de nacimiento de Arsenio (1911), en esa época el Mago del Tres tenía quince años de edad. Por aquel entonces era ampliamente conocido como un joven tresero invidente venido de Güines a quien consideraban un fenómeno tocando el instrumento. Al parecer, desde aquella lejana época ya tenía la reputación de genio del tres y la gente se refería a él como el Ciego Extraordinario y el Ciego Prodigioso, calificativos con los que fue identificado durante toda la etapa temprana de su carrera en Güines y Marianao en los años 20 y 30, antes de dar el salto a La Habana y crear su propio conjunto en 1940; etapa en la que comenzaron a denominarlo el Ciego Maravilloso, sobrenombre que finalmente impusiera el locutor Manolo Ortega de la emisora Mil Diez en 1946.

Previamente a la conformación de su primer conjunto, Arsenio había actuado como tresero con el Sexteto Boston y tras disolver la agrupación, por considerarla un completo fracaso, se incorporó al Septeto Bellamar. Con esta última formación, dirigida por José Interián, reconocido trompetista del Septeto Habanero, el Ciego Maravilloso se presentaba durante la segunda mitad de la década del 30 en la academia de baile Sport Antillano, en Zanja y Belascoaín, Centro Habana, en la confluencia de los barrios de Cayo Hueso y Pueblo Nuevo, dos puntos focales de gran importancia en el desarrollo de la rumba habanera.

Una torva disputa por la dirección del septeto originada en la discusión sobre los derroteros musicales que el grupo debería recorrer para situarse a la vanguardia de la música popular de su tiempo, en la que Interián quedaba en segundo plano ante el enorme protagonismo que había adquirido Arsenio como líder del grupo, trajo como resultado la expulsión del tresista a quien Interián defenestró sin miramientos cegado por la ira. Frente a la situación planteada, y acicateado por la artera patraña de Interián, decidido a predisponer a los músicos del Septeto Bellamar en su contra, el Mago del Tres constituyó una nueva agrupación en 1940 denominándola Conjunto de Arsenio Rodríguez. Este sería el comienzo de la etapa más decisiva y renovadora del son en Cuba.

A partir de sus frecuentes incursiones radiales, de sus centenares de composiciones y de sus numerosas grabaciones discográficas la fama del Ciego Maravilloso se extendió a lo largo y ancho de Cuba y posteriormente del mundo entero. Alguien dijo que Arsenio Rodríguez puso el tres en el mapa del mundo, y no le falta razón. Una cosa fue este instrumento antes de Arsenio y otra muy diferente después.

El presente libro es el segundo de La Trilogía de Arsenio Rodríguez. Los amables lectores encontrarán en él aspectos sorprendentes y en verdad poco conocidos de la vida y obra de uno de los músicos más influyentes de todos los tiempos. El primer libro de esta saga, Arsenio Rodríguez el Profeta de la Música Afrocubana, fue publicado en Estados Unidos en agosto de 2015 por Unos &  Otros Ediciones de Miami, al cuidado de mi editor Armando Nuviola Viamonte. Y el tercero, Arsenio Rodríguez el Corsario Negro de la Chambelona, que terminará de arrojar luz sobre la personalidad de Arsenio y sobre la grandeza y vigencia de su legado, se encuentra en proceso de edición.

Jairo Grijalba Ruiz*
Cubaencuentro, 14 de julio de 2017.

*Antropólogo y escritor colombiano. Desde 1978 ha estado dedicado a la radio, como director y presentador de varios espacios musicales especializados en jazz, blues y música latina. Entre sus obras se encuentra el libro Edy Martínez el hombre del piano (2009) y Benny Moré Sin Fronteras (2013), del cual es coautor. El libro Arsenio Rodríguez, El Ciego Maravilloso se puede adquirir en Amazon.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Arsenio Rodríguez, el ciego maravilloso (I)



La obra de Arsenio Rodríguez ha inspirado durante varias décadas a melómanos, bailadores y músicos de todas partes del mundo. Su influencia, aunque enorme y persistente en la música popular de la actualidad, no ha sido suficientemente reconocida. Centenares de sus sones, guaguancós y boleros circulan aún de mano en mano entre los coleccionistas de los cinco continentes, pero también con frecuencia reaparecen nuevamente versionados por orquestas y cantantes de última hora, como si no quisieran pasar de moda.

Las claves del son y del guaguancó así como también la estructura del conjunto que Arsenio consolidó en la década de 1940 en Cuba se expandieron por toda Latinoamérica en un explosivo reguero de sabrosura a través de las orquestas de salsa de los años 60 y 70 que relanzaron sus pimentosos montunos mediante una escalada de sandunga sin precedentes en la historia de la música latina, convirtiendo al Brujo de Macurijes en la figura central del nacimiento de la salsa como la expresión más viva y tangible del nuevo barroco latinoamericano.

Los salseros originales, surgidos en las barriadas latinas de Nueva York, en el Bronx y en el Spanish Harlem, aupados por las florecientes industrias del disco y del espectáculo, no solamente retomaron de Arsenio Rodríguez los hallazgos más evidentes de su ritmo y de su estilo (además del formato orquestal del conjunto, devenido en orquesta estándar de salsa) sino que echaron mano de sus composiciones, utilizando al menos dos centenares de ellas para darle contenido a las grabaciones de salsa, un nuevo género musical que para entonces (hablamos de la década de 1960), salvo contadas excepciones, carecía de repertorio propio.

Sobre la verdadera importancia de este músico magistral, hasta no hace muchos años se sabía poco, pero de su vida no conocíamos prácticamente nada, a no ser las anécdotas (unas verdaderas y otras falsas) que han circulado de generación en generación hasta convertir a Arsenio en un personaje mítico y legendario.

En Cuba, su país natal, Arsenio es prácticamente desconocido para las actuales generaciones, y solamente a comienzos de los años 90, mucho tiempo después de su muerte, se escribió un libro en el cual sus autores, Alina Méndez Bravet y Jorge Ignacio Pérez González, dos estudiantes de la escuela de periodismo de la Universidad de La Habana, buscaron consignar para la posteridad la importancia de su legado y el valor de su obra. Sin embargo, el libro Arsenio Rodríguez, del mito a las sombras, escrito en 1991, nunca fue publicado. Sin contar que su música permaneció en el olvido por decisión gubernamental.

En el resto del continente conocemos ampliamente la música de Arsenio Rodríguez, la hemos bailado y degustado a lo largo de los años, pero del hombre, del creador de temas como El reloj de Pastora, Hachero pa’ un palo, Me boté de guaño, Sáquele brillo al piso Teresa, No me llores más, Se va el caramelero, El divorcio, Mulence, Yo soy el terror y La yuca o Dile a Catalina que te compre un guayo, entre otras muchas canciones, no teníamos ninguna certeza, que no fueran los borrosos y superficiales retratos que nos hicieron los productores discográficos para rellenar las contra-carátulas de sus elepés, plagados de imprecisiones y lugares comunes.

En este libro, intencionalmente titulado El Ciego Maravilloso, cuento aspectos de las grabaciones de Arsenio Rodríguez realizadas en Nueva York y en La Habana en las décadas de 1950 y 1960, hablo del contexto en el que surgió su obra y de las circunstancias en las que esta fue hecha, explicando las razones de su poderosa influencia en la música popular bailable de la segunda mitad del siglo XX. Pero también me ocupo de contarle al mundo quién fue Arsenio Rodríguez, el hombre escondido detrás del mito y de la leyenda, en un esfuerzo por develar los aspectos determinantes de su personalidad, las grandes corrientes del pensamiento social que motivaron su gesta creativa y las pequeñas y sutiles situaciones humanas que alimentaron su vocación como compositor y artista.

