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martes, 22 de julio de 2014

Recordando a Myriam Acevedo



El lunes 22 de julio de 2013, dejaba de existir en Roma una de las más grandes actrices del teatro cubano, Myriam Acevedo. Tenía 85 años y se fue con la misma dignidad con la cual vivió.

Hasta el final, fue consecuente con su forma de pensar, algo que vale la pena resaltar en estos tiempos, donde por todas partes encuentras personas falsas, mediocres, ostentosas, hipócritas y egoístas.

Desde muy niña, Myriam supo convivir con el talento, la fama y los aplausos. Nunca necesitó fingir, alardear, halar leva, caerle atrás a nadie ni aceptar cualquier cosa con tal de viajar, ganar más y vivir mejor.

Esa mentalidad 'pacotillera' que desgraciadamente ha echado raíces en determinados cubanos, nunca tuvo cabida en una mujer que en 1928 vino al mundo en Güines, un poblado en las afueras de La Habana.

Myriam Acevedo nació y vivió por y para la escena, musical, teatral, cinematográfica o televisiva. También por y para la defensa de los derechos humanos. A diferencia de otros disidentes y exiliados, ella no se dejó arrastrar por organizaciones que por tal de conseguir destaque y engrosar sus fondos, inventan talleres y conferencias en Estados Unidos y Europa.

Con una vida tan rica y profunda, con tanto que tenía para contar, no le gustaba ser entrevistada. Según una vieja amiga de Myriam, "ella sentía pavor a dar entrevistas y luego la tergiversaran o la manipularan. Me llamó la atención que te diera esa entrevista. Es que Myriam era muy intuitiva y sabía seleccionar".

Pues sí, tuve la suerte de que Myriam confiara en mí y me concediera una entrevista vía email. La titulé Todo vuelve al principio y el 29 de enero de 2009 salió publicada en Penúltimos Días. Cuatro meses después, la reproduje en mi blog.

En IMDb encontré datos sobre su participación en el cine y la televisión. En 1972, fue Fermina en Man of La Mancha, versión musical de Don Quijote de La Macha, protagonizada por Peter O'Toole (Don Quijote) y Sofía Loren (Dulcinea). En 1974, hizo el personaje de Gabrina en un capítulo de Orlando furioso, serie televisiva italiana. En 1975, interpretó a la supervisora Alice en Le orme, cinta de ciencia ficción. Y también en 1975, formó parte del elenco del drama fílmico Orestea, donde hizo el papel de Erinni.

Aunque no volvió a pisar su tierra natal, Cuba siempre estuvo en su corazón. Por eso me ha alegrado descubrir en internet dos textos redactados por cubanos: Myriam Acevedo: convertir en teatro la canción, de Pedro Enrique Villarreal, estudiante de segundo año de Teatrología, y Myriam Acevedo: toda una vida, de la socióloga e investigadora Esther Suárez Durán, que termina así su escrito:

"Quienes la conocieron a través de su vida la han calificado de mujer elegante, cosmopolita, carismática, muy pendiente de los cambios de la moda. A lo que se añaden los criterios de culta, inquieta, rebelde, renovadora, transgresora, excéntrica. Creo que todos coincidirían en entenderla como una amante de la vida y una artista excepcional, una grande entre las grandes del teatro cubano, y como una persona capaz de fundir en un solo espacio y tiempo, vida y teatro".

Es precisamente en la isla donde un día habrá que rendirle los homenajes que Myriam Acevedo se merece. Mientras, la periodista y crítica teatral Rosa Ileana Boudet, residente en Estados Unidos, le rendirá un tributo en su blog Lanzar la flecha bien lejos, donde ya el año pasado publicó Miriam Acevedo antes y después de Las criadas.

Familiares y amistadas cercanas a Myriam me han dado las gracias por esa entrevista de 2009 y por mantener mi interés y respeto hacia ella después de su muerte. Con toda sinceridad se los agradezco.

Pero es a Myriam Acevedo a quien hay que dar las gracias. Por el ejemplo que dejó a los cubanos que no hemos cogido a la patria ni a la lucha por su libertad y democracia, como un medio para aumentar nuestros currículos y, mucho menos, nuestros bolsillos.

Tania Quintero
Foto: Anuncio del recital ofrecido por Myriam Acevedo el 26 de enero de 1965 en el teatro Amadeo Roldán, situado en El Vedado, La Habana. Después de un recorrido por Europa, que concluyó en el Edinburgh Festival Fringe, el cineasta Rogelio París le propuso a Myriam presentar un concierto de canciones y textos. Entre los títulos figuraron Se equivocó la paloma, Tous les garçons et les filles, La macorina y una canción infantil portuguesa. En 1966 ella participaría en el Festival de Música Cubana y ese año iniciaría en El Gato Tuerto sus espectáculos de música y teatro. Se dice que la Acevedo fue una de las pocas cantantes cubanas que en público interpretó el repertorio de The Beatles. La foto y los datos fueron tomados de Cubarte.

lunes, 21 de julio de 2014

Tremendo tupe



Sin sonrojarse, Yoani Sánchez dijo que "Twitter ha abierto un camino al periodismo independiente en Cuba". Lo dijo en Talking about Twitter 2014, evento tecnológico celebrado el 5 y 6 de junio en Granada, Andalucía, España. Si mi padre viviera, diría que es una 'desguatacá', como solía decirle a las personas sin vergüenza (que no es lo mismo que sinvergüenza).

Parece que ella no sabe -o se hace la que no sabe- que el periodismo independiente surgió en La Habana, hace ya más de veinte años, cuando en la isla teníamos que dictar las noticias por teléfono, no teníamos computadoras ni celulares y en 1999, dos de Cuba Press lo que tuvimos fue un fax.

Como en La Víbora éramos tres los que escribíamos para Cuba Press (Ariel Tapia, Iván García y yo), Raúl Rivero decidió darnos uno (el otro se lo dio a Ricardo González Alfonso, a cuyo domicilio acudían periodistas de otros barrios habaneros y del interior). Ese fax lo pueden ver en la foto que aparece en Cuando no existía Twitter ni Facebook, de Iván, publicado en diciembre de 2011 en su blog.

El tupe que la bloguera soltó en Andalucía, se contradice con lo que en ella o el marido dicen en Granada se tiñe de azul: "En el caso de Cuba, la herramienta (Twitter) ha tardado en extenderse debido a las dificultades para acceder a Internet. Sin embargo, el activismo social ha encontrado en sus breves mensajes un camino para la denuncia, el reporte de violaciones de derechos humanos y la narración de sucesos silenciados por la prensa oficial. Una pequeña comunidad de unos 150 twitteros independientes envía mensajes a través del servicio de SMS desde sus teléfonos móviles y sin acceso a la red de redes".

