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viernes, 29 de agosto de 2014

¿El hombre que nunca existió?



Un misterio de identidades ha caracterizado los años de la primera década del siglo veintiuno, y es el misterio, la duda, y las conspiraciones, acerca del lugar de nacimiento y la historia real de un hombre conocido entre otros nombres como Barack Hussein Obama.

Pero el caso más impresionante, y más documentado, acerca de una dudosa identidad se desarrolla en el siglo veinte, y es objeto de una investigación científica en el siglo veintiuno, encargada por la edición italiana de una prestigiosa revista norteamericana.

En el año 2009, la revista Wired -edición italiana- encargó a una renombrada investigadora de antropometría forense, la doctora Gabriella Carlesi y a su colaborador, un experto en análisis forense de imágenes y fotografías, Fracesco Gavazzeni que se encargaran de demostrar que el músico Paul McCartney no había muerto en un accidente automovilístico en 1966, como tantos afirmaban y como se creía ver en los indicios dejados por el resto del famoso cuarteto en las portadas de sus discos Abbey Road y Sgt. Pepper Lonely Hearts Club, y también en numersas canciones de los Beatles en otros albums como el White Album o Let it Be.

Los investigadores italianos, creyendo que tenían una tarea fácil ante ellos, aceptaron de buen grado el encargo de la revista. Cual no sería su sorpresa al encontrar evidencias para ellos irrefutables que apuntan a la sustitución del Beatle original por otra persona.

Lejos de apoyar o negar una u otra teoría, los científicos solo mostraron sus resultados al público lector, y el informe puede verse si uno busca en internet el artículo original en italiano “Chiedi chi era quel Beatle” que apareció en la portada del número de agosto de 2009 en la edición italiana de Wired.

Estos resultados y otras investigaciones sobre la época del accidente aparecen más detalladamente en el libro Codice McCartney, de los periodistas Alessandra Gigante y Fabrio Andreola, publicado por la serie 24/7 de la editorial Rizzoli en idioma italiano.

No haré conjeturas sobre lo que pudo haber pasado en 1966, ya que hay una nebulosa bastante densa sobre los acontecimientos, y ni si quiera se sabe a ciencia cierta si el accidente de automóvil que cobró una fatalidad fue un accidente real o simulado, o quien pudiera estar detrás de esto.

Lo que si se puede decir que el artículo de los investigadores italianos nos deja con varias preguntas: ¿Quién murió en el accidente? El Paul McCartney real, ¿murió en el accidente? ¿Es el músico que desde 1960 hasta la fecha ha cosechado tanto éxito?

Si el músico que hoy ocupa su lugar no es el Paul McCartney real, entonces…. ¿dónde esta el verdadero? ¿Quién es en realidad este hombre?

De más está que les diga que no tengo respuestas para este misterio, y que el único que tiene las respuestas es la persona que se hace llamar Paul McCartney con derecho o sin derecho a ese nombre.

Una sencilla prueba de ADN pudiera despejar todas esas dudas, pero si la revista Wired no la consiguió no la conseguiré yo tampoco.

Aunque Paul McCartney no ha sido jamás un músico del cual pueda citar una influencia o ni siquiera uno de mis músicos preferidos (en mi opinión, el más notable de los Beatles fue George Harrison, y ninguno de ellos fue un intrumentista del calibre de Brian Jones, Eric Clapton, Jack Bruce, Steve Windwood, Keith Richards, Ginger Baker, David Gilmour, Mark Knopfler, o Charlie Watts), hay que ser honesto y decir que después de 1966 Paul McCartney parece mejorar de súbito tanto en su carrera como autor como en sus habilidades como bajista.

De un estilo simple y sin pretensiones pasa a tener un toque más creativo, y sus aportes como letrista adquieren un matiz mas poético, frente al simplismo de sus letras de los primeros años de la década de 1960.

Es decir, que si hubo una sustitución entonces los fanáticos de la banda ganaron con ella. Si no hubo una sustitución, entonces Paul McCartney demuestra que antes de 1966 estaba bastante limitado y algo sucedió en ese año que le dio alas como creador.

Aunque las alas como creador las toma él cuando funda su banda Wings (alas) si bien el resultado de la música de Paul McCartney luego de la disolución de los Beatles, me parece aún menos atractivo que el resultado anterior.

A mi juicio, los músicos alcanzaron su madurez solo después de 1967 y la cima de su creatividad en 1969. Curiosamente, después de 1966 los Beatles dejan de aparecer en publico, y hay un defasaje en la salida de sus albums, siendo el último que graban Let it Be, el penúltimo en salir y el penúltimo que graban -Abbey Road- el último en salir.

Las dos caras de McCartney -el hombre y el músico- constituyen un ser humano prácticamente indescifrable desde la época en que la duda fue sembrada en la mente de los fanáticos. Hay una inconsistencia en la creatividad musical, y en el aspecto literario de sus canciones.

Esto -claro está- puede deberse a otros factores que no sean la drástica sustitución de un ser humano por otro, sino a las mismas experiencias de vida del artista. Sin duda alguna, la persona que ocupa el lugar de McCartney -original o sustituto, por igual- es un artista con méritos reales.

En el plano personal, aparentemente también hubo una evolución no muy positiva. El maltrato a George Harrison se incrementó, y también las contradicciones con John Lennon, desde el punto de vista musical y lírico. La impaciencia con Ringo Starr y su desempeño como baterista llegó a niveles insoportables. La misma actitud anterior a 1966 no hizo más que acrecentarse.

A mi juicio, el músico toca el mas bajo de los fondos cuando en su visita a Santiago de Cuba, procedente de Jamaica escribe en un libro de firmas la frase “Viva la Revolución”, dando de esta manera una bofetada a todas las personas que sufrieron represión y ostracismo por solo tener un disco de los Beatles o profesar su preferencia por la banda británica.

La visita tuvo lugar el 14 de enero del año 2000.

También estuvo en la casa de la trova de Santiago de Cuba, con un mensaje mas ambiguo. No creo que haya reconocido que tomó prestado en 1964 algo de la música tradicional cubana para su canción “And I love her”. En fin, algo a que ya estamos acostumbrados, a que los famosos tengan la libertad de “tomar prestado” sin consecuencia alguna. A ustedes dejo las conclusiones.

Doy mi opinión. Creo que no hubo accidente alguno, ni muerte de Paul McCartney o de uno de sus dobles. Sí, tenía dobles al igual que el resto de sus colegas de los Beatles. A mi juicio, todo se trató de una operación de marketing tan bien montada que debería constituir un texto clásico.

Los Beatles estaban en una encrucijada, nuevas bandas habían surgido con un sonido excelente, con unas propuestas más novedosas, y ellos tenían que impulsar un cambio; fallecido su manager, tendrían que tomar las riendas de su propio presente y futuro y hacerse de un nicho entre los aficionados a la música, que no los seguirían solo por las viejas memorias.

No cuando bandas como Pink Floyd y los Yardbirds, the Who y los Stones, estaban marcando el paso de un modo increíble, no cuando Cream, Traffic, y Fleetwood Mac ponían sus nombres para siempre en el panorama de la música de los 60.

Entonces, nada mejor que echar a rodar el rumor de la muerte de Paul. Nada mejor que sustituirlo por un doble en fotos, ya que la banda no se presentaba más en publico. Nada mejor que hacer creer al publico que había una conspiración y un misterio, todo por elevar las ventas. Y sí, uno puede mejorar mucho en un instrumento musical con mucha práctica en poco tiempo, y también la voz puede cambiar al recibir educación de canto, pronunciación y clases de declamación.

Naturalmente, la ciencia encuentra una diferencia enorme entre el doble que le suplanta para fotos -quizás aún hoy- y el propio músico. No son la misma persona, lo cual no quiere decir que uno de los dos haya muerto. Los cazadores de indicios, los fabricantes de hipótesis y los teóricos de las conspiraciones encuentran “pruebas” por todas partes, en las portadas de los discos, en los videos y las letras de las canciones.

Pero esto también cae por su propio peso. Si uno quiere guardar un secreto no da indicio alguno de la verdad. Estos indicios, sin embargo, conducen a una parte del público a consumir el producto Beatle y el producto McCartney, lo cual naturalmente es muy beneficioso para el artista.

Como he dicho antes, también es interesante observar como una operación de marketing distrae al gran público de los problemas y conflictos que tenía la banda. Mientras más críticos eran, mas “indicios reveladores” se aireaban, solo para incrementar la venta de los discos y tratar de tener un respiro económico para preparar el próximo disco, hasta que la disolución fue irremediable.