Arsenio Rodríguez, pese a su ceguera, era presumido y cuidaba su apariencia física y su proyección escénica con esmero, se hacía cortar el pelo con regularidad (en La Habana con Joseíto el mago del cabello y en Nueva York con Luis Cora, conocido peluquero boricua del Bronx que el Brujo de Macurijes inmortalizó en un son montuno). También se arreglaba las uñas, aprovechando la ocasión para enamorar a la manicure, dada la cercanía corporal de su oficio. Le tomaba la mano y le hablaba bajito al oído. El genial músico cubano tuvo fama de mujeriego y en numerosas ocasiones, los líos de faldas afloraron en su música. De hecho, al menos treinta de sus composiciones llevan nombre de mujer, las letras son anecdóticas, casi todas autobiográficas y en ellas desgrana con un lenguaje desenfadado y picaresco los pormenores de sus amoríos.

Volviendo a la apariencia física y al modo de ser de Arsenio. Era de mediana estatura y regordete, rozando la obesidad, de fuerte vozarrón y genio volado. Hombre de pocos amigos, su trato era árido y distante. Pese a su dilatada carrera musical y a su enorme popularidad, fue bastante hostil con los medios de comunicación y en medio siglo de ajetreo con el público, concedió solamente cuatro entrevistas. Atildado en el vestir, iba casi siempre de traje y corbata, zapatos Florsheim, negros bien lustrados y un ostentoso anillo de oro y diamantes en el dedo anular de la mano izquierda, que a donde iba le daba la apariencia de un hombre adinerado.

En algunas ocasiones (por razones del oficio) se presentaba de blanco hasta los pies vestido, luciendo el traje inmaculado de lino, camisa y corbata del mismo color y zapatos de dos tonos (negro con blanco) a la usanza cubana, tal y como puede observarse en las fotografías que testimonian su retorno triunfal a La Habana en 1956 luego de haber permanecido durante más de un lustro viviendo en Nueva York.

El trompetista Agustín Caraballoso, quien era músico de su conjunto y uno de sus más cercanos amigos en el Bronx, dijo al referirse a Arsenio: «Fue el negro más bien presentado y presumido que yo me he echado a la cara».

Raúl Manuel Travieso Scull (su hermano menor) trabajaba como bongosero de la agrupación del Ciego Maravilloso en Nueva York y a lo largo de un buen tiempo jugó igualmente los papeles de guardaespaldas, secretario, chofer y camarero del Mago del Tres. Contaba Raúl que Arsenio solicitaba varios trajes al momento de vestirse. Su hermano se dirigía hasta el ropero para escogerle el más vistoso, pero Arsenio le pedía que le trajera unos cuantos y se vestía frente a un enorme espejo con marco de caoba que tenía en la alcoba. Lucía los trajes uno tras otro hasta elegir el mejor, plantándose frente al espejo sin poder verse, pero siguiendo detalladamente las descripciones que Quiqui (su lazarillo) y Raúl le daban. Las indicaciones de sus hermanos le servían para formarse su propio criterio. Después él mismo a tientas (a veces con la ayuda de Emma su mujer) se anudaba la corbata Ferragamo que solía escoger con el tacto, acariciando con la yema de los dedos toscos, hinchados y callosos la suave textura de la seda. Le gustaban las corbatas italianas, las lociones caras y los trajes bien cortados, muchos de ellos hechos por su sastre de cabecera, Kiko Medina, cuyo nombre dejó escrito para la posteridad en una de sus últimas grabaciones.

La compostura que se imponía a sí mismo en el vestuario se las exigía a sus músicos a los que revisaba personalmente antes de salir al escenario para cerciorarse que llevaran el cabello bien recortado y la barba rasurada. Era puntilloso y hasta tirano en la dirección de su agrupación musical, requiriendo cumplimiento y puntualidad en el horario de los ensayos y de las presentaciones, y echó del conjunto a unos cuantos músicos y cantantes por impuntuales y borrachones.

Lo de los trajes y los zapatos lo ironizaba permanentemente, tanto en privado como en público, incluso dejó plasmado su punto de vista jocoso y satírico en la guaracha Me estoy comiendo un cable, una composición autobiográfica escrita en la Gran Manzana en 1955 en la que describe sus propias circunstancias existenciales aprovechando la ocasión para criticar a los cubanos que llegaban a la metrópoli estadounidense argumentado que estaban con una mano atrás y la otra adelante (como se dice coloquialmente) para aprovecharse de su generosidad y cogerle dinero.

Era sumamente medido, cuidadoso y hasta tacaño con el dinero, solía remunerar irrisoriamente a sus músicos, aunque también tuvo mala fama por cobrar muy poco por su trabajo y hay quienes dicen que no se sabía vender. No obstante que el conjunto regentado por el Mago del Tres fue popular tanto en La Habana como en Nueva York, Hoboken, San Juan, Willemstad, Chicago, Miami, San Francisco, Pasadena, Oakland y Los Ángeles, Arsenio cobraba tarifas realmente bajas por su espectáculo y les pagaba a sus músicos salarios ínfimos por sus servicios, situación que le generó toda suerte de inconvenientes con los integrantes de la agrupación, no solamente en la etapa habanera sino durante el desarrollo de la segunda parte de su carrera en los Estados Unidos. En 1964 Alfredito Valdés Junior, su pianista por cinco años en Nueva York, lo dejó porque cada toque con el conjunto de Arsenio no representaba más de diez o quince dólares por noche y con ese dinero no podía sostenerse en una ciudad cara.

En La Habana, a finales de 1943, Pepesito Reyes Núñez, el pianista que contrató para sustituir al insustituible Ezequiel Lino Frías Gómez, lo abandonó antes de cumplir un año de trabajo porque le pagaba un peso (máximo dos pesos) por cada actuación. También Adolfo O’ Reilly se fue de la agrupación, tras sustituir a Pepesito durante algunos meses, por similares razones. Después de Adolfito otros grandes del pentagrama ocuparon la silla del piano, entre ellos, René Alejandro Hernández Junco, quien no duró mucho al lado de Arsenio puesto que fue contratado para trabajar en Nueva York con la orquesta de Machito, y Rubén González, quien se fue del grupo para emprender una gira por América latina con el conjunto Estrellas Negras en asocio con el bajista Nilo Alfonso y el trompetista Benitín Bustillo. Esta desbandada ocurrida en 1946 a la postre le vendría bien al Mago del Tres debido a que lo obligó a hacerse con los servicios del legendario pianista y arreglista guantanamero Lilí Martínez, quien interactuó con el profeta de la música afrocubana durante seis años.

En el decenio de 1940 a 1950 el dinero corría a chorros por las manos de Arsenio gracias al enorme éxito que alcanzó su música en La Habana. Trataba de no dejarse estafar por los empresarios y no permitía que sus músicos lo timaran, distinguiendo al tacto y con un olfato único, la diferencia entre un billete de un peso y uno de dos pesos, los cuales conocía por su textura. Algo parecido le ocurriría después de 1950 en Estados Unidos, cuando fijó su residencia en Nueva York. Podía determinar sin equivocarse si tenía en la mano un billete de un dólar, de cinco o de diez dólares y en más de una ocasión, gracias a la sagacidad y el olfato, evitó que sus propios músicos le tumbaran.

Con la orientación parece no haber tenido problemas. En Güines, en Marianao y en La Habana reconocía las calles por su olor particular (obviamente también por su bullicio) y las casas por su cercanía o lejanía de la esquina más próxima, caminando sin bastón, acompañado por Quiqui, su lazarillo. En el antiguo municipio de Marianao, donde pasó su juventud, el compositor matancero vivió en los barrios de Arroyo Arenas, La Serafina, Pogolotti y Reparto de Hornos, en casas de inquilinato, en precarias condiciones materiales, como casi todas las viviendas habitadas por la clase obrera, pero en las que primaba la rica herencia cultural procedente del Congo. Cuando recorría las calles habaneras en plan de dejar pasar el tiempo, confraternizando con los amigos para tomarse un café, usaba las gafas de sol con las que aparece en las fotografías. En Nueva York se orientaba con facilidad, incluso en algunas ocasiones se vio obligado a convertirse en lazarillo de Quiqui su propio lazarillo quien habitualmente se perdía en la selva de cemento y no sabía cómo regresar a casa y Arsenio lo sacaba del atolladero.