Sin embargo, sin pestañear mete la guayaba de que Twitter "le ha abierto un camino al periodismo independiente". Manda timbales. Según Wikipedia, Twitter surgió en 2006 y en ese año, dudo que ella supiera sobre su ahora adorado 'pajarito azul' y menos que lo tuviera. Su blog lo abrió en abril de 2007, pero su 'tuitermanía', no tiene más de cuatro años.

En noviembre de 2009, a raíz del 'secuestro estilo camorra napolitana", cuando Iván la entrevistó para El Mundo, ella era adicta a pasar SMS. Su adicción a Twitter vino después. Pasar tuits en Cuba no es gratis. "Tuitear cuesta una fortuna en Cuba" decía un titular de El Universal de México en octubre de 2010. En abril de 2013, se divulgaban los 5 trucos de Yoani Sánchez para tuitear desde Cuba.

Tupes, guayabas, trucos... De lo que ella no habla es de guaniquiqui. En ese evento granadino debe haber cobrado no menos de 10 mil euros, si tenemos en cuenta que en 2013 ella se negó a viajar a Italia porque 'solo' le ofrecían 5 mil euros por dos conferencias.

En la web de Talking about Twitter tenía 3 comentarios, uno de ellos, de Juan Carlos Díaz Osorio: Decir que Yoani Sánchez es una bloguera influyente es una gran mentira. En Cuba nadie la conoce y no influye en nada. Creo que es una creación bien costosa, eso sí, y los premios le han servido para inflar un gran globo. Habla de ser perseguida en Cuba y entra y sale del país sin ser molestada. Algún día ustedes también se darán cuenta que es una manipuladora a quien solo le interesa el dinero. No me crean a mi, creánle a Gordiano Lupi, periodista italiano de L´Stampa, quien fue su traductor hasta hace un mes.

Los tupes, guayabas y trucos son inadmisibles en alguien que, como ella, se cree que tiene a dios (o al moringuero) cogido por la barba. Lo que es indignante es esto que dijo: "Algún día, cuando Cuba cambie, habrá que hacer un monumento a ese pequeño animalito -en referencia al pájaro azul, logotipo de Twitter- que nos dio libertad de información".

Así que un 'monumento' al pajarito azul que 'nos dio libertad de información'. Para que analicen y piensen los que todavía tienen dudas sobre ella.

Los periodistas independientes cubanos no queremos monumentos ni premios ni diplomas ni medallas. Solo aspiramos a que dentro y fuera de la isla, se reconozca que desde mediados de los años 90 del siglo XX, decenas de mujeres y hombres de la capital y provincias, muchos sin experiencia en el periodismo, empezamos a denunciar la represión y contar la realidad de Cuba y su gente.

Uno de esos tipejos anónimos que dejan comentarios en mi blog, dijo no entender el 'odio' que yo le tengo a YS. No, yo no odio a Yoani Sánchez, no deseo que se muera ni que la maten, como mataron a Laura Pollán y Oswaldo Payá. Mucho menos le tengo celos y envidia a una mujer que ya quisiera, por un día, tener mi trayectoria laboral de 37 años (1959-1996), mi experiencia como periodista oficial primero e independiente después, y desde hace diez años, el status de refugiada política en Suiza, el país más exigente a la hora de dar asilo político.

Pero lo que me pasa con Yoani Sánchez, es lo mismo que me pasa con todas las personas poseedoras de egos desmesurados estilo Fidel Castro, soberbias, deshonestas y carentes de humildad. Como dice el refrán, "que la compre quien no la conozca".

Aprovecho para agradecer a mi colega María del Carmen Carro la defensa que hizo de varios periodistas independientes, entre ellos mi hijo Iván y yo, en su respuesta a Miriam Celaya. Después de mi escrito del otro día, por amistades habaneras supe que si alguien entre los periodistas independientes siempre han defendido a la Celaya ha sido Iván García. Y hasta me contaron de una laptop que en 2009 ella tuvo gracias a mi hijo, quien a diferencia del matrimonio Sánchez-Escobar, que mientras más tienen más quieren, Iván es desprendido y generoso.

Pero es lo que trajo el barco castrista: personas malagradecidas y desmemoriadas.

Tania Quintero
Foto de Yoani Sánchez tomada de #tatgranada.

viernes, 18 de julio de 2014

El verdadero periodista no piensa en fama ni en dinero



El periodismo es un oficio. Y como todo oficio, es remunerado. Pero el verdadero periodista no está pensando en alcanzar la fama ni cuánto le van a pagar por su labor, si no en documentarse, buscar testimonios interesantes, escribir textos enjundiosos, informativos y amenos. Y que no queden en algo "sin duende ni salero, ni palmá, ni paso bueno, ni ná", como dicen en Andalucía. Este dicho de los andaluces le viene como anillo al dedo a sitios que con grandes presupuestos, a la hora de la verdad, han resultado mucho ruido y pocas nueces.

Todos los oficios estén repletos de historias, tal vez no tantas como las periodísticas. El 5 de mayo de 2011, Iván envió a El Mundo, periódico donde entonces era colaborador, un trabajo titulado Lino, el habanero que cura con los dedos. No lo publicaron y tres días después se subió al blog Desde La Habana.

De la existencia de Lino Tomasén yo me enteré a fines de los 80, por el ingeniero José Ramón López, que era amigo de Lino. López es especialista en nutrición y en 1988, aceptó asesorarme para una serie de seis programas Puntos de Vista que entre los dos diseñamos sobre la alimentación. Solamente pudimos hacer tres: Comer para vivir, Vivir para comer y Algo más que comer. Aquella experiencia la recordé en Comiendo para sobrevivir, entonces yo reportaba desde Cuba como periodista independiente y el 26 de mayo de 2002 El Nuevo Herald la publicó (y que, por cierto, nunca cobré). Siete años después, ya en Suiza, la reproduje en mi blog.

Cuando el 8 de marzo de 1991, pistola en mano, agentes de civil de la Seguridad del Estado irrumpieron en nuestra casa y se llevaron detenido a Iván, yo había terminado de realizar Guajirito soy, un programa Puntos de Vista sobre los 'palestinos', como ya le decían a los orientales que emigraban a la capital. El entrevistado principal era Silvio Rodríguez y el programa lo abría un zoom del río Ariguanabo. De fondo puse Llegué por San Antonio de los Baños.

Después de la detención de Iván, en el ICRT pedí un 'año sabático', para dedicarme a un viejo proyecto: investigar sobre Erich Kleiber, uno de los grandes directores que en la década de 1940 tuvo la Orquesta Filarmónica de La Habana. El 'año sabático' se convirtió en 'tiempo definitivo'. Aunque estaba al margen de las "actividades contrarrevolucionarias" que supuestamente realizaban Iván y tres amigos más del barrio, a partir de ese momento, 8 de marzo de 1991, el Departamento de Seguridad del Estado me puso en su lista negra (y en la cual todavía sigo).