Hemos hablado solamente de publicidad y simulación, de marketing y reciclaje de un producto cultural, hemos hablado también de una reinvención de una banda que se estaba quedando detrás ante el surgimiento de mejores músicos y compositores. Eso es todo. Final.

Charlie Bravo
Foto: Tomada del blog de Matt Tauber.

Nota.- Esta serie de 12 trabajos de Charlie Bravo se publicaron originalmente en el blog de Zoé Valdés y se reproducen con autorización de Zoé y de Charlie.

Leer también: DC5, y de Luis Cino, Lou Reed y Hootchie Coochie Man.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Pete Best


Pete Best nació en Madrás, India, en el seno de una familia colonial inglesa. Su padre pereció en la Segunda Guerra Mundial, y la familia se trasladó a Liverpool a bordo del ultimo barco transportador de tropas que abandonó la India. Tras la travesía de cuatro semanas, la familia llegó a puerto británico y comenzaría así la nueva vida del niño.

Corría el año 1945, y aunque Inglaterra era parte de la alianza vencedora, el paisaje de la ciudad de Liverpool estaba plagado por las cicatrices de las heridas de la guerra, había edificios bombardeados, racionamiento alimentario, pobreza e inválidos de guerra por doquier.

La casa familiar tenía un sótano de grandes dimensiones y Mona Best, la madre de Pete, decidió convertirlo en un club: nacía asi el Casbah Coffee Club, donde un día tocaría la batería Pete Best con su banda The Black Jacks. Su música y su carisma personal llevaron a que el club tuviera una membresía de cerca de mil jóvenes, y esta popularidad llevó a un grupo de músicos a tocar la puerta para ganarse un puesto en el escenario.

Eran John Lennon, Paul McCartney y George Harrison. Se llamaban en aquel entonces los Quarrymen, y no tenían un baterista fijo. Tampoco trajeron a un tímido joven llamado Stu Stucliff, que tocaba la guitarra y también en el bajo con ellos. Esto ocurría en 1960, y los tres recién llegados, aparte de pedir espacio en el escenario, pidieron a Pete Best que ocupara el asiento de baterista con ellos. Pete accedió, y tocó con ambas bandas, la suya propia y los Quarrymen.

Al cabo de unos días, los recién llegados pidieron a Pete sentarse en una prueba como baterista -ya tocaba con ellos, sin embargo- para aceptar una serie de contratos en los clubes de Hamburgo. Para Pete, que era un estudiante brillante, esta era una oportunidad dorada, pues pondría en práctica sus calificaciones sobresalientes en idioma alemán, aparte de poder viajar a la Europa continental y materializar su sueño como músico.

Los otros no habían terminado la escuela, y de un modo u otro, el sueño era solamente musical, sin otra curiosidad. En Alemania, Pete se desliga un poco de la banda al expresar que no tenía interés en las drogas ni en las amistades adquiridas, se llevaba mejor con Stu Stucliff y con su novia alemana.

Era ya un forastero dentro de la banda, y no participaba de muchas de las correrías de los otros muchachos en los distritos de luz roja en la ciudad de Hamburgo. Leía y se retiraba. Al final, fueron deportados de Alemania por intento de incendio, y por que George Harrison no tenía edad suficiente para un permiso de trabajo.

Stu Stucliff se quedó en Alemania con su novia, y el bajo de la banda fue entregado a Chas Newby, colega de Pete Best en los Black Jacks. Días mas tarde, un McCartney consumido de celos por Chas Newby se quedaría como bajista de la nueva agrupación.

La suerte parecía sonreír a Pete Best, pues consiguieron un contrato con el cantante Tony Sheridan, quien les contrató para que fueran su banda acompañante en la grabación de un disco.

Poco sabía Best que sus días estaban contados, desde el momento en que los Beatles consiguieron tiempo para grabar como una banda independiente. Los productores de la banda decidieron que su habilidad como baterista era insuficiente y en lugar de usar un músico de estudio, como era habitual en la época, se tomó la decisión radical de echarlo de la banda.

Los demás integrantes de la banda tenían ya pensada esta acción y utilizaron al manager Brian Epstein para hacer el trabajo sucio: fue él quien debió llamar a Pete Best y decirle que había sido puesto en la calle. Los tres han reconocido que fue un acto de egoísmo y cobardía, pero ninguno de ellos ofreció una disculpa personal a Best, que se retiró deprimido a su casa.

Para más desgracia, su mejor amigo, Neil Aspinall, se había enredado con su madre y le daría un medio hermano que él terminaría criando como hijo propio, Vincent Roag Best. La nube negra sobre la cabeza de Pete Best solo había comenzado a crecer.

El nuevo baterista Ringo Starr y sus antiguos compañeros de banda no perdían oportunidad para decir cuán mal baterista era Best, supuestamente. Se corrieron todo tipo de rumores para hablar de su expulsión, desde que su pelo y su estilo de vestuario no se ajustaban a lo determinado por la banda, hasta que era alcohólico y drogadicto –fue Best el único que se libró de estas plagas de todos los músicos que integraron la banda. En realidad, hubo una componenda de celos, porque el buen ver de Best atraía mas chicas que la cara de adolescentes acabados de salir del baño de los otros tres.

Pete Best jamás cobró un centavo por su participación en las primeras grabaciones de los Beatles. Incluso se dio el crédito a Ringo Starr. El único pago que recibió fue en forma de insultos y difamaciones en una entrevista a los Beatles en Playboy: John Lennon declaró que Best se la pasaba enfermo y que ellos habían buscado a Ringo para sustituirle, Ringo dijo que la enfermedad de Best se debía al consumo de drogas.

En lugar de amedrentarse por la fama de sus excolegas, Best hizo lo que tenía que hacer y puso una demanda al grupo y la revista, la cual ganó. Paul McCartney ha reconocido que fue él quien inspiró la conspiración para sacar a Best de la banda, diciendo que no era un baterista de toque fuerte.

En realidad, hay varios testimonios donde mujeres que estuvieron involucradas con los miembros de la banda dicen que Best era el más atractivo como hombre y que por tanto McCartney estaba celoso de su éxito con las mujeres. Afligido, Best se retiró momentáneamente de la música y se dedicó a trabajar en una oficina de empleos del gobierno local.

Más tarde, accedería a sentarse de nuevo a la batería, y a partir del 1988 hasta la fecha, ha actuado con su propia banda, the Pete Best Band, de la cual forma parte su hermano menor también, con un éxito modesto y sin más pretensiones que ofrecer diversión al público que asiste a sus conciertos.

La justicia vendría a encontrarle cuando en 1995 se publicó la Antología de los Beatles, por esa colección de discos le habría sido pagada una fuerte suma del dinero que le correspondía que nunca antes había visto. Aunque le dieron crédito, su fotografía solo aparece en un espacio menor de la portada del álbum.

Pete Best ha dicho ser fan de su antigua banda, y ha dicho también que si bien jamás habló de nuevo con ninguno de ellos, tiene todos sus discos. En fin, que la dignidad se impone sobre el ego y la traición, por muy famosos que sean los traidores.

Charlie Bravo
Video: Pete Best en la entrevista que en julio de 2013 le hiciera la emisora comunitaria inglesa 6 Towns Radio City.

lunes, 25 de agosto de 2014

Un músico llamado Brian Jones



Cuando un chico inglés nace con el nombre de Lewis Brian Hopkins Jones el 28 de febrero de 1942, no le queda más remedio que pasar a la historia de la música con los nombres de sus alter ego Elmo Lewis –la personalidad del bluesman itinerante, solitario, introspectivo y misterioso, modelado sobre la leyenda de Robert Johnson- o más célebremente como el fundador de los Rolling Stones, bajo el nombre de Brian Jones.

Pero antes de esto, era un rebelde sin causa, que traía tormentas a su tranquilo hogar de la clase media y que obtenía resultados geniales en el exigente sistema educativo inglés. Jones no solo era un multi-instrumentalista nato, era un individuo de un altísimo cociente de inteligencia con un talento innato para la literatura y la música, las matemáticas y las humanidades.

Era también muy precoz en sus aventuras amorosas, y el primero de sus cinco hijos nace en 1959, cuando quien sería un famoso músico solo contaba 17 años y la progenitora era aun más joven.

Decepcionado con el mundo musical de los años 60, Brian Jones decide que la única solución era hacer su propia música con su propia banda. Para ello, publica un anuncio con la intención de reclutar músicos para su nueva banda. Lo hizo en 1962 y lo publicó en una newsletter de jazz que circulaba entre músicos.