La Habana en los años 40 había barberías frecuentadas por negros y mulatos, me contaba Orlando Collazo, quien fue el cantante de la charanga de Neno González. La enorme clientela en estas barberías, según Orlando, no se movía de los locales entre las cuatro y media y las seis de la tarde para escuchar por Radio Salas el espectáculo de Los Tres Grandes, sintonizado por todos los receptores de radio de la ciudad. El show, presentado en directo desde la emisora, actuaban diariamente la orquesta Melodías del 40 dirigida por Regino Frontela Fraga, desde las cuatro y media hasta las cinco; Arsenio Rodríguez y su Conjunto Todos Estrellas, desde las cinco hasta las cinco y media, y la orquesta de Arcaño y sus Maravillas, desde las cinco y media hasta las seis.

Estando en Nueva York, y siendo ya la figura que fue, el Profeta de la Música Afrocubana no desperdiciaba oportunidad para hacer vida social. Cuando no trabajaba, iba a los clubs del Bronx, Harlem y el centro de Manhattan para almorzar o tomar un cortadito. El Liborio y La Barraca eran dos de sus sitios preferidos. Departiendo con sus amigos y con las mujeres del mundo de la farándula se tomaba dos copas de Martini seco en cuya preparación el cantinero empleaba un trago de ginebra con un chorro de vermú y una aceituna cruzada. Arsenio no tuvo fama de bebedor, pero su ex esposa Emma Lucía Martínez decía que "era de muy buen comer", y aunque prefería la comida casera, en especial la boricua, dominicana y cubana, a veces se aparecía en buena compañía por los mejores restaurantes de la ciudad trajeado de bon vivant para probar la comida internacional de la cual fue un gran aficionado, en especial de la pastelería francesa.

Otra de sus actividades recreativas favoritas era presenciar el espectáculo de las orquestas de baile en los centros nocturnos de La Habana y Nueva York. En Cuba su cantante predilecto fue siempre Miguelito Valdés, quien le estrenara Bruca maniguá y en Nueva York el bolerista puertorriqueño Joe Valle. La orquesta de su preferencia en Cuba fue la de Arcaño y en Nueva York la de Tito Rodríguez, de quien fue buen amigo. Aprovechaba sus incursiones en la vida nocturna para escuchar a los mejores cantantes y a los músicos más versátiles sumándolos a su conjunto. Después de incorporados al redil se pasaba con ellos días enteros ensayando, componiendo el nuevo repertorio y preparando al alimón presentaciones y grabaciones.

En Nueva York (con la ayuda del pianista borincano Ray Dávila, quien transcribía los arreglos que él le dictaba) escribió unas cuantas composiciones tomando como punto de referencia la extensión y la tesitura de la voz de algunos de sus cantantes de cabecera como Cándido Antommattei, Guillermo Capó, Güito Kortright, Juan Olano, Israel Berríos, Domingo Scull, Anita Delgado, Marcelino Guerra, Frank Souffront, Manolo el Bombero, Sarah Martínez Baró, Chegüi Rivera, Rosalía Montalvo, Miguel Matamoros Junior, Pedrito Caballero, Raffy Martínez y Santiago Cerón. Arsenio Rodríguez vivía por y para la música. Fue su razón de ser a lo largo de la existencia.

Junto a sus hermanos menores Quiqui y Raúl, Arsenio vivió principalmente en el Bronx, al que le dedicó una canción. En dicho condado tuvieron el restaurante El Dorado, especializado en comida típica cubana, gerenciado por Raúl. El establecimiento estaba situado en la Avenida Intervale. El famoso músico vivió con su esposa Emma en distintos lugares del Bronx, al igual que sus hermanos con sus respectivas familias, pero también vivió en el Spanish Harlem y ocasionalmente en el centro de Manhattan, en el 23 west de la Calle 65, en un edificio donde ocurrió el conato de incendio que el Ciego Maravilloso narró para la posteridad en la letra del guaguancó Hay fuego en el 23.

En el apartamento de Harlem solía dar fiestas de santo, con orquestas y comida típica cubana, recibiendo a selectos invitados del cotarro musical latino, tal y como lo han testimoniado sus cercanos amigos, el puertorriqueño Israel Berrios Castro y el cubano Marcelino Guerra Abreu, más conocido por Rapindey.

Jairo Grijalba Ruiz*
Cubaencuentro, 14 de julio de 2017.

*Antropólogo y escritor colombiano. Desde 1978 ha estado dedicado a la radio, como director y presentador de varios espacios musicales especializados en jazz, blues y música latina. Entre sus obras se encuentra el libro Edy Martínez el hombre del piano (2009) y Benny Moré Sin Fronteras (2013), del cual es coautor. El libro Arsenio Rodríguez, El Ciego Maravilloso se puede adquirir en Amazon.


jueves, 7 de septiembre de 2017

Isaura Mendoza, una actriz sin pelos en la lengua (II y final)



Le recuerdo el triste incidente que ocurrió en 1980, en el Festival de Teatro de La Habana, cuando ella participó en cinco obras: Andoba, Valentín y Valentina, La panadería, El carrillón del Kremlin y Calixta Comité. Pese a que todos lo daban por seguro, Isaura Mendoza fue ignorada en los premios.

“No me dieron ni una mención. Esa noche, cuando salí del teatro me dije: Me voy de este país. Esto no sirve para nada. En eso ocurrió que este hijo mío con el que vivo trató de salir clandestino, lo agarraron en alta mar y me lo metieron en la cárcel. Pasé una, que no me quiero ni acordar. Un día Lilliam Llerena, que iba a empezar a dirigir una obra en la que yo haría un personaje, mandó a que el fotógrafo me tomara unas fotos y que cuando terminara, la fuera a ver porque necesitaba hablar conmigo. Nada más llegar me preguntó: Isaura, ¿tú te vas del país? No, le respondí. Resulta que del grupo habían ido a mi CDR y allí le habían dicho que yo había firmado un poder a mi hijo para que saliera, durante el éxodo por el Mariel en 1980. Como recordarás, cuando aquello Fidel mandó a todos los presos para acá, para Miami. A mi hijo lo sacaron de la cárcel y me lo metieron en un barco. Como él era menor, yo tuve que firmar el poder para que saliera, porque si no, le echaban cuatro años más.

“En lugar de llamarme y haberme preguntado: Isaura, ¿qué está pasando? esas personas se dedicaron a chismear sobre mí en el grupo. Entonces íbamos a salir de vacaciones y antes iba a haber una asamblea. Ah, olvidé decirte que el día que hablé con Lilliam tuvimos una discusión. Le dije: Para mí, mis hijos están por encima de todo. Y si ese que se fue me necesita y me llama, me voy. Pues eso lo voy a decir en la asamblea, me amenazó ella.

“El día antes de la asamblea, tuve un ensayo con Luis Alberto García. Hice mi ensayo sin problemas, pues me sabía bien la letra. Pero empecé a sentirme mal. Me voy para la casa, en eso llegó mi hijo y le pedí que me llevara al hospital Fajardo. Era tarde, como las doce de la noche. Cuando llegué al Fajardo, me tomaron la presión y se armó un corre-corre, pues la tenía en 120 con 130. Como había trabajado tanto con las cinco obras con que fui al Festival de Teatro de La Habana en 1980, tuve una isquemia coronaria y no le di importancia. El médico que me vio me dio tres días de descanso. Pero las cosas cuando van a pasar… ¿Sabes tú lo que pasó? Que se me olvidó ponerle el cuño al certificado.