Hasta el 4 de abril de 1996, cuando me despidieron del ICRT, "por hablar" por Radio Martí, todos los meses iba a cobrar mi salario de 250 pesos mensuales, el más alto que tuve (el más bajo fue el de 47 pesos en 1959, los posteriores variaron entre 163, 198 y 211 pesos).

Como la comida ha sido, es y (mientras los Castro sigan en el poder) seguirá siendo el gran problema de Cuba, Iván ha escrito cuantos trabajos sobre el tema, entre ellos, Lo que cuesta comer en la isla; Los cubanos gastan el 80% de sus ingresos en comer; Cuba: la comida tradicional está desapareciendo y En Cuba el problema sigue siendo la comida.

Si se toman la molestia de leerlos, encontrarán datos sobre precios de los alimentos, en pesos y divisas, o cuotas de distribución por la libreta de racionamiento. Pero no con tantos detalles, como uno mío de 1997, La canasta del cubano, publicado el 8 de octubre de 1997 en Cubafreepress. Diecisiete años después, por la abundante información ofrecida, aún resulta útil.

Lo mismo ocurre con un post de mayo de 2011 de Iván, titulado En La Habana se come bien... si se tiene bastante dinero. Confeccionar ese listado de precios y productos no resultó fácil. Valga aclarar que por mi trabajo de 1997 sobre la canasta básica y por ese listado de Iván en 2011, no recibimos un centavo.

Gracias a Dios, ni Iván ni yo tenemos el signo del dólar o del euro en la frente. Lo que nos importa es que textos laboriosos como ésos, han quedado como testimonios de una dictadura, un país y su gente.

Tania Quintero

Foto: Jorge Olivera Castillo, periodista y escritor, fundador de la agencia de prensa independiente Habana Press. En abril de 2003 fue condenado a 18 años de privación de libertad y por razones de salud fue excarcelado en diciembre de 2004. Es el único de los periodistas independientes condenados durante la Primavera Negra de 2003 que permanece en Cuba. Tomada de El elogio del reportero. Leer también: La mala suerte de Olivera y Carta inédita a Jorge Olivera.

miércoles, 16 de julio de 2014

La prensa independiente: baluarte de nuestra futura democracia



Al historiador corresponde la difícil labor de desentrañar la verdad utilizando para ello, además de su propia experiencia e interpretación de los hechos, toda la información recogida a través de diferentes vías y medios. Es una tarea dificultosa y complicada pues el más minúsculo desliz puede poner en evidencia la imparcialidad e incluso la reputación del historiador.

Generalmente quien escribe la historia no es precisamente su protagonista e incluso puede pertenecer al bando de los perdedores. No siempre los ganadores tienen ese privilegio.

La historia de Cuba posee una característica esencial de acuerdo a los “ajustes” e “interpretaciones” conferidos por la propaganda oficial. Según esos “enfoques”, el descubrimiento de Cuba se trató de un hecho fortuito, un albur histórico. Jose Martí no fue el gran alentador de las ideas democráticas e independentistas, sino el autor intelectual del asalto al Moncada. El Partido Comunista siempre contó con el abrumador respaldo de la sociedad cubana, cuando en realidad solo alcanzaba, si acaso, el dos por ciento de aceptación en las contiendas electorales. Cuba era un país habitado por analfabetos, prostitutas y enfermos. La economía cubana estaba absolutamente dirigida por los grandes monopolios estadounidenses y la política exterior de Cuba se diseñaba en Washington. El embajador de Estados Unidos tenía más poder que el presidente de la Republica.

De acuerdo con esas “interpretaciones” Cuba era un fantasma aleteando sobre las aguas del mar Caribe, un espectro al que solo salvaría del fuego eterno un predestinado, un visionario, un redentor llamado Fidel Castro Ruz y su corte de ángeles y arcángeles.

La historia de Cuba comenzó a escribirse, entonces, el 1 de enero de 1959. Todo lo acontecido antes de esa fecha tenía un carácter delincuencial e indigno. Nadie quedó a salvo de la guadaña castrista pues el propósito consistía dejar a Cuba sin historia, y cuando un país pierde su historia lo pierde todo.

¿Fue posible mantener durante mucho tiempo aquella tergiversación y adulteración de la historia? Mucho antes del derrumbe del Muro de Berlín, incluso antes de que el debilitamiento del bloque soviético se hiciera más evidente, aparecieron en Cuba los retoños de un nuevo tipo de historiadores, inspirados en los padres fundadores del periodismo cubano, cuyas raíces se extienden más alla de los primeros intentos por sustraer a Cuba de su condición colonial. Aquellos rebrotes florecieron y recibieron el nombre de periodistas independientes.

¿Quiénes fueron los que instauraron, sin proponérselo, un nuevo enfoque de la historia? Los periodistas independientes. ¿Quiénes sacaron a Cuba del ostracismo y la manipulación? Los periodistas independientes. ¿Quiénes han contribuido a que las futuras generaciones tengan una referencia crítica e imparcial de la tragedia que ha ensombrecido a la nación cubana? Los periodistas independientes.

Muchos de esos periodistas independientes jamás habían redactado una noticia y no poseían la formación profesional que los calificara para ejercer el peligroso oficio. Solo contaban con la esperanza de sacar a Cuba de la oscuridad. Otros conocían los entretejidos del periodismo oficialista, cargado de consignas vacías y censura, incluso conservaban diplomas, títulos, reconocimientos otorgados por los medios oficiales. Habia de todo en aquel abigarrado escuadrón de partidarios de la verdad: poetas, narradores, ensayistas, críticos de cine, filósofos, trabajadores portuarios, escenógrafos, diseñadores, empleados de hotel, mecanógrafas y vendedores de caramelos cuyo apego a la autenticidad será reconocido por la historia.

Raul Rivero conoció el reducido espacio concedido a la creación periodística y decidió apartarse de aquella demoledora herramienta pulverizadora de talentos y devociones. Y creó Cuba Press. Le siguieron Jorge Olivera (Habana Press); quien redacta estas líneas (Lux Infopress); Carmelo Díaz (Agencia de Prensa Independiente Sindical de Cuba); Luis López Prendes (Buro de Prensa Independiente); Ricardo Gonzalez (Asociación de Periodistas “Manuel Márquez Sterling); Manuel Vázquez Portal (Agencia Decoro); Juan Gonzalez Febles y Luis Cino, fundadores del periodismo independiente desde el año 1995 y creadores en 2007 de la revista “Primavera”; Luis Rolando Arroyo, Edel Jose García, Iván García, Manuel Antonio Brito, Victor Manuel Domínguez, Tania Díaz Castro, Carlos Rios, Normando Hernández, Tania Quintero, Ana Luisa López Baeza y cientos de colaboradores anónimos dispersos por toda la isla.

Alcanzó el periodismo independiente un nivel de popularidad y credibilidad tan elevado, que el régimen infiltró en sus filas a un reducido grupo de envilecidos delatores cuyos nombres ya nadie recuerda, ni sus amos que los desprecian. Como los romanos.