La primera persona que respondió fue Ian Stewart, un robusto pianista de origen escocés. Siguió Mick Jagger, que trajo consigo a Keith Richards. Los cuatro accedieron a contratar como bajista a Bill Wyman, porque aparte de ser un tipo mayor poseía un bajo que él mismo había construido y un buen par de amplificadores. Les quedaba solo tener a un baterista, y luego de probar en unos cuantos escenarios menores con algunos percusionistas locales, lograron convencer a un famoso baterista, joven, pero con un prestigio muy sólido, con un toque muy reconocido en el ambiente del jazz londinense: Charlie Watts.

La banda, todavía sin nombre, comienza a buscar actuaciones, y es entonces cuando un promotor de clubes preguntan cómo se llama: la vista de Brian Jones se posa en un disco que había en el suelo, en la cara A, el quinto número se llamaba: “Rollin’ Stone”. El álbum era “The Best of Muddy Waters”, y como proverbialmente se dice, lo demás es historia.

Brian Jones definió desde el principio el sonido de los Rolling Stones, como multi-instrumentalista. Era muy exigente en lo que pedía de sus músicos, y fue él quien enseñó a Mick Jagger a tocar la armónica.

El “Labios” debe esta habilidad al estilo de Jones, que no fue el más paciente de los maestros. Keith Richards tuvo que pulir su estilo al lado de Brian Jones, y aunque mantengo que la técnica del weaving la desarrolló al lado de Gram Parsons, el Gran Parsons, algunos autores dicen que fue Jones el inspirador y el maestro de este estilo. A mi juicio, la evidencia grabada apunta a la época de Parsons, post-Jones.

La personalidad de Brian Jones se iba alterando poco a poco con el abuso del alcohol y las drogas duras. Pasaba de ser una persona tímida y sensible, a alguien hosco y brutal. No existían medias tintas. La situación se agrava con la llegada del manager Andrew Loog Oldham que decide que Ian Stewart no puede seguir siendo parte “oficial” de los Stones, ya que era un tipo de apariencia conservadora y a pesar de sus orígenes aristocráticos una persona que se vestía como un típico miembro de la clase obrera británica de la época.

Oldham también decide que Jones debía dedicarse solo a tocar sus instrumentos, debía dejar la autoría de canciones solo al binomio Jaggers/Richards, que hasta el momento lo hacían como Nanker/Phelge.

Mientras Oldhman quería que los Stones imitaran a sus eternos rivales, The Beatles, Brian Jones experimentaba y se defendía del rechazo escribiendo su propia música y colaborando como músico de sesión con los Beatles. Naturalmente, el otro binomio creativo de la época, Lennon/McCartney hizo lo posible y lo imposible para mantener esas colaboraciones en el anonimato y no dar ni siquiera un indicio de quién tocaba el oboe, el saxofón, la marimba, y mucha de la percusión afrocubana en sus discos.

Mientras la situación se deterioraba, Jones creaba alter egos que lo mismo iban de una apariencia travestida, a una apariencia andrógina, de una apariencia de gangster, a la tristemente celebre fotografía con el uniforme nazi. La música también sufrió mucho en esa época, y Jones se encontró muchas veces relegado al papel de relleno bajo el liderazgo de Jagger y Richards, como había decidido el manager Oldham. La relación entre los músicos se deterioraba cada vez más, hasta el extremo que Jones rehusó seguir tocando las guitarras y se dedicó a la cítara y otros instrumentos exóticos.

Durante una escapada con Jagger y Richards a Marruecos, donde grabó con los músicos de Joujouka, célebres músicos tradicionales, su amante Anita Pallenberg lo dejó por Richards, mientras Jones languidecía en un hospital francés marroquí, víctima del asma que luego se convertiría en pulmonía.

La crisis se agudizaba, y ya los Stones habían grabado con Jones todos sus primeros discos, incluyendo los clásicos Beggar’s Banquet y Let it Bleed. La última serie de grabaciones de Jones con la banda que había fundado, fue durante el rodaje de “The Rolling Stones Rock and Roll Circus” que no se publicó por un buen tiempo debido a la insatisfacción de Jagger con el resultado final. Otros músicos que participaron vieron tan mal a Jones, que predijeron que esta era su última actuación, no con los Rolling Stones, si no la última en su vida.

Las noticias de los Estados Unidos no se hicieron esperar: Jones no podría actuar en el país debido a las convicciones por drogas fuertes que recibió de los jueces ingleses y por que aún estaba abierta la herida del festival de Altamont, donde un joven negro fue asesinado por los Hell Angels durante un altercado frente al escenario de los Stones.

Jones continuó grabando con los Stones y aunque no escribía -era un purista del blues que no tenía nada que ver con la música pop de la época- sus aportes variaban de la percusión a los instrumentos de viento y la cítara. Su comportamiento se tornó todavía más errático y la banda decidió buscar a otro guitarrista para sustituirlo: se habla de conversaciones con Clapton -que tenía sus propios demonios en aquella época y prefería su nueva banda de Blind Faith después de la disolución de Cream- y a sugerencia de Ian Stewart se aceptó a Mick Taylor como nuevo guitarrista de la banda.

Cabe decir que la aceptación de Mick Taylor nunca fue completa por parte de Keith Richards, que no se sentía cómodo con este nuevo miembro de la banda. Secretamente, Keith hubiera preferido otro músico, de otro carácter, pero pasarían varios años antes de que Taylor abandonara los Stones y se incorporara Ronnie Wood. Richards ha dicho que Wood debió haber llegado después de Jones, sin el intervalo de los años de Mick Taylor.

Charlie Bravo
Leer también: La muerte de Brian Jones.

viernes, 22 de agosto de 2014

Un dios verde



Peter Allen Greenbaum nació en el seno de una familia judía del suburbio londinense de Bethnal Green. Su hermano mayor le enseñó a tocar unos acordes básicos a los 11 años, y a los 15, ya se había convertido en Peter Green, que tocaba profesionalmente con algunas bandas locales.

Un buen día, fue a ver a los Bluesbreakers, la famosa banda de John Mayall, y se da cuenta que había un amplificador y una guitarra recostada a él que nadie tocaba. Le pidió una oportunidad a Mayall, quien tras una brevísima pueba lo aceptó como nuevo guitarrista solista de la banda.

Peter Green acababa de sustituir nada más y nada menos que a Eric Clapton, que había dejado la banda de Mayall para formar Cream con el bajista Jack Bruce y el baterista Ginger Baker.

Tanto fue el éxito, que los seguidores de Clapton -que le habían llamado “Dios”- se vieron en la presencia de un joven a quien bautizarían con el mote del “Green God” o el Dios Verde. Mayall estaba muy satisfecho, pero sabía que de su emblemática banda, Peter Green saldría como mismo hizo Clapton, a formar un proyecto personal. No contaba que le levantaría al baterista Mick Fleetwood, y al bajista John McVie para formar Fleetwood Mac.

Los aficionados conocen a la banda anglo-americana como un grupo de rock progresivo, con un sonido muy experimental e innovador. Es que ésta es la encarnación post-Green de Fleetwood Mac. La primera formación de la banda estaba dirigida única y exclusivamente al blues, con alguna que otra escapada al blues rock.

Entre los admiradores de la banda, incondicionales por cierto, tenemos a Clapton y a Jimmy Page, que veían a Peter Green como un prodigio de la guitarra eléctrica. Se referían a Peter Green como Mr. Wonderful, nombre que pegó como título del segundo álbum de su nueva banda.

De aquella época es su magnífica composición Black Magic Woman, que fue “tomada prestada” por Carlos Santana, que al parecer la tiene envuelta en su camiseta del Che Guevara y nunca la ha devuelto.

La versión original me parece muchísimo mejor, más auténtica con un feeling de blues que no puede dar Santana por mucho que lo intente. Otra grabación de Peter Green que siempre me asombra un poco más es The Supernatural, de 1967. Cabe también mencionar que Santana le “levantó” además esta composición e incluso usó el título para un disco.

Después de un período de abuso del LSD, se le diagnosticó con un problema mental muy agudo, y Green pasó mucho tiempo en instituciones, recibiendo tratamientos con drogas psicotrópicas y electroshock. Su estado se fue empeorando, dejó la guitarra y trabajó como sepulturero mientras vivía en un estado de reclusión. Enterraba fallecidos durante sus horas laborales y las de asueto las dedicaba a su jardín.

Lo que verdaderamente le sacó del marasmo de la locura fue una banda que hizo con su hermano Mickey Green, con la que grabó un disco llamado Two Greens Make a Blues. Luego formó la banda The Peter Green Splinter Group con la que actuó hasta 2004, cuando tuvo una recaída de sus problemas mentales y a partir de esa fecha solo se ha presentado muy esporádicamente.