“Al otro día todavía me sentía mal. Le pedí a mi hijo que fuera al grupo, explicara que yo tenía tres días de reposo y que no podía ir a la asamblea. Todo esto sin tener la menor idea de lo que estaba pasando. Cuando mi hijo entregó ese certificado sin cuño, ¿qué dijeron? En lugar de haber ido al Fajardo y de haber averiguado, dijeron que yo lo había falsificado. Después supe todo lo que dijeron sobre mí en la asamblea. Como no tenían qué decir, sacaron boberías, que en otra asamblea yo no había aplaudido y cosas así. Una vestuarista, que aparte de ser la que me vestía, era amiga mía, ese día se excusó que se sentía mal y no fue. Me llamó por teléfono y me contó: 'Isaura, firmaron un documento diciendo que se negaban a trabajar contigo por tus problemas políticos. La única que no firmó fui yo. ¿Y qué vas a hacer tú en un grupo de teatro donde nadie quiere trabajar contigo? Te tienes que ir, porque no vas a trabajar haciendo monólogos nada más'. En definitiva me hicieron un favor.

“Eso fue un sábado. El lunes el jefe de personal fue a mi casa. Me dijo que habían ido al Fajardo y que, efectivamente, allí me habían atendido. Me preguntó si no me gustaría irme para el grupo de Tito Junco, el Teatro de Arte Popular. Tito Junco me había pedido prestada para que hiciera Calixta Comité. A mí no me interesa irme para ningún otro grupo, le contesté. Quiero seguir en el que estoy. Pero como allí no me quieren, me quedaré en mi casa. La renuncia fue por traidora a la patria, así decía el papel. Tras eso, nunca me topé con nadie del grupo en la calle. Al que sí me encontré fue a Samuel Claxton. Viniendo yo por Línea a coger L, venía él por L para doblar en Línea. Cuando me vio, viró la cara para no saludarme. A mí aquello me dolió mucho. Lo hubiera esperado de cualquiera, pero no de él, porque éramos muy amigos. A Elvira Enríquez me la encontré años después aquí en Miami, en un casting en el Teatro Bellas Artes. Tenía ganas de abofetearla, porque fue una de las que más basura habló de mí. Le dije: 'Ven acá, Elvira, ¿por qué tuviste que decir todas esas cosas en contra mía?' Ella trató de justificarse: 'No, Isaura, las cosas no fueron como te han contado'.

“Mi hijo mayor estaba en Estados Unidos desde 1968, y me reclamó. Eso fue a finales del 80 y hasta el 83 no pude salir. Conocía Estados Unidos, había vivido aquí antes y sabía que iba a ser muy difícil trabajar como actriz. Al llegar, no vine para Miami, sino que fui a Houston. Y en Houston no había nada en lo que yo pudiera trabajar. Hay algo que no conté y es que en el Teatro Político Bertolt Brecht se empezó a ensayar una versión de Hamlet. Mario Balmaseda era el protagonista y yo iba a hacer la madre. Pues después de haberse montado y de estar la escenografía y el vestuario ya terminados, el que era en ese momento director de Teatro y Danza decidió que la obra no se podía estrenar. Vio un ensayo y dijo: No, esta obra no se puede estrenar. Si no se ha puesto el original de Shakespeare, no puede presentarse una versión.

"Pero hay un dicho que dice que lo que está para ti no hay quien te lo quite. Estoy yo en Houston y un día una amiga peruana con la que aún sigo en contacto, oyó por radio que buscaban actores para una obra. Me llamó enseguida para avisarme. Mi hijo estaba conmigo y me llevó al casting. Entonces yo tenía todas mis fotos en un scrapbook y lo llevé. Cuando el director vio las fotos, me dijo: Usted no tiene que hacer casting. Usted va a ser la mamá de Hamlet. Iba a montar Hamlet en una versión azteca. Yo quisiera que tú hubieras visto aquello. Salía caracterizada de india y con los pies descalzos. ¿Qué te parece? En Houston trabajé en esa obra y después en un par de grabaciones. Eso fue todo lo que pude hacer allí.

“En eso mi hijo vino para Miami y empezó a insistirme que viniera para acá. Y vine para Miami. Ya te conté que, gracias a la recomendación de Carlos Bermúdez, pude actuar en Filomena Marturano. He trabajado también con directores como Rolando Moreno y Alberto Sarraín. Volví a hacer Las impuras, que en Cuba había hecho con Dumé. Y en Recuerdos de Tulipa interpreté a la mujer barbuda. Con la Sociedad Pro-Arte Grateli hice Cecilia Valdés, Lola Cruz y María la O.

Le pregunto si ha actuado en otros medios, como el cine. “Actué en De cierta manera, donde hice la mamá de la protagonista. A Sarita Gómez la cargué cuando era pequeñita, porque su papá era hermano de Rolando Gómez, un novio que yo tuve cuando era muy joven. Había puesto voces a algunos documentales de Sarita, y cuando ella iba a dirigir De cierta manera me llamó para ofrecerme ese papel. Era una santera, y Sarita incorporó muchos elementos religiosos. Recuerdo que se construyó un altar precioso. Desde el punto de vista folclórico, hubiera sido muy bueno que todo aquello se conservara. En el ICAIC decidieron que esas escenas había que eliminarlas, a lo cual Sarita se opuso. Pero ella murió antes de terminar la película, y cuando se estrenó, esas escenas las habían cortado. También me dieron un pequeño papel en Lucía y trabajé en la adaptación de El robo del cochino. En el cine no tuve mucha suerte. En una ocasión, Titón me comentó: Isaura, contigo nunca voy a poder trabajar. Cuando necesito una negra, tú no me la das y cuando necesito una mulata, tampoco. Es verdad, porque yo no doy negra ni doy mulata. A mí me han dicho que más bien parezco mora”.

De los personajes que ha interpretado, ¿cuál recuerda con más cariño?

“Recuerdo mucho la loca de El rojo y el pardo, del búlgaro Iván Radoev. Esa obra la dirigió Mario Balmaseda, quien además actuaba. Cuando se distribuyeron los papeles no había ninguno para mí. Los dos femeninos importantes eran una joven y su madre, y a Orquídea Rivero le habían dado el de la madre. Como no iba a trabajar en la obra, no fui a la lectura. Pero alguien me comentó que El rojo y el pardo era una obra buena. Cogí entonces el libreto, lo leí y me gustó el personaje de la loca. La llamo así, pero en realidad no es loca. Hablé con Mario y le dije que me interesaba hacerla. Y él me dijo: Qué bueno, porque si yo fuera actriz, ése es el papel que habría escogido. Otro personaje que me gustó interpretar fue Calixta Comité".

Finalmente le pregunto qué está haciendo ahora. “Tengo una amiga que tira las barajas. Un día me las tiró y me dijo: ¿Tú crees que acabaste ya tu carrera? Pues no, te vas a morir haciendo lo que te gusta hacer. Tengo problemas en la tiroides. Eso me ha afectado las cuerdas vocales y ya no puedo cantar ni esforzar la voz. Entonces se me ocurrió que si no puedo cantar, voy a recitar. Porque cuando era jovencita, tuve una etapa en la que recitaba. Así que he vuelto a hacerlo y me ha salido bastante bien. En la clínica donde me atienden recito. Declamo el tango Uno. He montado Los zapaticos de rosa, y cada personaje lo hago con una voz distinta. Recito también El dulce milagro, de Juana de Ibarbourou. Es una manera de volver al teatro, por el cual algunas veces siento nostalgia”.

Carlos Espinosa Domínguez
Cubaencuentro, 14 de julio de 2017.
Foto: 1967. Público para entrar Teatro Mella, en Línea entre A y B, Vedado, para ver una de las funciones de María Antonia, obra teatral de Eugenio Hernández. Tomada de Cubaencuentro.


lunes, 4 de septiembre de 2017

Isaura Mendoza, una actriz sin pelos en la lengua (I)



Tras dos tentativas que por motivos diversos se frustraron, en la tercera se consumó por fin mi propósito de entrevistar a Isaura Mendoza. Un corto viaje mío a Miami, donde la actriz reside, brindó la ocasión idónea para que la visitara en el apartamento que comparte con uno de sus hijos.

Esa tarde, hizo un sucinto repaso de sus varias décadas de trayectoria en la escena. Por supuesto, quedaron muchos aspectos por recoger, por razones lógicas de tiempo. Pero la charla alcanzó para que ella evocara los momentos más sobresalientes de su extensa y destacada actividad. Cumpliendo la regla de primero lo primero, empecé preguntándole por sus inicios en el teatro.