Jamás en nuestra breve pero fructífera historia republicana se desató una ola de represión como la que se lanzó contra los periodistas independientes. Decenas de ellos fueron enviados a la cárcel en la llamada “Primavera Negra” del año 2003. En los ilegales registros practicados a sus hogares no encontraron artefactos explosivos, ni armas de fuego, ni panfletos incitando a la violencia. Solo hallaron notas de prensa, entrevistas, anticuadas máquinas de escribir, textos religiosos, fotos personales y familiares, publicaciones sobre derechos humanos, cámaras fotográficas y poemas de amor. Fue suficiente para que los condenaran a largas penas en unos procesos sumarísimos como si se hubiese tratado de peligrosos delincuentes internacionales sin la menor posibilidad de una defensa imparcial e independiente.

Muchos de esos valientes continúan trabajando dentro de Cuba mientras otros eligieron el camino del exilio. Todos merecen nuestro eterno agradecimiento.

Gracias a ellos la prensa independiente continua viva, como un baluarte de nuestra futura democracia.

Vicente P. Escobal, Miami
Cubanet, 29 de mayo de 2014.
Foto: Diciembre de 2002. 'Oficina' que Ricardo González Alfonso (derecha) tenía en su casa, en la barriada habanera de Miramar, poco después de la salida del primer número, impreso, de la revista De Cuba y cuya realización le costara 7 años de cárcel. En julio de 2010 fue excarcelado y deportado a España, donde continúa viviendo. A la izquierda, Luis Cino Álvarez, quien actualmente escribe para Primavera Digital, Cubanet y su blog Círculo Cínico.

lunes, 14 de julio de 2014

Todos tenemos derecho a hablar, escribir y opinar libremente



El mismo derecho que tiene Miriam Celaya a defender a sus amigos Reinaldo Escobar y Yoani Sánchez y a la web con nombre de posada habanera que sin pena ni gloria está en la red desde el 21 de mayo (y que si el régimen la bloquea en la isla es para darle importancia, sobre todo en el exterior, que es de donde procede el dinero, y que si Granma mencionó a la bloguera es para aumentarle su cotización en el mercado cubanoamericano de valores), lo tenemos el resto de los habitantes del planeta Tierra, que el 5 de junio, se vistió de naturaleza para celebrar el Día del Medio Ambiente.

En el mejor estilo castrista, tirando puyas y ataques al vuelo, en un texto largo y denso titulado A quienes sirva el sayo..., Miriam Celaya debuta como vocera de sus amigos Reinaldo Escobar y Yoani Sánchez y de la web con nombre de posada habanera.

Ok. Repito: tiene derecho. Pero, repito, yo también tengo derecho a decir y publicar lo que pienso. Que para eso somos mujeres y hombres libres y, yo, además, vivo en una nación ejemplo de democracia.

Solo le pediría a Miriam Celaya que, la próxima vez, escriba con nombre y apellidos, como hizo el año pasado, cuando en Cubanet criticó al periodista independiente y ex prisionero político Jorge Olivera Castillo, por un artículo publicado en ese sitio.

Que escriba con nombre y apellidos, como hizo Gordiano Lupi en Confieso que me he equivocado. O Iván García en Fundar un periódico desde La Habana. O Antonio G. Rodiles en ¿Juez o parte?.

Como hizo Zoé Valdés en su editorial de ayer, De la intimidación. O como hice yo en El día que rompí con Yoani Sánchez. Y como seguiré haciendo. Escribiendo con nombre y apellidos.

Tania Quintero

Lucerna, 5 de junio de 2014.

Foto: 24 de febrero de 2003, apartamento de Martha Beatriz Roque Cabello, en la barriada habanera de Santos Suárez. La mujer soy yo y estoy hablando con dos periodistas, al finalizar una rueda de prensa convocada por Martha, quien en ese momento estaba al frente de la Asamblea para Promover una Sociedad Civil, una de las organizaciones opositoras más numerosas y mejor estructuradas que han existido en la isla (a partir de diciembre de 2002 formé parte de su comisión de prensa). Aclaro: no estoy haciendo el signo de la victoria con mi mano izquierda, sino señalando dos puntos o dos cosas, y que ahora no recuerdo a qué se referían. Pese a la mala calidad de la imagen, ha quedado como mi última foto en Cuba. Es que como nunca me ha gustado estarme retratando, nunca he tenido cámara fotográfica. Por suerte, en los veinte años que publiqué en la revista Bohemia, siempre pude contar con magníficos fotorreporteros, como Gilberto Ante, Tony Martin, Juan López Carlón, Jorge Oller, Luis Toca, Raúl Castillo y Carlos Pildaín, entre otros.

viernes, 11 de julio de 2014

CubaNet, el periódico que durante años ha informado sobre Cuba


Ahora que se anunció con bombos y platillos la creación de un periódico dentro de Cuba con la anuencia del castrismo, todo parece indicar, quisiera volver a recordar que en Cuba ya existían y existieron varios periódicos al estilo Samizdat, y que algunos de sus periodistas independientes fueron a dar con sus huesos a las cárceles cuando la Primavera Negra del 2003, también en ocasiones anteriores y posteriores. Numerosos periodistas cubanos, en estos 55 años de dictadura, ha sido condenados a largas penas por el mero hecho de informar lo que el régimen oculta.

Yo quisiera destacar la labor del que, a mi juicio, ha sido, desde el exilio (ha habido otros, sobre todo publicaciones culturales), el primer y único periódico que ha sabido, no sólo informar a los cubanos, sobre todo al mundo, de lo que ocurre en Cuba, tomando información de primera mano, de periodistas que se han arriesgado durante varias décadas, y de jóvenes que se han ido sumando, de manera discreta, porque ése es el primer principio de un periodista, la discreción, a las páginas digitales de CubaNet.

Esas informaciones sobre la vida diaria de los cubanos y el quehacer político, más los desmanes cometidos por la tiranía, han sido ampliamente demostrados por las plumas veraces y tenaces de Tania Díaz Castro, Luis Cino, Iván García Quintero, entre muchos otros.

El periódico CubaNet fue fundado por Rosa Berre y ha tenido, pese al fallecimiento de su fundadora, un excelente seguimiento, cuando estuvo en manos de Antonio Conte (también fallecido), y luego cuando lo retomó Hugo Landa, quien ha luchado a brazo partido por asegurar la continuidad y la ética de CubaNet. Lo que me consta personalmente.

Despojar a éste y a otros periódicos de su sostén para entregar todos los recursos a otro del que no sabemos absolutamente nada, lo mismo que abandonar a otras publicaciones que existen dentro y fuera de Cuba para acoger a una novedad que se ha mantenido en el mayor secretismo, y contrario a la esencialidad del periodismo, pues carece hasta ahora de toda transparencia, sería uno de los mayores errores que se cometerían en el camino hacia la libertad de prensa en Cuba y hacia la democracia.