Las publicaciones especializadas siempre mencionan a Peter Green como uno de los guitarristas más avezados, e indistintamente lo colocan en lugares que van desde el tercero hasta el 38. No creo en esas listas para nada, pues a juzgar por la admiración de guitarristas como los fallecidos Jimi Hendrix y Gary Moore, y leyendas tales como Clapton y Page, y otros como Joe Perry y Tom Petty, Peter Green está fuera de todas las listas, en una categoría donde solo están los inclasificables.

Se le ha comparado con otro legendario guitarrista, el impresionante Mike Bloomfield, un tremendo fenómeno americano. En mi opinión, la comparación solo es posible porque Bloomfield estaba influido por la técnica impecable de Green.

Los grandes artistas se caracterizan generalmente por tener mentes privilegiadas, las cuales muchas veces pasan por mentes anormales. Sí, son mentes anormales, en el sentido que están por encima de lo que la sociedad nos ha hecho percibir y reconocer como normal. Una mente musical como la de Peter Green no cabría dentro de un ser humano “normal” porque simplemente está por encima de la normalidad.

Es uno de esos muchachos ingleses que llegan al blues de oídas, y que tocan como un sufrido algodonero del Delta del Mississippi, sin siquiera saber donde está el Delta, geográficamente hablando. Un artista es un artista, aunque sea sepulturero, según ha dicho el propio Green, cuando no tocaba la guitarra con las manos la tocaba en su mente y veía la música con los ojos cerrados.

Al decir de Jimmy Page, los espíritus del blues se encarnaron en esos recién nacidos de guerra y posguerra inglesa. Los niños blanquísimos de las familias británicas poseían a la vez que eran poseídos por ellas, las almas de músicos negros desconocidos para todo el mundo. Tomaron una guitarra durante su infancia, y el resto no es más que historia.

Y esto se demuestra con el magnífico desempeño de la primera etapa de Fleetwood Mac, donde el blues nos hace temblar de pies a cabeza. Sin Fleetwood Mac y Cream no tendríamos la llama que prendió en lo que luego se dió en llamar el renacimiento del blues en ultramar.

El blues, acallado por los productores norteamericanos con la excepción de los músicos de los estudios Stax, y los músicos de bares de Chicago y New Orleans, o del blues “blanco” de Texas, iba en declive, hasta que estos jóvenes británicos lo trajeron -por lo cual les estoy eternamente agradecido- de regreso a los Estados Unidos. de la mano precisamente de Peter Green y Eric Clapton.

Hoy Peter Green se encuentra de nuevo en una fase de reclusión y toca en público solo en raras ocasiones. Les recomiendo el magnífico documental Peter Green's Fleetwood Mac: The Early Years. Disfruténlo.

Charlie Bravo
Dibujo: Tomado de 451 Illustration - Portrait of Peter Green (Manalishi), apodo en referencia a su canción The Green Manalishi.

miércoles, 20 de agosto de 2014

La guitarra secreta de Noel Redding


Noel Davis Redding nació el día de Navidad de 1945, ya con la seguridad de que la Alemania Nazi había sido derrotada, y en la incertidumbre provocada por los primeros incidentes de la Guerra Fría estalinista.

Fue un niño prodigio, arropado en un hogar de la clase media inglesa que sobresalió en sus estudios mientras demostraba una innata habilidad para instrumentos tan disímiles como el violín, la mandolina y la guitarra, desde su infancia. Noel sorprendía a todos, paso a paso, y forma su primera banda a los 17 años, destacándose en la guitarra solista con un estilo muy singular que llamó la atención de sus contemporáneos, entre ellos los músicos de The Animals, Eric Clapton, Al Kooper y John Mayall.

Al ser un guitarrista de guitarristas, es decir, un guitarrista que más que al público interesaba a sus colegas, Noel Redding se convirtió en uno de los músicos mas solicitados de Londres, donde artistas ya establecidos buscaban un sonido que nadie más tuviera.

Uno de esos artistas no llegó a él por sí mismo, sino de la mano de Chas Chandler, antiguo bajista devenido manager de The Animals. El músico en cuestión era un joven norteamericano encandilado por el Londres de los 60, su nombre era Jimi Hendrix. Chandler le propuso a Redding que tocara el bajo, que dejara las guitarras a Hendrix y reclutó para la batería a un joven británico llamado Mitch Mitchell.

El trío tenía una interesante composición, un guitarrista de blues, un baterista de jazz dado a la improvisación y un verdadero corazón en el bajo, Noel estaba encargado de llevar el tiempo, mientras sus colegas de banda improvisaban con bastante libertad.

Desde las primeras sesiones de ensayo, quedó muy claro que Noel Redding no era un bajista común y corriente: encargó un bajo Hagstrom de ocho cuerdas, con un sonido increíble que se debía a la afinación en pares de octavas de sus cuerdas, y se hizo de un Fender VI, un bajo de seis cuerdas que usualmente afinaba como una guitarra.

En una actuación en el Olympia de París, le quitó la guitarra a un asombrado Keith Richards -que curioseaba tras el telón cómo era el entorno de Hendrix, conectó esa Telecaster al amplificador del bajo y tocó la versión de Red House por la cual Hendrix es más conocido. Esto no fue ni era lo que quería Hendrix, él solo quería un bajista, no un guitarrista de calibre que se portara como un bajista de más calibre aún.

Es curioso como en algunos bootlegs se dice que “Hendrix toca el bajo de ocho cuerdas”, sin decir mucho mas. No se menciona que mientras Hendrix experimentaba con ese bajo, la impresionante guitarra que se escuchaba era la de Noel Redding.

Un músico perfeccionista, decidió que las bandas que abrían para The Jimi Hendrix Experience no estaban a la altura adecuada. Entonces formó Fat Mattress, una banda en la cual tocaba la guitarra prima y que abría para Hendrix. Es decir, tocaba diariamente por unas tres horas frente a un público muy exigente, que no salía de su asombro al ver al guitarrista empuñar un bajo y tocar al lado de un guitarrista de una presencia como la de Hendrix.

La discografía de The Jimi Hendrix Experience está llena de aportes que un oído entrenado puede escuchar, salidos de las cuerdas de la guitarra y el bajo de Noel Redding. Lástima que los créditos de los discos jamás reflejaron esta realidad. Hasta la canción Fire se inspira en el perro de Cathy, la madre de Noel Redding, que robaba el espacio ante la chimenea cuando Jimi Hendrix frecuentaba el hogar de los Redding para componer.

Esta relación se deterioraría muchísimo por diferencias creativas, por la arrogancia de Hendrix en el estudio y sus celos de Redding cuando tocaban en vivo, y también según se me ha dicho en entrevistas privadas, por la relación de Hendrix con los Black Panthers. Éstos comenzaron por chantajear al músico por no ser “lo suficientemente negro” y en un verdadero Síndrome de Estocolmo, Hendrix se rindió a los chantajistas y comenzó a simpatizar con ellos.

Los del Black Panthers se envalentonaron y poco a poco fueron forzando la mano, al punto que los dos británicos llegaban al estudio y encontraban a otros músicos. Todo esto afectó mucho a Hendrix, que era un consumado anticomunista, pero que debido a su afición por las drogas y el alcohol era fácilmente manipulable.

Redding también sospechaba que durante los días de Londres operativos soviéticos de la KGB, infiltrados en la escena de la música y el arte como “emigrados rusos” con una cantidad de dinero en efectivo y una disponibilidad increíble de drogas, estaban poco a poco erosionando a los músicos ingleses y, por tanto, a la juventud del país.

En una entrevista en los años 90, Redding dijo que no le había sorprendido la muerte de Hendrix, y que no le sorprendería que Michael Jeffrey, manager de Hendrix le hubiera asesinado para ganar mucho más con la desaparición del músico y la subida repentina de las ventas de sus discos.

Luego de la desaparición física de Hendrix, Noel Redding forma Road, una banda psicodélica en la ciudad de Los Angeles. Graba un par de discos y de inmediato se enfrasca en una disputa con la familia Hendrix por sus derechos de autor y los créditos de los discos.

Amargado y después de vender su famoso bajo de ocho cuerdas debido a su situación económica, se retira a un pequeño poblado en la República de Irlanda, donde trabaja en el circuito de la música local sin pisar los grandes escenarios otra vez.

Un talento y una gran influencia en muchos músicos británicos y norteamericanos se comenzaba a apagar. Comienza a tocar sets acústicos en bares, y solo en raras ocasiones tocaría de nuevo un set eléctrico con un grupo de amigos, brillando como antes lo mismo en el bajo que en la guitarra.