Isaura inició su charla con una aclaración: “Bueno, antes del teatro estuvo la música. Desde muy joven y durante muchos años, lo que yo hice fue cantar. Debuté en 1945 cantando con la Orquesta Rumbavana, con la cual recorrí Sudamérica. Después te voy a enseñar las fotos que conservo de esos años”. En efecto, lo hizo y esos testimonios gráficos dan cuenta de sus presentaciones en esos países y de los artistas famosos con quienes compartió escenario.

Durante la plática, recuerda cuando actuó en Tropicana en una gran producción dirigida por Rodney. Cantó entonces con Celeste Mendoza y Omara Portuondo (“de jovencita, Omara y yo éramos buenas amigas”). Y cuenta: “Estando nosotras tres trabajando en Tropicana, una noche fue Tin Tan, que había ido a Cuba para filmar la película Tin Tan en La Habana. Tengo una foto de él de aquella noche, aunque no al lado suyo”. Años después, formó parte, junto con Nelia Núñez y Francis Nápoles, del Trío Antillano, que acompañaba a Luis Carbonell en sus shows y actuaciones.

“Cuando el triunfo de la revolución, les dieron algunos cabarets a los músicos. A Puchungo, el hermano de Joseíto Fernández, que tocaba el bajo y era vecino mío, le encomendaron la responsabilidad de un bar que había por los muelles. El lugar no era bueno, pero él me llevó para que cantara en el bar. Estuve nada más que dos o tres semanas, porque me hice un procedimiento en el pelo y se me cayó toda esta parte de aquí. Yo no tenía peluca ni nada, y para disimular me pasaba este pelo para acá y este otro para allá. Una mujer que trabajaba conmigo me comentó: Isaura, yo te veo una cosa tan extraña. Chica, le dije, es que me estoy quedando calva. Y decidí irme. Cuando se lo notifiqué, Puchungo me suplicó: Ay, Isaura, no te vayas. No, Puchungo, yo no puedo. Hice entonces una promesa: Virgen de la Caridad del Cobre, si el pelo me sale rápido, te prometo que no me lo voy a cortar en dos años. Me salió y a los dos años me lo corté, porque a mí siempre me ha gustado el pelo corto.

“Le cogí entonces odio al canto. Lo que quiero es actuar, pensé. Estando trabajando con el trío de Luis Carbonell, con el que estuve tres años, un día le dije a una compañera: Yo no quiero cantar más. ¿Tú sabes quién me podría dar clases de actuación? Me sugirió que hablara con Raquel Revuelta. Le pregunté si había que pagar, porque no tenía dinero. Me recomendó pedir una beca. Mi mamá tenía un tren de cantina (comida a domicilio) y vivía en el mismo edificio que Raquel y le sirvió comida cuando ella estuvo casada con su primer marido. En ese momento, Raquel estaba haciendo una novela en CMQ y le pedí a una amiga que la conocía, que hablara con ella y le pidiera una beca para mí. Esta amiga la fue a ver, habló con Raquel Revuelta y así fue como pude empezar a estudiar actuación en la Academia de Teatro Estudio.

“A los seis meses de estar estudiando Stanislavski, Roberto Blanco habló conmigo: Isaura, ¿tú te atreverías a hacer un personaje en la obra que voy a dirigir en Teatro Estudio? Bueno, si tú confías en mí, creo que sí. Y me dio un papel en La hora de estar ciegos, de Dora Alonso, que fue la primera obra que él dirigió. Trabajé después en La botija de la felicidad, también dirigida por Roberto. Esa obra la hice con siete meses de embarazo, pero después de dar a luz, dejé de actuar por un tiempo. Luego me llamaron para hacer Medea en el espejo, con Asenneh Rodríguez.

“A Herberto Dumé le habían dado la dirección del Grupo Guernica y cuando iba a montar El robo del cochino, pensó en mí. Al principio, a Abelardo Estorino no le pareció bien. Dijo que yo estaba muy vieja para el papel de Rosa. Claro, él me había visto haciendo una señora mayor, con un pañuelo en la cabeza. Entonces me citaron para ver si yo podía dar el personaje. Tenía treinta y pico de años y no estaba ni la mitad de gorda de lo que ahora estoy. Me arreglé y me puse bien cuqui. Ah, pero qué distinta te ves, me dijo Estorino. Claro, hijo, en aquella obra hacía el papel de una vieja y ahora estoy como soy yo.

“Hice la Rosa de El robo del cochino, que después se llevó al cine con Consuelito Vidal. Fue un desastre, porque la adaptación que hizo el director no tenía nada que ver con la obra. En el montaje de Dumé trabajaban Pedro Rentería, Magali Boix, que hacía la maestra, y Carlos Bermúdez, que hacía un papel buenísimo. Fue la primera vez que en el teatro en Cuba se dijo un coño. Lo dijo Bermúdez, que tenía una voz magnífica: 'Pues robé, ¡coño!, tuve que robar o me aplastaban. Si no, no había forma de salir de aquella mierda'. Él fue quien me recomendó cuando llegué a Miami. Habló con Eduardo Corbet, que iba a montar Filomena Marturano, pero en una versión adaptada a Cuba. Le habló de mí, le insistió que tenía que verme. Y cuando Corbet me vio, dijo: Ah, pero si ella es la actriz que tenía en mente”.

Al recordar las obras en las que actuó en esos años, Isaura olvida la comedia musical Las vacas gordas (1963), que volvió a reunir a Estorino y a Dumé. Sobre su labor en aquel montaje, Rine Leal escribió que la mejor escena y la que el público más aplaudió es aquella “donde Isaura Mendoza, bailando una rumba de rompe y raja, se lleva la pieza en un bolsillo”. Y ahora dejo que ella continúe rastreando en su memoria. “Después de El robo, ¿qué hiciste, Isaura? Ah, sí. En Guernica actué en Recuerdos de Tulipa y en Mulato, de Langston Hughes, un autor norteamericano. Trabajé también en El lindo ruiseñor, una obra infantil muy linda, y en Bodas de sangre, en el personaje de la suegra de la novia, que interpretaba Magali Boix.

“Cuando le quitaron el grupo a Dumé, fui para la bolsa de actores de Cultura. De allí me llamaron de Teatro Estudio para actuar en Contigo pan y cebolla. Me dieron la vecina, un papel muy bonito. Luego empecé a ensayar otra obra, pero en eso se celebró en el grupo una asamblea. Fue la época de la cacería de brujas contra los homosexuales y a Vicente Revuelta lo quitaron como director de Teatro Estudio. En esa asamblea acordaron como protesta no trabajar, o sea, hacer una huelga. Dije que no entraba en eso, porque tenía hijos y necesitaba darles de comer. A partir de ese día, nunca más me citaron para los ensayos.

“Pero con tan buena suerte que me llama Gilda Hernández, que había formado un grupo, Taller Dramático, y me lleva para allá. Volvió a montar El robo del cochino, donde actué, y también en Clotilde en su casa, donde hacía la protagonista. Yo doblaba con una muchacha, no recuerdo cómo se llamaba. Ella ensayaba primero y luego se iba. El director le decía: Fulana, ¿por qué no te quedas a ver lo que está haciendo Isaura? No, a mí no me interesa, contestaba. Hago el personaje como yo creo y bueno, me la llevé en aquella obra. Era joven y bonita, físicamente daba el personaje. Pero en actuación yo le gané.

“Después Roberto Blanco regresó de África, donde pasó un tiempo, y creó el grupo Ocuje. Se llevó a varios actores del Taller Dramático, como Hilda Oates y Omar Valdés. Le rompió el grupo a Gilda Hernández, que entonces se fue al Escambray. Yo me incorporé a Ocuje y allí trabajé en obras como El alboroto, Lumumba, Ocuje dice a Martí y Divinas palabras, donde hice, figúrate tú, a Rosa la Tatula. ¡Qué personaje! Me acuerdo que cuando se iba a empezar a montar Ocuje dice a Martí, estábamos sentados sobre una alfombra que se ponía en el piso y Roberto le fue dando textos a los actores. A mí no me dio ninguno. Ay, no me había dado cuenta, se justificó. ¡No se había dado cuenta de que yo estaba allí! Al final, me dio unos cuantos versos y nada más.