En una palabra, estaríamos acabando una vez más con una cierta pluralidad que se había conseguido con gran esfuerzo en las redes de prensa opositora cubanas.

Recuerden que mientras que la disidencia en Cuba no ha conseguido todavía organizarse en partidos políticos, la prensa, por el contrario, si ha logrado una verdadera coherencia de contenidos y cohesión de libertades, frente a lo que ha ofrecido hasta ahora la dictadura: pensamiento único, prensa amordazada, dirigida toda por una sola cabeza, un sólo partido, un sólo rostro. Granma es Fidel Castro.

A Raúl le faltaba su periódico dentro de Cuba (ya tiene dos sembrados en el exilio), era lo único que no tenía: un periódico falsamente independiente en el interior que le lavará la imagen y la sangre de los recientes asesinatos, a escala internacional. Un periódico a su medida, con falsos tintes liberales, aunque de ideología socialdemócrata, negociantón, y por supuesto recaudador de divisas a lo como sea.

¡A lo como sea, Raúl, a lo como sea! Es la nueva consigna. Un periódico costeado por los “gusanos” contribuyentes en buena medida. Un periódico hecho por personas que se hacen llamar “inteligentes”, no, perdón, “las más inteligentes de Cuba”, que saben sobradamente que el pueblo no tendrá fácilmente acceso a esa publicación, por tanto son suficientemente conscientes de que lo que hagan lo harán para insuflarle más vida a la dictadura.

Sobre todo porque esa “intelligentsia” lleva meses robándose a periodistas independientes, con jugosas promesas, de las publicaciones ya existentes dentro de la isla, cosa de destruirlas, por supuesto. Fíjense, como dato curioso, que todavía el periódico no está en línea y ya “su creadora” nos avanza que el régimen tratará de satanizarlo.

Vaya, ni siquiera Primavera Digital, ni MCL, ni Vitral, entre otros, fueron satanizados de antemano. Contra, qué casualidad, que este periódico es el único satanizado sin siquiera existir.

Lo que trajo el barco: sólo vergüenza.

Zoé Valdés
Libertad y Vida, 16 de mayo de 2014.

Foto: El periodista independiente Víctor Manuel González (mulato alto) y el disidente Carmelo Díaz (el mayor del grupo) durante su visita a la redacción de Cubanet en Miami, en 2013. Tomada de Periodistas independientes visitan Cubanet.

miércoles, 9 de julio de 2014

Prensa independiente: iceberg de la sociedad civil postcastrista



Las revelaciones del Zunzuneo cubano hechas por los corresponsales de la agencia AP, que hablan de plataformas informáticas desarrolladas para la conexión, así como la actual conexión de la disidencia cubana con el exterior, dista mucho de lo que existía en la época en que los incipientes grupos de periodistas independientes iniciaron su labor en Cuba, en los años 90. Una época en que no se contaba con celulares o computadoras para la labor periodística.

A casi veinte años de los inicios de la prensa independiente -se estima que entre 1993 y 1994 comenzaron a consolidarse los primeros focos de "agencias de prensa independiente"-, resulta oportuno hacer algunos apuntes, nada definitivos, de los orígenes de aquel significativo colectivo de comunicadores.

La sociedad civil postcastrista apareció espontáneamente, formada por intelectuales y periodistas "nacidos" en la Revolución, hombres y mujeres que, en su mayoría, apenas llegaban a los 45 años de vida en los meses finales de 1991 -el año del llamado Período Especial- cuando la poetisa María Elena Cruz Varela fundó Criterio Alternativo, movimiento intelectual y disidente que, entre otras cosas, reclamaba libertad de expresión y cambios hacia una sociedad democrática.

María Elena Cruz Varela, Roberto Luque Escalona, Raúl Rivero, Bernardo Marqués Ravelo, Manuel Díaz Martínez y José Lorenzo Fuentes, entre otros, eran miembros de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y a mediados de 1991 firmaron la Carta de los Diez, un documento que molestó soberanamente al entonces ministro de Cultura, Armando Hart Dávalos, y al jefe del departamento de Cultura del Comité Central del Partido Comunista, Antonio Pérez Herrero.

Si bien es cierto que a finales de los 80 la periodista Tanía Díaz Castro, así como los jóvenes creadores Rita Fleitas, Omar López Montenegro, Estela Jaime y el escritor y expreso político Reinaldo Bragado, crearon el grupo Pro Arte Libre, tal proyecto apenas tuvo divulgación en la isla y en el exterior. Divulgación que sí recibió, para asombro de muchos, el arresto y los mítines de repudio que la Seguridad del Estado lanzó contra María Elena Cruz Varela el día de su arresto.

El Noticiero Nacional de Televisión cometió el "pecado" de poner en imágenes la arremetida de las turbas cederistas que asaltaron el apartamento de Cruz Varela: el momento en que un grupo de valientes "federadas" obligaban a la disidente, ganadora del premio de poesía Julian del Casal de la UNEAC, a comerse la Carta de los Diez en el apartamento donde vivía.

Los cubanos observaron en el noticiero el asalto "glorioso y revolucionario" de las miembros de la Federación de Mujeres Cubanas -que presidía Vilma Espín, la mujer del general Raúl Castro-, quienes, acompañadas por las cámaras, rodearon el apartamento de la poeta, a quien sacaron a empujones, metiéndole en la boca los papeles del documento, arrastrándola escaleras abajo, hacia carros patrulleros de la Policia Nacional Revolucionaria.

Esas patrullas la llevarían a Villa Marista, cuartel general de Seguridad del Estado. En ese momento, Cruz Varela se convirtió -quizás sin proponérselo- en la opositora mas visible y mediatizada de Cuba. Su juicio, donde fue condenada a dos años de cárcel, fue seguido por agencias de prensa de todo el mundo, que además, hicieron evidente la presencia en la isla de un grupo de intelectuales reclamando democracia y libertades.

Hasta esa fecha, de forma independiente, no existía un colectivo de periodistas, de comunicadores, organizados para trasmitir hacia el exterior lo que realmente estaba sucediendo en el país. Toda la información estaba hasta entonces distorsionada por la propaganda del departamento ideológico del Comité Central, que centraba su estrategia en el "periodismo triunfalista", que impedía mostrar el desastre económico y social que vertiginosamente se acrecentaba.

Por su parte, la mayoría de los corresponsales extranjeros acreditados en La Habana, muchos de ellos controlados por la contrainteligencia castrista, apenas difundían notas sobre la inercia y catástrofe de la economía y mucho menos profundizaba en la represión y violaciones que el Gobierno cometía sobre los "inconformes" o "contrarrevolucionarios", en las más de cien cárceles o granjas de rehabilitación que existían en los años 90.