La vida de Noel Redding llega a su fin en su retiro irlandés el 11 mayo de 2003. Aquejado de cirrosis hepática, su cuerpo cede. Al morir se encontraba aun en una encarnizada disputa con la casa productora que gestiona la publicación de los discos de Hendrix, con los abogados del músico americano, y con la fundación Hendrix comandada por la familia del guitarrista.

La disputa todavía no se ha resuelto, y Noel Redding es uno de los grandes estafados por un sistema de explotación de los músicos que cada día abiertamente se revela como un engendro brutal.

Los teóricos de las conspiraciones culpan de la muerte de Hendrix no solo a los Black Panthers, sino también al FBI, la CIA, la mafia, a los servicios secretos británicos y hasta el bajo mundo londinense.

Más bien, pienso, que fue algo fraguado y ejecutado a distancia por el manager Michael Jeffrey a través matones a sus órdenes. No solo había puesto a Redding y a Mitchell como asalariados sin derechos a nada mas que a un salario semanal, sino que había sacado una póliza de seguro sobre Hendrix, muy jugosa. Hendrix no era más que una propiedad muy interesante para Jeffrey, ya que producía mucho dinero en cada disco o actuación.

Cuando dejó de ser conveniente, precisamente por su adicción -a la cual le habían inducido para manipularlo y controlarlo- ahí mismo decidió sacrificarlo en lo más alto de su carrera. Cabe mencionar que Michael Jeffrey era un ex operativo de los servicios de inteligencia militar británicos. Murió en un accidente aéreo, dejando muchas preguntas por responder.

En cuanto a las simpatías de Hendrix por los Black Panthers, Jeffrey llegó a alegrarse públicamente de que los motines raciales en los Estados Unidos dejaran ciudades arrasadas. De que Washington DC fuera prácticamente asolada e incendiada tras el asesinato de Martin Luther King, está bien documentado, como si una cosa tuviera que ser respuesta a la otra.

También dedicó su canción Voodoo Chile (Slight Reprise) en el disco en vivo en el Filmore West (ya con su otro grupo de Band of Gypsys) a los Black Panthers diciendo que era “el nuevo himno nacional de los Black Panthers” de hecho favoreciendo su causa a un nivel nunca antes imaginado por ninguno de sus asociados.

Para la redacción de este artículo, entrevisté a tres personas del círculo de Redding y la banda Jimi Hendrix Experience que exigieron que respetara su anonimato. Ni varias cartas de Noel Redding que no se me permitió copiar, aunque luego encontré la carta a Jas Obretch en internet. Las tres personas a las cuales entrevisté estaban claramente atemorizadas, y les dejé garantías de no revelar mis fuentes.

Charlie Bravo

Video: Walking Through The Garden, compuesta por Noel Redding, es una de las canciones de las 10 canciones del LP Fat Mattress I, grabado en 1968-69 por la Polydor. Redding es el guitarrista y vocalista; en el bajo, Jimi Hendrix, y Mitch Mitchell en la batería. En 1970 lanzarían Fat Mattress II.

lunes, 18 de agosto de 2014

Gram Parsons



Gram Parsons fue el resultado de un matrimonio de leyendas. Su padre fue el as de la fuerza aérea Cecil Ingram “Coon Dog” Connor y la rica heredera agrícola Avis Snively. Nació el 5 de noviembre de 1946 y le pusieron Cecil Ingram Connor III, y heredó el buen ver de su padre y la aguda inteligencia de la madre. También su alcoholismo, como se vería mas tarde, y la naturaleza trágica de ambos.

Luego del suicidio del padre y el nuevo matrimonio de la madre, adoptó el nombre de Gram Parsons -una versión mas corta del nombre Ingram y el apellido de su padrastro. Su madre murió de cirrosis hepática el mismo dia de la graduación de enseñanza secundaria de Gram, que se vió de repente encargado de su hermana menor, a quien cariñosamente llamaba Graceless Lady, y en varias canciones hace referencia a ella y al sentido de culpa de no haber sido mejor hermano.

Aparte de su paso por The Byrds, con los grandes del folklore americano y por otras bandas, Gram tenía una curiosidad intelectual innata. Estudió teología durante un curso académico en Harvard, y sus andanzas con su nueva banda, The Flying Burrito Brothers, lo llevaron a conocer a los Rolling Stones, para quienes abrió en el infausto festival de Altamont.

De ahí a la vida en el sur de Francia fue solo un paso lógico. En la mansión de Nellcote, donde se habían refugiado los británicos, todo era alcohol y drogas, comida y diversión para los visitantes, mientras los Stones grababan Exile in Main Street. Gram tuvo una gran amistad con Keith Richards, y se dice que Mick Jagger estaba muy celoso de esa amistad, pero en realidad Gram estaba deslumbrado y abrumado por el genio de los “cabecillas” de los Rolling Stones.

Se dice que fue el quien introdujo a Keith Richards en la guitarra country americana, y se dice también que influyó a la banda en unos cuantos temas clásicos, como Honky Tonk Woman, que comenzó a gestarse como Country Tonk, Dead Flowers, y la famosísima Wild Horses. Gram también era un admirador de Merle Haggard y de Elvis Presley, y las proyecciones escénicas de éste y de Mick Jagger le marcaron mucho. Su guitarra eléctrica fue una telecaster, influida por la preferencia de Keith Richards.

Hay teorías encontradas sobre quién influyó a quién. En mi opinión, tanto los Stones fueron una gran influencia para Gram como Gram para la banda.

A pesar de no haber participado en la grabación del disco, por expresa orden de Mick Jagger, la influencia de Gram se escucha en el trabajo de los Stones, y en el trabajo de guitarras que luego desarrollaría Keith Richards con Ronnie Wood. Con Mick Taylor no fue posible desarrollar la técnica conocida como weaving, donde dos guitarristas tocan cosas diferentes al unísono para logar un sonido único.

Era una guerra de egos la de Taylor y Richards. Keith se refugiaba en los balcones de la mansión donde le acompañaba Gram con una guitarra. Muchos dicen que Keith fue lo peor que le pudo pasar a Gram, pero apreciaciones personales aparte, Gram fue lo mejor que le sucedió a los Stones en aquella época. Sin Gram no hubiera llegado el sonido de las guitarras acústicas y la influencia del country a los Stones.

La que hoy sigue siendo la mayor banda de rock en la historia, hubiera solamente bebido del rhythm and blues, del soul, del blues, y las baladas. La fuente del country es la fuente del weaving, de la presencia del slide guitar y el steel guitar, y sobretodo, de los arreglos melancólicos de las guitarras a los cuales contribuyó Keith Richards con su afición por las afinaciones alternativas.

Al misterio de las influencias cruzadas se agrega que no hay crédito como compositor o participante para Gram en ningún álbum de los Stones. Sin embargo, en Burrito De Luxe, el segundo álbum de su banda The Flying Burrito Brothers aparece como número de cierre Wild Horses. Se dice que Mick Jagger se lo permitió con una condición: que no lanzara la canción como single.

El arreglo de las guitarras es un poco diferente, y la voz de Gram suena muchísimo mas melódica que el lamento de Jagger en la versión de los Stones. Claro ha quedado que la devoción de Gram por los Stones le marcó para siempre, es decir por el par de años que quedaban de su corta vida.

Cuando murió, en medio de una borrachera de tequila sazonada con diferentes drogas duras, Gram Parsons no había cumplido los 27 años. Se encontraba con un grupo de colegas y amigos, en el desierto californiano en el área conocida como Joshua Tree. Era el 19 de septiembre del 1973.

Murió sin apenas enterarse de que moría, dejando inconcluso un trabajo con su última banda, The Fallen Angels, y un romance a medio consumar -dependiendo a quien se preste atención- con la entonces muy joven estrella del country Emmylou Harris.

Gretchen Burrell, su viuda, celosa de Emmylou. hizo desaparecer a la cantante de country del ultimo álbum de The Fallen Angels, al menos en los créditos, pero su voz aún se escucha.

Las guitarras de Gram Parsons habían desaparecido casi todas un tiempo antes, en un incendio que devoró su casa en Los Angeles. El fuego tuvo siempre algo mágico para Gram Parsons, sus trajes de escena, diseñado por Nudie Suits -es una referencia a los trajes que veían los aduladores en el emperador desnudo- a veces tenían diseños que incluían llamas.

El cuerpo de Gram Parsons fue birlado de una funeraria de los Angeles por dos de sus amigos, que lo condujeron de vuelta a Joshua Tree. Allí dieron fuego al cadáver, con una mezcla de gasolina y algunos licores, y fueron sorprendidos mientras revolvían el fuego en la improvisada pira. Las autoridades recobraron el cuerpo chamuscado del artista y hoy yace en el cementerio Garden of Memories en Métarie, Louisiana.