“Otra obra en la que participé fue María Antonia. Quería hacer la protagonista, estaba segura de que podía hacer una María Antonia muy buena. Pero Roberto le dio ese papel a Hilda Oates y a mí me dio el de la Madrina. Le dije: ¿Quieres que yo haga la Madrina? Pues voy a hacer una Madrina que no vas a olvidar. Entonces me puse a estudiar. En el escenario yo mayumbeaba. Los santeros que iban a ver la obra comentaban: Tiene Yemayá. Otros decían: No, tiene Obatalá. Yo no tenía nada. Lo que pasa es que fui donde una mujer que se hizo santo, pero que era científica. O sea, se hizo santo para estudiarlo científicamente. Ella me enseñó a mayumbear, porque eso tiene su ritmo y su cosa. Me metía en los bembés, porque quería hacer una Madrina muy buena.

“Un día, Eugenio Hernández me dijo: Isaura, está aquí un director francés muy famoso, vio María Antonia y le comentó a Roberto que hace no sé cuántos años que no veía una actriz como tú. Al cabo de muchos días, Roberto vino a decírmelo: Fulano de tal me comentó que tu actuación es muy buena. ¿Ah, sí?, le contesté. Cuando ya la obra estaba por estrenarse, Roberto me va a ver y me dice, Isaura, ¿tú no pudieras cambiar la voz? Porque cuando a la gente se le sube el santo, le cambia la voz. No, Roberto, si yo hago eso, no me va a salir ni eso ni lo que ya tengo. Tuve una experiencia parecida en Mulato y no la voy a repetir por ti. Voy a hacer la Madrina como la he hecho hasta ahora, con la voz mía. Y punto.

“¿Puedes creer que en María Antonia, Roberto no quería que yo luciera bonita? Se quejaba con las maquillistas de que me veía demasiado linda. Ellas le decían: Roberto, no podemos ponerla fea porque Isaura es bonita. Entonces, claro, no tenía tantos años como ahora. Siempre tuve muchos problemas con Roberto Blanco. Yo era la piedra en el zapato. Un día llegué a preguntarle: Ven acá, Roberto, ¿tú quieres que yo me vaya del grupo? Porque me voy. Es que tú eres tremenda, me dijo. Le contesté: Es que contigo hay que serlo, porque tú también eres tremendo.

“Salí de Ocuje y volví a la bolsa de actores otra vez. Me llama entonces un director -no me preguntes el nombre- para que trabajara en el Teatro Martí en Lo mejor del bufo, donde tenía una escena con Candita Quintana. Después de eso es cuando me llamaron del Teatro Político Bertolt Brecht, donde estuve unos cuantos años. Allí actué en muchas obras: Cañaveral, El rojo y el pardo, Valentín y Valentina, El carrillón del Kremlin, El premio, La panadería, Ernesto, El ingenioso criollo don Matías Pérez…

En una de las obras, Orquídea Rivero quería hacer mi personaje y fue a hablar a la oficina. Se quejó de que a mí me daban papeles en todas las obras y preguntó por qué yo trabajaba tanto. Es verdad que trabajaba mucho. Pero cuando vino la evaluación, fui la única actriz del grupo a la que le dieron A. A Lilliam Llerena se la dieron por otorgamiento, pero a mí por mi trabajo. Y tú no te puedes imaginar la envidia que eso provocaba”.

Carlos Espinosa Domínguez
Cubaencuentro, 14 de julio de 2017.
Foto: Isaura Mendoza (de pie) en Recuerdos de Tulipa, obra teatral de Manuel Reguera Saumell. Tomada de Cubaencuentro.

jueves, 31 de agosto de 2017

Una pluma alumbra Cuba



De las cuatro acepciones de la palabra tribu en el diccionario de la Real Academia Española, se ajustan al título del libro del periodista y escritor cubano Carlos Manuel Álvarez, La Tribu (Sexto Piso, 2017), seguro la segunda –“Grupo social primitivo de un mismo origen, real o supuesto, cuyos miembros suelen tener en común usos y costumbres”– y parece que la cuarta, acepción biológica: “Cada uno de los grupos taxonómicos en que se dividen muchas familias y que, a su vez, se subdividen en géneros”.

De acuerdo con esta acepción, el autor, nacido en Cárdenas el 25 de diciembre de 1989, día del fusilamiento en Rumanía del dictador Nicolae Ceaucescu, año del fusilamiento en La Habana del general de división Arnaldo Ochoa, pertenecería dentro de la tribu a un grupo que menciona en su obra: “Cuba tiene, además de todas las tipologías de emigrantes conocidos, una especie endémica, los emigrantes universitarios”.

A sus 27 años, Álvarez, radicado en la Ciudad de México, incluido en La lista Bogotá del Hay Festival que selecciona cada diez años 39 talentos literarios latinoamericanos menores de 40 años, reúne en La Tribu una serie de crónicas sobre su gente, que son tiernas y lacerantes, y sobre los jefes de su gente, que no son tiernas en absoluto: son -ejemplo- como cuando habla de las profesiones de su país “sometidas a una violenta castración de propósitos”, entre ellas la que él cursó durante cinco años en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, el periodismo, “al que, de haber sido medicina, se le habría pedido que dejase morir a los pacientes, o que llamara catarro al cáncer”.

El autor empezó su carrera en diarios oficiales de Cuba y ahora publica en medios de otros países y en El Estornudo, una revista online que en 2016 creó con otros periodistas de su generación. Los cronistas más prestigiosos elogian su talento literario y su mirada. Leila Guerriero ya lo considera “uno de los mejores periodistas del continente”, y en el prólogo del libro Martín Caparrós celebra a este “muchacho ambicioso” por su brillante relato de “un país mal escrito, tan reescrito, cribado de silencios” y dice de su lectura: “Frases frasean, fluyen, se deleitan. De vez en cuando me encuentro con una que me despierta envidia”.

Buen hijo de su tribu, Álvarez es fanático del béisbol. En un perfil sobre José Ariel Contreras, un pelotero que se fue de la isla para hacer carrera en Estados Unidos, compara: “El Contreras de los Yankees es un portento íntegro, una pieza de ébano sin fisuras, un cuerpo sin articulaciones ni empates visibles: su ancho cuello de toro, sus brazos como ramas de cedro. Parece un árbol de cemento. El Contreras de Cuba, en cambio, muestra la definición de sus partes, es como un juguete ensamblado. Fuerte, sí, pero todavía un boceto. Le faltan luces, glamour, pesas. Uno nota los amarres de los hombros con los brazos, de los brazos con los antebrazos, de los dedos con las uñas, el zurcido de las fibras”.

Buen hijo de su tribu, de otro de sus grupos taxonómicos, el de los devotos del lenguaje, es fanático de la poesía y borda con tanta belleza la descripción entre pasado y presente corporal de un pitcher como el arranque de un perfil de un poeta como Rafael Alcides, según el autor el mayor poeta vivo de Cuba: “Parece un dios, pero es un hereje. Parece tallado en piedra, pero es un nervio vivo. Parece el primero de los hombres, pero es el último sobreviviente”.

Caparrós resalta que sus textos –además de un periodismo trabajado que explica Cuba e informa sobre Cuba– son “una escritura”, o sea estilo, ritmo, vocabulario, voz, rúbrica. Así que en La Tribu el fugitivo afroamericano Charles Hill “tiene el pelo entrecano, la piel carmelita y lisa como la de algunos reptiles huidizos”, y la música de los Van Van desborda al género de la salsa, “como si la salsa frenara justo donde Van Van arrecia. Como si allí donde la salsa de raíces neoyorquinas apenas cargara la atmósfera con cigarrillos y acohol, Van Van lo hiciera con humo de hielo seco y marihuana”, y en la casa de Justa Antigua, madre de un médico que fue enviado a Sierra Leona a combatir el ébola y que se murió allí de paludismo, registra “una olla embarrada de frijoles, un trapo grasiento, una cafetera sin tapa, varios pomos de distintos tamaños, una botella de cerveza vacía, hollejos de naranja, y grumos de arroz sobre el mantel”, y junto a un basurero de La Habana “llovía con saña y todos se acurrucaban como animales enfermos en el quimbo de Luz María, una choza putrefacta”.