Las denuncias y las demandas que los presos enviaban desde las prisiones, apenas conseguían eco en la prensa internacional. Muchas de esas notas, donde se describían las represalias, las pésimas condiciones carcelarias y el abuso constante a que eran sometidos los prisioneros -políticos o comunes-, se fueron divulgando en los 80 a través de las familias de los condenados y la Comisión Nacional de Derechos Humanos creada, precisamente, dentro de las prisiones.

Esas notas llenas de dolor y asombro, fueron recibidas a través del teléfono o cartas en la redacción de Radio Martí, La Voz del Cid y la página de Cubanet, quizás el primer medio de internet dedicado a la prensa independiente cubana, inaugurado por la periodista Rosa Berre en 1994 y apoyada económicamente por la National Endowment for Democracy (NED). Lo que no divulgaba la prensa castrista, la población lo podía escuchar por esas dos emisoras que trasmitían desde Miami y Washington.

La salida al aire de las emisoras La Voz del CID, que dirigía el comandante Huber Matos, y Radio Martí, inicialmente una programación de La Voz de los Estados Unidos de América, contribuyó a que la población cubana, poco a poco, desde la onda corta o a través de la FM, recibiera noticieros y espacios culturales que inundaban de información y valoraciones independientes a los radioescuchas en Cuba.

Recuerdo caminar por el reparto Alamar, en la costa este de La Habana, donde vivía en los años 90 y escuchar, constantemente, el logotipo musical de Radio Martí y La Voz del CID, que entraban con facilidad a la Isla. Esmeralda, novela trasmitida por Radio Martí tenía mayor audiencia que cualquier otro programa de las emisoras locales. Y junto a Esmeralda se colaban noticieros y espacios de comentarios donde se analizaba la realidad cubana.

También era habitual despertarse en la mañana con El Cantío del Gallo, un programa de La Voz del CID, donde Alfredo Melero y el periodista y escritor Carlos Franqui, desde Puerto Rico, comentaban la realidad nacional desde una perspectiva independiente, desnudando por dentro y por fuera al castrismo.

En esos espacios de noticias se escucharon las voces de los primeros comunicadores independientes (la mayoría con seudónimos), que desde Cuba informaban de las violaciones a los derechos humanos o describían asuntos relacionados con la economía, la represión y aspectos de la vida cotidiana no divulgados por la prensa oficialista.

Ahí nació el verdadero objetivo de la prensa independiente: informar a la población cubana, principalmente, lo que estaba ocurriendo en el país socialista. Hacer un periodismo alejado de la imagen triunfalista que la prensa castrista se esforzaba en mantener. Los espacios de Radio Martí y La Voz del CID se escuchaban hasta en centros laborales del Estado. A pesar del esfuerzo del Gobierno por neutralizar sus señales, fue imposible sacar del aire la "radio enemiga".

En esos boletines que se escuchaban cada treinta minutos por Radio Martí o en el noticiero estelar de las doce del día, comenzaron a colaborar activistas de derechos humanos, y, por supuesto, los primeros periodistas independientes que, ya a principios de los 90 se agruparon en "agencias", coletivos, dedicados única y exclusivamente a la labor periodística.

A finales de 1997 se podía identificar la labor del Buró de Prensa Independiente de Cuba, Habana Press, Cuba Press, Agencia de Prensa Independiente de Cuba, Nueva Prensa Cubana y Patria, entre otras, que representaban el núcleo de las principales agrupaciones de comunicadores alternativos con corresponsales o colaboradores en casi todas las provincias y en el municipio especial Isla de la Juventud.

En 1991, el Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR), el departamento ideológico del Comité Central del Partido Comunista, dirigido por Carlos Aldana Escalante, reunió en el teatro del complejo de periódicos situado en la Plaza de la Revolución, a la mayoría de los periodistas que laborábamos en Trabajadores, El Habanero, Juventud Rebelde y Granma. El discurso fue breve: el Período Especial obligaba a reducir plantillas o reajustar las redacciones. Muchos periodistas fueron jubilados y los que no éramos militantes del partido seríamos "reubicados" en noticieros de radio o en fábricas, como correctores o editores de libros.

Yo estaba en la lista de los que serían ubicados en la redacción de Radio Reloj, donde Mirta Cervantes, directora de la estación, nos recibió con susto y preocupación. "Aquí el trabajo es muy simple", señaló, adivinando el disgusto de una decena de periodistas que, sin ton ni son, habíamos sido desplazados por voluntad de la policía política, "ustedes solo tienen que revisar los cables de las agencias internacionales, cuidar el contexto, que no se divulguen mensajes subliminales capitalistas, y destacar las notas que reflejan los éxitos de nuestra economía, de nuestra salud y educación y, sobre todo, el deporte, ¡mucho deporte, porque en deporte somos campeones olímpicos".

Las palabras de Cervantes, quien fuera compañera mía de curso en la universidad, me indicaron que en la redacción de Radio Reloj iba a convertirme en una especie de "escribidor" de mentiras. Al fin y al cabo, la función del periodista en Cuba era mentir y solo mentir.

A principios de 1992, el periodista y poeta Bernardo Marqués Ravelo y su esposa Nancy Estrada vivían muy cerca del edificio donde yo residía en el reparto Alamar. Ese año, envié mi carta de renuncia como trabajador de la prensa a la dirección de Trabajadores, el periódico que me pagaba un salario de 250 pesos y donde estaba mi expediente laboral.

Bernardo, con quien había coincidido en las redacciones de Bohemia y El Caimán Barbudo, y su esposa Nancy, periodista de la revista Mujeres, me pusieron al tanto del ambiente "disidente", contestatario, que se estaba organizando entre decenas de escritores y artistas, descontentos por la falta de libertades básicas y el cansancio existencial de una sociedad apabullada de consignas y fidelismo.

En su apartamento de Alamar, en la La Chusmita, frente a un centro de recreación del mismo nombre, Bernardo y Nancy me propusieron integrar una agencia de prensa, junto a Raúl Rivero -otro de los firmantes de la Carta de los Diez- y el novelista David Buzzi. A fines de 1992 y principios del 93, se funda NotiCuba, con apenas cinco periodistas, dirigidos por Raúl Rivero. Salvo las llamadas que se hacían a los noticieros de Radio Martí, muy poco podíamos divulgar, dada la incapacidad técnica, la falta de recursos y el inexistente apoyo que se recibía de organizaciones internacionales.

A finales de 1993 o principios de 1994, se consolida la idea de fundar una agencia de prensa y nace Habana Press, un colectivo formado por Raúl Rivero, José Rivero García, Bernardo Marqués Ravelo, Rafael Solano, Ana Luisa López Baeza, Tania Quintero, Miguel Fernández, Manuel Vázquez Portal y el fotógrafo Omar Rodríguez Saludes. A la par, se organizaron otros colectivos como la APIC, dirigida por el viejo periodista Néstor Baguer (que después resultó ser informante de la Seguridad del Estado), José Vázquez y Olance Nogueras, así como Patria, un colectivo dirigido por Roxana Valdivia, Román Alberto Cruz Lima y el abogado Juan Carlos González Leyva, en la ciudad de Ciego de Avila.