En el sitio de la improvisada cremación todavía hoy se encuentran mensajes, licor y guitarras, dejadas allí por los fans del inventor de la Cosmic American Music.

Charlie Bravo

viernes, 15 de agosto de 2014

Cuando el rosado se convirtió en un color psicodélico



Las historias del rock’n roll pasan muchas veces por enemistades, y por amistades que perduran en las más raras circunstancias.

Estos dos extremos los encontramos en la historia de Pink Floyd, una de las mas fascinantes bandas de rock del mundo, donde músicos consumados, artistas incomprendidos, y fanáticos políticos de la izquierda encontraron convivencia, y naturalmente, tuvieron desencuentros casi fatales.

La banda pasó por varias etapas, desde Meggadeaths a The Abdabs, pasando después a ser The Screaming Abdabs, y adoptando el nombre de The Tea Set. Al presentarse a tocar en un club, descubrieron que había otra banda del mismo nombre, y Syd Barrett rápidamente creó los nombres de Pink Floyd Sound y Pink Floyd Blues, por la influencia de dos cultores del Piedmont Blues de Georgia Pink Anderson y Floyd Council que tenía en su colección de discos americanos.

Más tarde, la banda redefinió la alineación y formato con el que ha sido universalmente conocida: Pink Floyd, en un principio formada por cuatro miembros, Syd Barret, Nick Mason, Rick Wrigth y Roger Waters.

Provenían del sofisticado ambiente del arte en Londres, algunos estudiaron arquitectura, luego música y pintura, la filosofía y la literatura ha estado siempre en todos ellos, haciendo de cada uno de los miembros de la banda un verdadero hombre del renacimiento.

Tuvieron un debut con altas y bajas, como todas las bandas de los 60, especialmente si tenemos en cuenta que estaban en medio de un ambiente creativo altamente competitivo, en el Swinging London había cientos de bandas, y solo unas cuantas estarían destinadas a triunfar. Les tocó compartir escena y publico con los Beatles, Rolling Stones, Who, Cream, y muchos otros.

Demostraron, con éxito, estar muy delante de su tiempo, y desde su primer álbum The Piper at the Gates of Dawn, produjeron una música y un espectáculo que quizás tardó algo en ser comprendido. En esa misma época, al deteriorarse la salud de Syd Barrett y al incrementarse su abuso indiscriminado de todo tipo de alcoholes, humos prohibidos y drogas, la banda decidió aceptar a un quinto miembro, el guitarrista David Gilmour, que era uno de los mejores amigos de Syd Barrett.

Los dos habían mendigado en las plazas de España y Francia, pasando el sombrero luego de descargar los más oscuros blues con sus guitarras acústicas, habían ido hasta Marruecos en una aventura hippie, y habían terminado en el hospital por desnutrición, debido al hambre que pasaron durante ese tiempo al descampado.

De inmediato, la banda ya con cinco miembros, vuelve a los estudios y a los escenarios, y el resultado no se hizo esperar, de los Abbey Road Studios salieron con un nuevo álbum, A Saucerful of Secrets que sería el ultimo de Syd Barrett, aunque posteriormente David Gilmour participaría como guitarrista y productor en los dos esfuerzos en solitario de Barrett.

El empuje creativo de Pink Floyd no pasó indadvertido a otros músicos y artistas, y el famoso David Bowie ha citado como inspiración para su persona musical, a nada más y nada menos que Syd Barrett. El director Michelangelo Antonioni los escogió para la música de su película de culto Zabrisky Point.

Ummagumma, Atom Heart Mother y Meddle siguieron en rápida sucesión en 1968, 1969, y 1970 respectivamente, ante el asombro del público y de la crítica, que estaban más acostumbrados al edulcorado sonido de Lennon y McCartney. No se había escuchado nada como Pink Floyd, y mucho menos, nunca se había visto que el espectáculo estuviera diseñado alrededor de la música, el álbum de rock conceptual había sido inventado. Y también el espectáculo audiovisual del rock.

El clásico The Dark Side of the Moon salió a la luz en 1973, después de un período de giras y encierro en el estudio, seguido por el no menos clásico Wish You Were Here, dedicado informalmente a Syd Barrett.

La novela corta de George Orwell inspiró el álbum siguiente, Animals que salió en 1975, y las contradicciones entre Roger Waters, que deslizaba su visión de extrema izquierda en todo lo que hacía y David Gilmour, se hicieron sentir bastante dramáticamente. Gilmour ha dicho que se sintió relegado a un plano sin importancia creativa alguna, y que Roger Waters trató a la banda como si fuese en realidad un grupo de músicos de alquiler para hacer un álbum en solitario.

Las contradicciones se hicieron aún más agudas con las sesiones de grabación que dieron origen, en 1978, a Another Brick in The Wall. Rick Wright estaba completamente frustrado con la banda aunque su trabajo en los teclados no lo refleja así, Nick Mason se limitaba a su batería, Roger Waters decía que no quería ser solo el bajista, que quería ser el artista central del grupo y David Gilmour se encerró en sí mismo y se dedicó a componer para proyectos futuros.

Con la guerra de las Malvinas, Roger Waters creció como extremista de la izquierda, y declaró que Pink Floyd había muerto como fuerza creativa, al ver que sus ideas chocaban con el rechazo de la banda. El material grabado se convirtió en el disco The Final Cut, y finalmente Roger Waters deja la banda en 1984. Irónicamente, como en otra novela de Orwell.

Durante la última década de la banda, de 1985 a 1995, ésta pasa a ser dirigida por David Gilmour, con dos discos de excelente factura como A Momentary Lapse of Reason y The Division Bell, que ya adelantaban el trabajo en solitario que vendría de la guitarra de Gilmour. La banda se mantuvo activa durante esta década con una buena cantidad de conciertos. Hubo reuniones con Waters por parte de los músicos en diferentes reediciones de The Wall como espectáculo, pero ya Pink Floyd había pasado a la historia, con muchísimo brillo y potencia.

El trabajo de Gilmour en solitario ha sido excelente, contando con la colaboración de Rick Wright hasta el deceso de este último. Desde descargas en el estudio personal del Gilmour a bordo de la barcaza Astoria, hasta giras por todo el mundo, Wright fue tan creativo en los teclados como lo había sido antes en Pink Floyd, con una dedicación muy especial. Gilmour siempre rindió homenaje a su amigo Barrett, a quien nunca más pudo ver, por sugerencia de la familia y los médicos de Syd, nada que recordase a Pink Floyd podía serle mencionado.

Hasta su fallecimiento, Syd se dedicó a la jardinería y la pintura, y durante todos esos años, Gilmour se ocupó de que el dinero de sus derechos de autor le llegara y fuera correctamente administrado, a pesar de que nunca volvió a ver a su amigo.

Otro testimonio de esta amistad es que Gilmour siempre toca varios números dedicados a Barrett en cada uno de sus conciertos, como Shine on You Crazy Diamond, y Comfortably Numb. El legado de Barrett no solo aparece en el primer álbum de Pink Floyd, sino en su recuerdo en otros discos, y en sus propias obras The Madcap Laughs, Barrett, y el mucho menos conocido Opel.

Pink Floyd vive en la banda sonora de una época magnífica. Tuve un amigo que siempre me recordó mucho a Syd. Ya murió. Curiosamente, a él di mi colección de discos de Pink Floyd, cuando pensé que me iría de Cuba. Pero él se fue un mes antes que yo. Un mañana, en la puerta de mi casa, dentro de una caja de madera, encontré los discos de vinilo y los cassettes, con una nota manuscrita llena de dibujos que explicaban como él había escuchado estos discos.

En caso que se estén preguntando, sí, mi amigo era un genio. Dibujaba con una soltura impresionante -como Barrett- y tenía también un talento musical que no demostraba nunca. Hablaba poco. Hoy lo hubieran diagnosticado como autista o como alguien que padece el síndrome de asperger. Pero yo lo consideraba un loco genial.

Nunca más nos vimos. Un día nos veremos en algún lugar. Para él solo puedo decir "Shine on, you crazy diamond, I wish you were here". Sé que nos veremos al final del viaje.

Charlie Bravo
Foto: Pink Floyd Timeline (1960-2000). Tomada del blog de Barry Ritholtz.

miércoles, 13 de agosto de 2014

21 años



Una existencia breve no tiene que ser sinónimo de poco tiempo para dedicarse por entero al arte.