Y en El Malecón un subteniente le dice a un par de muchachos: “Tienen una guapería barata, una guapería barata, qué guapería barata es la de ustedes”, y a Boris Santiesteban, un balsero desquiciado, cuando le pitan off side al desquiciado futbolista Mario Balotelli, “los ojos le brincan, frenéticos, presos, como dos pájaros salvajes un una jaula sin luz”, y en la universidad media docena de estudiantes de Ingeniería hacen del contrabando la más perfecta, depurada, efectiva, avanzada, gloriosa de todas las ramas de la ingeniería cubana formando una pequeña empresa clandestina con “tres cosas prohibidas de manera unánime: comerciar con droga, tabacos o carne de res”, y en un club de La Habana se presenta todos los jueves un músico que nunca será Silvio ni Milanés –ni nunca lo querrá– que “Es el Toulouse-Lautrec de la trova cubana. El Buster Keaton de la canción intelectual”, y en La Tribu, así, una emigrante cubana se sube a una buseta en Panamá y la música que se escucha “es como una grasa chorreante, un tornillo melódico que diera vuelta justo al revés del sonido”, y en una noche de mayo en su casa de Regla, a las afueras de La Habana, Cándida López, una mujer obsesionada con su hija Mayara, está a punto de recibir una tétrica llamada de teléfono desde Ecuador, porque hasta Ecuador se había marchado su hija Mayara, y “todavía el corazón no le cuelga de un hilo”, escribe Álvarez. “Pero le va a colgar”.

Su español es profuso. Marca de la tribu. Suele decir el escritor Norberto Fuentes, exiliado en Miami, que “el barroquismo es la catedral bajo cuya cúpula estamos todos los escritores cubanos”. Él fue un avanzado del periodismo narrativo en la Cuba de los primeros lustros de la Revolución. Al hablarle de este nuevo talento que aún no conoce pero promete que leerá, dice: “Su generación tiene un problema: superar la etapa revolucionaria. Nosotros pudimos apoyarnos en este hecho trascendente, ¿pero de qué van a hablar ellos ahora?”.

Carlos Manuel concibe su compilación como “la puesta en escena de un país”, centrada en el intenso periodo que va del deshielo de Obama y Raúl Castro hasta las cenizas de Fidel Castro. Sobre el deshielo, dice: “Con el 17 de diciembre, los cubanos celebramos algo que podría venir, una posibilidad, pero también padecemos la tristeza de la tribu que entierra su dialecto”. Sobre el hombre que estaba ahí cuando nació y que seguía ahí cuando emigró a México, dice política, botánicamente: “Fidel Castro fue el marabú que se extendió implacable, como una plaga, sobre el tiempo histórico de Cuba”. Y se va una década atrás para recordar como su padre –“mi padre, que creció en una choza de guano con piso de tierra, que se fue a la guerra de Angola de misión internacionalista, que se graduó de Medicina”– asistiendo ante la televisión a la noticia de que Castro estaba grave, “aplastó su tabaco en el cenicero, se hundió en el asiento y empezó a llorar. La imagen era impresionante porque lo único que se movía en su cuerpo eran las lágrimas. Todo él un músculo tieso, comprimido, que de repente comenzó a desbordarse, como un corte mínimo y elegante en la piel”.

En cada detalle de cada crónica, se diría que hay “como un corte mínimo y elegante en la piel” de Cuba, que a veces es bestia y es feroz. “No nos hemos dado cuenta”, le dice Alcides a Carlos Manuel, “pero hemos vivido una gran tragedia. Treinta mil o cuarenta mil ahogados en el mar. Hoy la palabra Patria no existe. Tenemos el drama. Y la literatura, la novela, la poesía, se hacen con drama, con dolor”. Y aunque La Tribu abre con una cita de Vasili Grossman (Nada es más duro que ser hijastro de tu tiempo), podría haberlo hecho con las palabras finales que le brinda al periodista, como una invitación, su idolatrado poeta: “Esto se está acabando. Ha llegado la hora de empezar a contarlo”.

Pablo de Llano
El País, 30 de junio de 2017.
Foto: Carlos Manuel Álvarez fotografiado en la Ciudad de México por Carlos Olivares para la entrevista publicada en Cubaencuentro.

lunes, 28 de agosto de 2017

Brzezinski, Castro, perestroika y cabezas pensantes


Cuando el 2 de junio en Martí Noticias leí Cuba en la órbita de la eminencia gris que fue Zbginiew Brzezinski, de Armando de Armas y Álvaro Alba, a mi memoria vino aquella etapa de los años 80, cuando la perestroika y la glasnost hacían furor en la Unión Soviética y... en Cuba. También recordé algunas de las acusaciones públicas que Fidel Castro le hizo al polaco Brzezinski, fallecido el 26 de mayo a la edad de 89 años, en Virginia, Estados Unidos.

Gracias a internet, en El País localicé una de esas acusaciones. El 14 de junio de 1978, el diario español publicaba Castro, dispuesto a entrevistarse con el presidente Carter y debajo, en un recuadro titulado Castro acusa a Brzezinski de querer provocar un 'incidente de Tonkín' en África, se leía: "Todas las críticas del líder cubano se centraron en el consejero de Carter para asuntos de seguridad nacional, Zbigniew Brzezinski al que Castro acusó de estar conectado con círculos que desean buscar un incidente similar al del golfo de Tonkín, que permita una intervención norteamericana en África. El incidente del golfo de Tonkín tuvo lugar en 1964, cuando el ataque a varios destructores norteamericanos en esas aguas, permitió al presidente Johnson obtener del Congreso autorización para intervenir militarmente en la guerra de Vietnam".

En El País también encontré dos informaciones que me llamaron la atención. El 1 de mayo de 1979, el ex ministro español Rodolfo Martín Villa y el embajador de España, Enrique Suárez de Puga, fueron recibidos por Fidel Castro en La Habana. Unos días después, Martín Villa se reunió con Brzezinski en Washington. El ex ministro aclararía en ABC que su viaje a Cuba fue "estrictamente privado".

Martín Villa, uno de los protagonistas de la transición española y en ese momento uno de los políticos mejor informados de España, viajó nuevamente a Cuba en junio de 1998, en esta ocasión como presidente de ENDESA, compañía eléctrica estatal. Le acompañó el ministro de Industrias, Josep Piqué y una delegación empresarial. En aquella ocasión, ENDESA pretendía invertir 500 millones de dólares en la planta de Santa Cruz del Norte, que gestionaba un consorcio canadiense. No sé si por desconocimiento o exprofeso, ninguno de los dos viajes de Rodolfo Martín Villa a Cuba es mencionado en Los mil tentáculos del Grupo Prisa, publicado en 2008.

Quien sí ha mencionado a Brzezinski en sus artículos es el historiador oficialista Elier Ramírez Cañedo. En septiembre de 2009, en La crisis de la brigada soviética y en 2014, en la serie de tres relatos sobre los encuentros de Paul Austin, presidente de Coca Cola, con Fidel Castro: en el primero, el segundo y el tercero y último.

Elier Ramírez Cañedo nació en 1982 y de algunas cosas se enterará por este escrito. Pero lo cierto es que en la década de 1980-1990, a mucha gente en Cuba no solamente le interesaba lo que dijera o hiciera Brzezinski, también le interesaba lo que dijeran o hicieran otros políticos y asesores o periodistas, académicos, intelectuales y empresarios influyentes de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón. Era el caso de los funcionarios que con Carlos Aldana al frente, dirigían el DOR, el departamento de orientación revolucionaria del comité central del partido comunista, entre ellos Víctor Manuel González, Raúl Castellanos y Enrique Román.