Es posible que a mediados de los 90, en Cuba existieran, de forma organizada, unos 35 periodistas independientes, que abarcaban las 14 provincias y el municipio especial Isla de la Juventud.

En esa época, creo que a través de Carlos Alberto Montaner, comienza una comunicación entre la periodista y editora Nancy Pérez Crespo, radicada en Miami, y el colectivo de Habana Press. Incluso se firmó un documento para legalizar -al menos en Estados Unidos- la labor de Habana Press, así como el compromiso de los integrantes del colectivo a enviar sus trabajos de manera exclusiva al buró de prensa que Pérez Crespo puso a funcionar en Florida. El apoyo financiero lo aportaría la filántropa cubanoamericana Elena Díaz-Verson, una visionaria anticomunista y defensora de los derechos humanos quien, hasta su muerte, apoyó el movimiento disidente dentro de la isla.

Habana Press resumía el concepto de lo que pretendíamos fuera la prensa independiente cubana: colectivo de profesionales (todos los integrantes de Habana Press éramos o estuvimos en la prensa nacional), dedicados a narrar e informar sobre la realidad económica, social y cultural cubana, y, al mismo tiempo, recibir honorarios para poder vivir decentemente, ya que nuestra condición de "disidentes" impedía que laboráramos en algún centro de información o en cualquier otra labor, pues todos los puestos de trabajo estaban controlados por el Estado.

Por otra parte -y éste era un tema de debate- los comunicadores de Habana Press no pretendían conformar un núcleo de "opositores", integrar una célula de conspiradores anticastristas o representar a un partido político de oposición. Una frontera muy difícil de sobrepasar, pues la mayoría sentíamos que estábamos vinculados a ese proceso de cambio que la sociedad minoritaria cubana reclamaba en ese primer lustro de los años 90.

La propaganda castrista nos tildaba de "agentes pagados" de la CIA o "lacayos" del imperio yanki. En mas de seis años de labor periodística independiente, jamás recibí un centavo de un funcionario estadounidense o algún diplomático del "imperio". Los viáticos de Habana Press, como después lo fue de Cuba Press, la otra agencia organizada, venían de Elena Díaz-Verson, Reporteros Sin Fronteras, la revista Carta de Cuba, así como del portal Cubanet.

Carta de Cuba estaba dirigida por el periodista y escritor Carlos Franqui Mesa, residente en Puerto Rico, y era apoyada económicamente por la comunidad cubana allí establecida. No solo enviaban viáticos a los periodistas independientes, también medicinas, libros, grabadoras y cámaras fotográficas. En las páginas de esa revista pueden leerse las primeras crónicas y reportajes de los periodistas independientes que iniciaron el camino de la sociedad civil cubana postcastrista.

Es bueno señalar que a pesar de que la Sociedad Interamericana de Prensa comenzó a apoyar la labor de los periodistas independientes en la isla, denunciando los arrestos y maltratos a que éramos sometidos por la policía política castrista, jamás organizaron un fondo de ayuda económica para los reporteros independientes cubanos. Solo El Nuevo Día, bajo la dirección de Carlos Castañeda y con la anuencia de la familia Ferré, dueña del diario, se comprometió a pagar el servicio de noticias que se recibía desde Cuba. Tal apoyo económico se inició a finales de los 90 y duró hasta julio de 2013: un hecho histórico que debe ser ejemplo para la prensa libre latinoamericana.

También El Nuevo Herald contribuyó durante algunos meses al pago de colaboraciones a los periodistas independientes. De forma esporádica, se recibían donaciones de textos sobre redacción de noticias y reglas de redacción de los periódicos españoles El Mundo o ABC y, fundamentalmente, de Reporteros Sin Fronteras, que entre misceláneas de papel, lapiceros o libretas de notas aportaron algunos recursos monetarios para el desarrollo de las agencias.

Es imposible dejar de nombrar a un buen estadounidense, un gran amigo de la nación cubana y quien ayudó a consolidar la prensa independiente en Cuba: Gen Bigler. Académico y hombre de gran cultura, Bigler fomentó desde su labor de agregado de prensa en La Habana, la comunicación entre los corresponsales de Estados Unidos y de otros países que visitaban la isla a mediados de los 90.

Esos encuentros con colegas de The Washington Post, The New York Times, The Wall Street Journal, Tampa Tribune o The Miami Herald, entre otros, permitieron no solo la relación personal entre colegas, sino la adquisición de cámaras, computadoras o grabadoras que los corresponsales nos dejaban.

Recuerdo la visita que hicieron David Lawrence, entonces director de The Miami Herald y el reportero de El Nuevo Herald Juan O. Tamayo a La Habana en 1996, junto a otros colegas de Florida. Como siempre, Bigler nos puso en contacto con Lawrence y su comitiva. El encuentro se realizó durante una comida informal en el Hotel Nacional. No solo compartimos bistec y ensalada, sino que, al final de la velada, los cuatro o cinco periodistas floridanos hicieron una "ponina" y nos entregaron 200 dólares para ayudar a los periodistas de Cuba Press.

De igual manera ocurrió con una corresponsal de The Wall Street Journal que visitó Cuba a principios de 1996. Carla Anne Robbins, talentosa reportera que en 1999 recibió el premio Pulitzer, necesitaba un periodista que le ayudara a visitar dirigentes de la oposición y líderes de la Iglesia Católica, así como campesinos y obreros, para un gran reportaje que después publicaría en su diario. Bigler la puso en contacto con Cuba Press y la señora Robbins nos contrató para trabajar con ella durante una semana.

"En mi país y en casi todo el mundo, se paga la labor que uno realiza", me dijo y me extendió un papel contratándome por una semana y un pago de cien dólares diarios. Otro tanto ocurrió con reporteros de Tampa Tribune o Boston Globe y de la agencia de noticias de The Wall Street Journal y de John Rice, de la corresponsalía de la AP en México. Ya después de los 90, muchas fundaciones y organizaciones del exilio comenzaron a ayudar de forma directa no solo a la prensa independiente, sino también a la oposición.

A dos décadas del inicio formal de la prensa independiente, cuando no existían celulares, twitter, facebook o una simple computadora, es bueno recordar que aquella semilla germinó, y hoy los comunicadores independientes se han multiplicado con la ayuda de las tecnologías y los nuevos proyectos de comunicación que el Estado castrista no puede impedir.