La corta vida de Stuart Fergusson Victor Sutcliffe lo demuestra. En el corto período del 23 de junio de 1940 al 10 de abril de 1962, Stu Sutcliffe produjo un impresionante catalogo de pintura, poesía y música.

El joven, de carácter independiente, trabajó hasta de basurero municipal en Liverpool con tal de pagarse sus estudios de arte, en el Liverpool College of Art. Allí conoció entre otros a John Lennon, quien en una oportunidad le pidió “prestados” sus trabajos para incluirlos en su portafolio, iniciando así una carrera de plagiario y extorsionista juvenil.

A través de Lennon, conoce a Paul McCartney, George Harrison, y Pete Best, pues iría al Casbah Coffee Club que funcionaba en el sótano de la residencia de este último. Como Stu tenía conocimientos musicales, ya que de niño había tomado lecciones de piano y trompeta, aparte de disfrutar de la guitarra con su padre, era natural que los ambiciosos jóvenes vieran en él un perfecto candidato para su banda. Decidieron que Stu sería el bajista, y le persuadieron para que comprara un bajo Hofner que desde ese día le acompañaría.

Mientras los otros miembros de la banda con excepción de Pete Best se divertían en la zona de luz roja de la ciudad, Stu se codeaba con el entorno artístico local. Astrid Kirchher era ya una fotógrafa experimentada, y también se hizo amigo de Klaus Voormann, ilustrador y fotógrafo, a quien enseñó cómo tocar el bajo.

Gracias a Stu, Astrid tomó fotos del grupo, y comenzó a influirles en el vestuario. Voormann diseñaría la muy famosa portada del álbum Revolver en 1966 y, treinta años más tarde, la de Anthology 1. También diseñó portadas para otros importantes artistas, y para los demás integrantes de los Beatles luego de la separación de la banda, con la notable excepción de Paul McCartney. También llegaría a tocar el bajo en algunas ocasiones con Lennon después de la separación de los Beatles. Nada mal para alguien que fue el estudiante “del tipo ése que es el artista del grupo” como lo llamaba Lennon, a la vez que se mofaba del estilo minimalista del bajista.

Los Beatles se marcharon de Hamburgo por la puerta trasera con cargos de incendiarios presentados contra Paul McCartney y de violación de las leyes laborales por parte de George Harrison y su empleador alemán, quien adujo que el músico había mentido sobre su edad para ser contratado en un club. Lo mejor que se llevaron de Hamburgo fue el nombre de “Beatles” que fue una invención de Stu Sutcliffe, como alternativa a una larga cadena de nombres propuestas por Lennon.

La partida significó una liberación para Sutcliffe, que ya estaba harto de las críticas de Lennon sobre su apariencia en chaquetas de cuero, gafas Ray Ban y ajustados jeans. Fueran ya las botas de motociclista que usaba, su voz, sus habilidades con el bajo, su corta estatura, todo era un problema. Más bien serían celos, ya que McCartney se unía en la crítica y acusaba a Sutcliffe de ni siquiera saber afinar el bajo. Extrañamente, durante esa época McCartney no se atrevía a tocar el bajo, mientras criticaba constantemente el desempeño de Sutcliffe.

Stu Sutcliffe se quedó en Hamburgo con su novia Astrid Kirchherr. Ya se había integrado en el mundo del arte, y continuaba pintando y experimentando con la fotografía. Fue aceptado en la academia de arte de Hamburgo, donde estudió con Edoardo Paolozzi, un reconocido artista italiano en aquel entonces radicado en Alemania.

Se ha especulado mucho sobre la causa de la lesión cerebral que produjo la muerte de Stu Sutcliffe. Algunos autores se refieren a una pelea a la salida de un club, después de una actuación en la cual un grupo de maleantes la emprendió a golpes contra del bajista. Según esos autores, John Lennon y Pete Best habrían separado a Sutcliffe de sus agresores, pero ni Best hace referencia a esa pelea en sus entrevistas, ni aparece nada en ningún artículo de la época.

Sin embargo, Pauline Sutcliffe, hermana y curadora de la obra de Stu, tiene una versión muy diferente: según ella, su hermano le contó que Lennon un buen día le agredió sin que mediara provocación y desde ese momento, los dolores de cabeza comenzaron y gradualmente se fueron haciendo más fuertes. Interrogado sobre esta versión, Paul McCartney dijo haber “olvidado” si el incidente ocurrió o no.

A mi juicio, quien calla otorga. Naturalmente, Lennon no fue al funeral de Sutcliffe, ni envió flores o notas a su novia o la familia del artista. Sin embargo, colgó un par de sus obras en una de sus casas. Además de tratar infructuosamente de convertirse en amante de Astrid Kirchherr.

Charlie Bravo

Foto: Stuart Sutcliffe, autorretrato. Tomado de Cincuenta años sin el único 'quinto beatle'.


lunes, 11 de agosto de 2014

Campo Florido



Eso es lo que significa en castellano la versión inglesa del apellido alemán Blumfeldt, que en Estados Unidos fue transformado en Bloomfield. Y ése era el apellido de un señor llamado Michael Bernard, que fuera amigo de Al Kooper, inspirador de la famosa banda Blood, Sweat and Tears: Sangre, sudor y lágrimas.

Nacido el 28 de julio de 1943 en Chicago, Mike Bloomfield era un muchacho judío que se ganó su puesto como guitarrista de blues entre los negros del South Side, como se hacía en los viejos tiempos: a puñetazos, fumadas de 'hierba' (marihuana) y tragos de Moonshine (whisky clandestino). Y claro, con el sonido muy especial de una guitarra, ya que sus habilidades atrajeron a los grandes entre los grandes como Muddy Waters, Herbert Sumlin, y Buddy Guy.

Rápidamente, noticias de su destreza guitarrística cruzaron el Atlántico y músicos como Eric Clapton y Keith Richards no tardaron en demostrar su admiración. Mike Bloomfield admiraba muchísimo a Peter Green, el dios verde, y se sentía privilegiado por la admiración de Clapton y Richards.

Entre los grandes, B.B King se quitaba el sombrero ante él, y Mike Bloomfield encontró un amigo cercano en Bob Dylan, que decía que la guitarra de Bloomfield vivía y era fluida, orgánica, y cuanta razón tenía. La afirmación viene tras la mayúscula sorpresa que se lleva Dylan al escuchar la versión instrumental de su clásico “Like a Rolling Stone” interpretada por Mike Bloomfield.

Al Kooper, gran guitarrista también, dejó libres las cuerdas para Bloomfield y se sentó al teclado del órgano, como dando lugar respetuosamente a quien consideraba un guitarrista excepcional con mucha razón. Bob Dylan quedo fascinado, y llevo a ambos músicos a trabajar con él como músicos de sesión y en algunos conciertos.

Se dice que amó intensa y secretamente a Janis Joplin. La cantante buscaba su compañía constantemente y también le dio un la oportunidad de tocar con ella en el Kozmic Blues, la banda que la secundaba en sus actuaciones en vivo. Maestros del blues como Taj Mahal, Stephen Stills, Johnny Winter y tantos otros, buscaban todo tipo de oportunidades para tocar con Mike. Nunca rehusó Bloomfield a descargar con sus amigos músicos ni en publico ni en privado. No buscó la fama, no le interesaba.

Siendo un individualista, Bloomfield no estaba demasiado interesado en formar grupos, le complacía muchísimo más ser un solitario. Actuar en solitario, y en su soledad consumir las drogas que serían su demonio particular hasta el día de su muerte en San Francisco, el 15 de febrero de 1981.

En los cortos años que duró su carrera, se puede escuchar una gran variedad en su vocabulario melódico, con un tono privilegiado que sacaba de una vieja Les Paul. Con Al Kooper tuvo una colaboración intensa y éste llegó a invitar a otros músicos de renombre a tocar con él, también con Paul Butterfield, y con su propia banda Electric Flag, que duró muy poco.

Lo que verdaderamente interesaba a Mike Bloomfield era el blues de la vieja escuela. Como bluesman vivió y como bluesman murió. Sus descargas fueron siempre legendarias y muchos músicos llegaban al extremo de no tener un compromiso en los escenarios o los estudios el día o la noche en que Bloomfield actuaba en algún lugar.

A los grandes gustaba decir que el chico, 'the kid', podría ser blanco, pero que cuando tocaba, los negros palidecían ante su música. Sus actuaciones terminaban siempre en un clímax donde las mujeres bailaban descalzas, lo mismo sobre una mesa, que sobre el mostrador de un bar, o los pulidos suelos de la pista de danza.