Un poco antes o después, pero por la misma época, con cargos o sin cargos dentro del partido o el gobierno, unos más especializados en un tema que en otro, me gustaría añadir, entre otros, los nombres de Humberto Pérez, Alcibíades Hidalgo, Norberto Fuentes, Eduardo López Morales y el equipo fundador de EICISOFT, presidido por Armando 'Mandy' Rodríguez (recomiendo leer su libro Los robots de Castro) y que tuvo montones de cabezas pensantes, como los ingenieros José Ramón López, Marco Antonio Pérez López y Humberto Lista, fallecido en 2016.

En todos los ministerios e instituciones había personas fuera de serie, como la ingeniera Mariana Badell Yturriaga en el CECE; el profesor Félix Bonne Carcassés en la CUJAE y los ministros Marcos Lage, de la industria azucarera, y Marcos Portal, de la industria básica. También en el ICRT, ICAIC y UNEAC. O entre militares del MINFAR y el MININT, quienes al margen de obediencias y reglamentos, a puertas cerradas eran ciudadanos que objetivamente analizaban las situaciones y no tenían prejuicios para hablar con disidentes y leer libros del 'enemigo imperialista'.

Esa etapa existió en Cuba y tuve la suerte de haberla vivido y poderla contar. Pero fue el propio Fidel Castro el encargado de desbaratar aquel entusiasmo, aquella sed de información, de autosuperación, de cambio. Y trató de que en la isla los cubanos no pensaran con su propia cabeza, no hablaran en grupo, no debatieran, no dieran sus puntos de vista en reuniones del sindicato o del partido. Sus análisis y desacuerdos tenían que limitarse a la soledad de sus cuartos. O de sus celdas, pues muchas cabezas pensantes cubanas fueron enviadas a prisión como Martha Frayde, Mario Chanes de Armas, Adolfo Rivero Caro, Ricardo Boffill, Samuel Martínez Lara y los hermanos Sebastián y Gustavo Arcos Bergnes, entre otros cientos de hombres y mujeres que desde el mismo año 1959 descubrieron que Fidel Castro no era el demócrata que decía ser, si no un verdadero autócrata. Y los que no fueron fusilados, su oposición al castrismo la pagaron con la cárcel, el martirio y el destierro.

Fidel Castro siempre fue enemigo de los librepensadores, de las personas que por su cuenta se informaban y les gustaba investigar, emprender, crear. Uno de sus 'legados' es esa retahíla de papagayos y talibanes que el país tiene hoy en la prensa y en instituciones académicas y culturales. Pese al intento fidelista por apagar voces y secuestrar el pensamiento, el periodismo independiente surgido hace más de veinte años echó raíces y actualmente una generación de cubanos jóvenes, escriben y opinan en incontables sitios webs y blogs personales.

Volviendo a la década de 1980-1990. Entonces, casi nadie podía viajar al extranjero, a no ser por cuestiones de trabajo, estudio o una hazaña laboral. De esos viajes, solían traerse materiales y vivencias que se trasmitían oralmente, por teléfono, fax, postales o cartas, las vías de comunicación de entonces. Otros, como yo, de libros enviados por amigos brasileños, traducía fragmentos, los mecanografiaba y con papel carbón sacaba numerosas copias. Lo hice con tres libros 'prohibidos' en Cuba, los tres publicados en 1986: Fidel, un retrato crítico, de Tad Szulc; Made in Japan, de Akio Morita and Sony, y Una autobiografía, de Lee Iacocca y William Novak.

Esas hojas circulaban de mano en mano. Un vecino que trabajaba en el Ministerio del Azúcar, en la fotocopiadora sacaba varias copias y se las hacía llegar a colegas y amigos. Otro vecino, militar de una unidad en las afueras de la ciudad, hacía lo mismo. En una ocasión, este vecino, que era militante del partido, me pidió que le ayudara a redactar y después le mecanografiara, con tres copias, un informe sobre problemas en su unidad. Amigos y conocidos de organismos hacían lo mismo y se encargaban de que decenas de personas las leyeran.

Ojalá hubiera tenido una máquina de escribir eléctrica. La que tenía era mecánica, fabricada en la empresa Robotron de la ex RDA, pero en ella podía sacar hasta 10 copias con papel carbón, si estaba nuevo y era de la marca Pelikan. El original con papel bond y las copias con papel cebolla. Opciones mejores eran el ditto y el stencil, que podías tirar cien copias o más. En las oficinas donde había trabajado, utilizaban ditto, con aquella tinta morada que todo lo manchaba, o stencil para imprimir en mimeográfo, pero no conocía a nadie que tuviera uno u otro en su casa.

El hábito de leer informaciones, recortarlas y guardarlas lo adquirí desde niña (nací en 1942). A fines de los años 40 y principios de los 50, cuando Blas Roca, de quien mi padre era escolta estaba en su oficina, en la sede del Partido Socialista Popular en la avenida Carlos III, en vez de estar conversando o durmiendo en el auto, mi padre se sentaba a ayudar a Lucrecia, entonces una joven archivera del PSP (aún vive, tiene 94 años). Era fácil: recortar informaciones, previamente marcadas de los periódicos del día, pegarlas en hojas de papel gaceta, ponerles la fecha y archivarlas en files según la temática. En mis días libres, mi padre me llevaba y me dejaban recortar y pegar, algo que me encantaba. Algunas vivencias las conté en Una experiencia personal.

Cuando no existían computadoras ni internet, muchos profesionales en Cuba también tenían ese hábito, de leer, marcar, recortar y archivar. Los que tenían condiciones en sus casas, guardaban completos los periódicos y revistas, debidamente clasificados y separados de sus estantes con libros y enciclopedias. Un sistema rústico y a expensas de que se te mojaran o fueran pasto de polillas y cucarachas, pero que a maestros y periodistas nos era útil.

Cuando se quiere se puede, dice el refrán. Y el hecho de no contar con suficientes recursos materiales ni tecnológicos, no impidió que miles de cubanos, de la capital y de provincias, estuviéramos al tanto de Zbigniew Brzezinski, Herny Kissinger, Madeleine Allbright, Colin Powell, Condoleezza Rice, Cyrus Vance, Mijaíl Gorbachov, Boris Yeltsin, Eduard Shevardnadze, Lech Walesa, Karol Wojtyla, Václav Havel, Deng Xiaoping y otros cuyos nombres saltaban a los medios internacionales y con más o menos demora eran conocidos en la isla.

Igualmente de mano en mano circulaban los libros 1984 y Rebelión en la Granja, del inglés George Orwell, La Gran Estafa, del peruano Eudocio Ravines, Archipiélago Gulag, del ruso Alexander Solzhenitzyn y El Libro Negro del Comunismo, de varios autores. O folletos donde se profundizaba sobre la invasión soviética a Hungría en 1956, las revueltas estudiantiles de Mayo de 1968 en Francia o la Primavera de Praga, de enero a agosto de 1968.

En mi blog, en el post titulado Del 'políticamente correcto' 1968, menciono un documento de la embajada checa que circuló clandestinamente en La Habana. Por Radio Bemba uno se enteraba de lo que pasaba en las UMAP o de la Microfracción, la primera gran purga política de los Castro. Y quienes teníamos radio de onda corta, las noticias escuchadas por la Voz de los Estados Unidos, BBC, Radio Nederland, Radio Exterior de España o Radio Francia Internacional, luego se las contábamos a familiares, amigos y vecinos. Cuando el 20 de mayo de 1985 salió al aire Radio Martí, los cubanos ávidos de información nos pusimos las botas.

Tania Quintero
Martí Noticias, 10 de junio de 2017.
Video: Así recordó Mika Brzezinski a su padre en su programa de televisión. A fines de junio, la periodista y su colega, Joe Scarborough, fueron centro de groseras descalificaciones por parte de Donald Trump, un presidente que desde que llegó a la Casa Blanca le ha declarado la guerra a los medios.