Bloomfield, ensimismado, solo se ocupaba de dar algo más al publico, más música para más baile. Perdido en sus fantasías , todo lo que Mike deseaba era que otros músicos le escucharan tanto como les escuchaba él. Del frenesí del rock and roll, pasaba a la melancolía del blues, y al soñar del estilo psicodélico. Todo quizás en la misma pieza musical.

Su estilo no dependía de sofisticados efectos, ni se disfrazaba para actuar. Llegaba, conectaba su guitarra, y se perdía en un discurso melódico que devenía como otra voz en el grupo. Su versión de Dear Mr. Fantasy le muestra como un genio de la improvisación que no solo cubre el clásico tema de Traffic, sino también incluye una línea de las armonías de Hey Jude, antes de lanzarse en un diálogo con el bajo y el teclado.

Todos los que hemos escuchado con atención a Mike Bloomfield podemos decir que uno de sus conciertos más esperados y mas exitosos, fue aquel en que se reúne con su viejo amigo Paul Butterfield, en el teatro Fenway de Boston. Los dos músicos llegaron a establecer un dialogo que solo se había visto antes en músicos de la talla de James Cotton y Muddy Waters.

La voz y la armónica de Paul Butterfield literalmente le hablan a la guitarra de Mike Bloomfield y se complementan, del mismo modo en que dos cantantes hacen un dueto, son ellos quienes prácticamente borran las líneas definitorias de la raza en el blues de Chicago, tanto como los albinos Johnny y Edgar Winter habían borrado las diferencias raciales en el blues de Texas.

Mike Bloomfield terminó sus días alejado de la música. Las drogas duras lo habían destruido. Se sospecha que hasta el capítulo final de su vida está envuelto en misterio: a pesar de haber aparecido muerto tras el volante de su auto, la cantidad de drogas que tenía en su torrente sanguíneo no le habría permitido jamás ni siquiera caminar hasta el automóvil.

Alguien lo subió aún con vida al auto y lo colocó tras el volante, donde murió de una sobredosis. Se dice que dos hombres de mal aspecto le buscaban en aquella época. Quizás se lo llevaron de este mundo, pero Bloomfield nos dejó el campo florido de su música, resultado de ese largo viaje que fue su corta vida.

Charlie Bravo

Foto: Portada de It's Not Killing Me el primer disco de Mike Bloomfield, grabado en 1969 en los estudios de la Columbia en San Francisco.

viernes, 8 de agosto de 2014

La elegancia de la música en el danzón, el jazz y el blues


He visto a unas cuantas personas bailar sin moverse, desde un tipo al cual mi amigo McKenzie llamaba el embajador de Jamaica en la Habana -finto embajador, por cierto, más bien embajador del reggae y los humos prohibidos.

Era un negro corpulento, que parecía no tener peso, que reinaba desde un trono sacado por una puerta trasera de un palacio habanero, y colocado ante una pared descascarada frente a unas cortinas púrpura levantadas piadosamente del obispado.

Este señor, Hawthorne de apellido, Juan de nombre, bailaba sin moverse. O moviendo solamente el dedo meñique de su mano derecha mientras Bob Marley y Peter Tosh reinaban en su stereo, sin soda ni coda.

También vi, en uno de los exilios a una santera cubana y a una santera bahiana, enfrentadas. Bailaban las dos sin moverse, con el temblor de la carne poseída por espíritus opuestos, echando abajo el sonido de los tambores en un almacén abandonado de la Florida.

Vi todo, pero no vi jamás la elegancia de una pareja de baile en un apagón en La Habana, un matrimonio anciano, oloroso a lavanda y talco, que bailaba sobre una sola losa un danzón al son de un radio Zenith de la prehistoria -o del tiempo de la verdadera historia de Cuba.

Esa elegancia la vi dos veces más, en lo que llevo de vida: en un salón de New Orleans, cuando una mujer de ya avanzada edad bailaba sin moverse. Más se movían los helechos y las aspas del ventilador de techo, pero ella bailaba solamente con los labios y unas contracciones de las mejillas, mientras el jazz sonaba a danzón y los músicos llevaban el ritmo con movimientos casi imperceptibles.

Se llama elegancia eso de bailar sin moverse. Y como escribió Guillermo Cabrera Infante, la música en las Américas llega de verdad con los conquistadores, y el baile de verdad llega con los conquistadores y los negros, que el baile indígena al menos en el caso de Cuba, el areíto, era solo un amago de seguir con el paso el ritmo de un tambor.

La música en las Américas, Guillermo dixit, es el resultado del ritmo del negro, de la música del blanco, de la imaginación del mulato, combinado unos con otros. El escritor nos cuenta que de las Américas llega solo una influencia notable -y viva- hasta Europa de la música que se renueva y recrea bajo estas condiciones de negro, blanco y mulato en Estados Unidos, Cuba y Brasil. A lo cual agregaría Jamaica por lo del reggae, y más tarde a la Argentina de las idas y vueltas que llevan al tango.

Pero no es el tango, ni el bolero, ni otros ritmos lo que hoy me ocupa. Es el danzón y el jazz, el blues y la elegancia. La elegancia, como la de un maestro llamado Bebo Valdés, cuyos danzones fueron legendarios, tal como fue su jazz.

Antes quiero hacer un desvío y llegar al único lugar donde se baila sin moverse en Europa, que es España. Hay bailarines flamencos que caen en trance -¿se llamará trance jondo?- y que detenidos de cuerpo entero se lanzan solos y sólo en una danza de ojos y manos.

Bailan con los párpados y un rictus de satisfacción, y muñecas y dedos hacen el resto. Y los chulapos de Madrid, que bailan el chotis en que el hombre está tieso sobre una losa y la mujer lo guía, bailando alrededor suyo y haciéndole girar de un modo mágico.

De todo esto me acuerdo cuando Paquito D’Rivera, definiendo la ecuación de Cabrera Infante toma la escena en Madrid con Chano Domínguez y también, de esto hay mucho en New Orleans, cuando uno ve a un músico callejero que inmóvil casi entona un lamento de blues y cuando más allá de todo, le avisan a uno que hay un entierro o una celebración en el cementerio de Saint Louis, y allí cerca de la tumba de la dinastía musical Marsalis, se concentra una banda de jazz de marcha que toca piezas melancólicas que despiden de la vida a una persona a la vez que celebran su tiempo sobre la tierra.

Por cierto, el panteón de los Marsalis reza en creole “Muzik, Eglis, Biznis”, o literalmente música, iglesia y negocios. Pero con elegancia, mucha elegancia, que es una de las marcas más decididamente atacadas en este mundo de vulgaridad que habitamos hoy.

En fin, que hasta en la mítica New Orleans han dado estocadas mortales a la elegancia, para imponer la vulgaridad y el estropicio cultural.

Entre los defensores a capa y espada del jazz y la elegancia -que no son tantos- están los Marsalis. Y de la mano del heredero de la dinastía, devenido rey del jazz de New Orleans, Wynton Marsalis llega Eric Clapton a un concierto donde ambos tocan el blues, con la elegancia que puede conferir y confiere el jazz de New Orleans, que no es ése de los clubs para turistas. El de verdad, que vive solamente en los sentidos musicales de pocos hombres y mujeres.

Marsalis tuvo a bien invitar a Clapton hace ya un par de años a tocar con él, nada más y nada menos, que en el Lincoln Center de New York. Clapton aceptó ponerse al frente de la banda en paralelo con Marsalis y los resultados son sorprendentes.

Desde temas muy tradicionales hasta la famosa Layla, ese lamento de amor a la mujer que en aquel momento era inalcanzable, todo va de jazz a blues, con elegancia propia de los maestros. Y escondido tras las notas del jazz se nota que el danzón hace de las suyas en las mentes de los músicos. No sé si consciente o inconscientemente, pero ahí está el danzón.

Y me vienen a la mente mujeres elegantes, que marcan el paso en solo unos centímetros de pavimento, y que saben donde ir a cada vuelta, y qué hacer a cada compás. No se imagina uno cuán minimalista es el danzón, a pesar de las frases musicales de tanto vuelo. O el jazz, que también puede ser increíblemente minimalista.

Tan importante como las notas que se tocan son las que no se tocan, los silencios, bien combinados con el sonido, en el tempo justo, en las medidas del compás dan como resultado una música que es exclusivamente acerca de la elegancia.

Es por eso que la vulgaridad de la política siempre resulta letal para el arte. Aunque el arte es político, solo resistirse a ser vulgar es una posición política impresionante que toman los artistas verdaderos.

Charlie Bravo

Cuadro del pintor mexicano Carlos Orduña Barrera (Hidalgo, 1946). Tomado del blog Forma es vacío, vacío es forma.