José Rivero, Miami
Diario de Cuba, 12 de abril de 2014.
Foto: Raúl Rivero (Morón, 1945). Junto con otros nueve intelectuales, en 1991 Rivero firmó la llamada Carta de los Diez. Cuatro años después, en 1995 fundó la agencia de periodismo independiente Cuba Press, la más respetada por su profesionalidad. Fue uno de los 75 disidentes arrestados durante la Primavera Negra de 2003, por razones de salud fue excarcelado a fines de 2004. Desde abril de 2005 reside en Madrid como refugiado político. Actualmente escribe dos columnas semanales en el diario español El Mundo.

lunes, 7 de julio de 2014

Orígenes del periodismo independiente cubano


En 2014 se celebra el 25 aniversario de la creación de la primera agencia de prensa alternativa cubana, la Asociación de Periodistas Independientes de Cuba, que permitió abrir una brecha en el monopolio de la información, hasta entonces exclusivamente en manos del Estado. La ocasión permite volver sobre la trayectoria de su fundador, Yndamiro Restano, considerado como el padre del periodismo independiente, y sobre las razones que le condujeron a crear una organización al margen de la prensa oficial a finales de los años 80.

Yndamiro Restano Díaz nació en 1948 y era lo que se puede llamar un "niño de la Revolución": sus padres eran comunistas y a fines de los 50 lucharon con los rebeldes en la Sierra Maestra contra el ejército de Fulgencio Batista. Su padre, un periodista, obtuvo el grado de capitán del ejército revolucionario. El joven Yndamiro cursó la Escuela de Instrucción Revolucionaria creada por el gobierno en 1960 y obtuvo un título en Historia del Arte.

Amante de las palabras, empezó a escribir sus primeros poemas y entró como reportero en Radio Rebelde, donde estuvo diez años. Se especializó en la agricultura y a lo largo de sus reportajes, descubrió la "disfuncionalidad estructural del sistema económico agrario" y empezó una reflexión crítica sobre las contradicciones del régimen comunista al que, sin embargo, seguía defendiendo, pensando que sólo se trataba de errores que todavía se podían rectificar.

En 1985 se dio cuenta de que sus críticas no tenían eco en los medios oficiales y en su vieja máquina de escribir decidió redactar un boletín clandestino de información titulado Nueva Cuba. Lo distribuyó en las calles y lo colgó en Coppelia, una heladería situada en el céntrico barrio habanero del Vedado.

Este periódico artesanal de un solo folio no tenía como objetivo criticar al régimen o llamar a la insurrección: sólo se trataba de evidenciar ciertas incoherencias, de explicar a los ciudadanos lo que ocurría realmente en el campo y las consecuencias nefastas que eso engendraba a nivel económico. Lo explica el propio Restano:

-En realidad, mi delito era haber llegado a las granjas agrícolas y haber contado lo que la burocracia no quería que se contara. Ellos, los burócratas, no veían bien lo que yo había hecho, porque advertían que la verdadera intención del periodista al contar las cosas era cambiarlas. Fue un momento muy importante en mi vida. Comprendí que el aparato ideológico del partido-estado me imponía deberes que yo no quería realizar. Uno de ellos era no escribir lo que pasaba con las ineficientes empresas agrícolas.

-En Cuba, durante la época precomunista había latifundios. Llegó la Revolución, terminó con los terratenientes privados y convirtió a todo el país en un gran latifundio estatal, dividido en granjas irrentables y burocráticas. La tentación de decir lo que realmente sucede es irresistible para un periodista. Más cuando se trata de una catástrofe económica como la que yo tenía ante mis ojos.

Yndamiro fue detenido e interrogado en Villa Marista, sede de la policía política en La Habana. Sus padres, al ser fervientes revolucionarios conocidos por las autoridades, le liberaron por la noche. Su madre intentó hacerle razonar y demostrarle los beneficios del régimen. Pero finalmente, a lo largo de las conversaciones y de sus propias constataciones, fueron sus padres quienes cambiaron poco a poco de opinión respecto a la política castrista.

Esta voluntad de proponer a los cubanos una información diferente de la que podían leer en los periódicos y las revistas del país, una información libre de toda censura, y este deseo de mostrar los contrastes de la realidad cubana y denunciar los fallos del régimen, hacen de Yndamiro Restano uno de los primeros periodistas independientes de Cuba.

A mediados de los 80, las autoridades se enfrentaban a un caso aislado. Sin embargo, parecían tomar en serio la amenaza que surgía en el control de la información que ejercían desde los años 60, porque a partir de entonces el periodista fue objeto de una estrecha vigilancia. En 1985 le detuvieron de nuevo, por haber dado una entrevista a The New York Times, en la cual hablaba de sus convicciones políticas. Fue despedido de Radio Rebelde, donde trabajaba.

Después consiguió ser contratado en una estación local de radio, en Sancti Spiritus. Pero nuevamente fue silenciado, por denunciar la realidad económica de la Isla. Meses más tarde regresó a la capital e integró el equipo de Radio Ciudad de La Habana. De manera anónima, decidió participar en un concurso de poesía, ganando el primer premio.

Cuando las autoridades se dieron cuenta de que se trataba de Yndamiro Restano, se negaron a entregárselo. Determinado, consiguió imprimir sus poemas, que distribuía delante de las iglesias habaneras. Para el gobierno, fue la gota que colmó el vaso: fue expulsado de la emisora y a partir de ese momento ningún medio aceptó contratarle.

Ya no podía trabajar como periodista y se convirtió entonces en limpiacristales en un hospital, del cual fue también despedido por haber dado una entrevista a la BBC. Frustrado por no poder expresarse libremente, en 1987 se afilió a la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), creada por Elizardo Sánchez Santa Cruz.

Al año siguiente, al ver que varios periodistas habían sido expulsados de las redacciones de periódicos, revistas, radios o canales de televisión y deseoso de poder publicar sus propios artículos, decidió crear una organización que permitiera a los periodistas 'apestados' reunirse y trabajar juntos. Fundó entonces la Asociación de Periodistas Independientes de Cuba (APIC), con el objetivo de transmitir sus artículos al extranjero y así revelar al mundo una realidad muy diferente de la que se mostraba en los monocromáticos diarios estatales, de los clichés puestos en escena por la Revolución.

Yndamiro Restano soñaba con realizar un periodismo estrictamente profesional, libre de toda presión política, independiente de la influencia del gobierno, pero también de la disidencia interna que comenzaba a estructurarse en múltiples organizaciones con aspiraciones y reivindicaciones diversas. Muchos intelectuales cubanos que ya no apoyaban al régimen revolucionario, como Elías Valentín, Manuel Cabrera, Raúl Rivero, Bernardo Marqués, Hubert Jérez, Olance Nogueras, Orlando Fondevila, Lázaro Lazo, Luis López Prendes y Rolando Pratt, colaboraron con la agencia.

Los miembros de la APIC querían que la organización fuera reconocida legalmente por las autoridades, para poder ejercer libremente su profesión, crear revistas y periódicos alternativos, contratar miembros y organizar reuniones de trabajo, o sea hacer uso de la libertad de expresión, de prensa y de reunión.

Presentaron su proyecto al Ministerio de Justicia, pero nunca recibieron una repuesta y decidieron entonces seguir con sus actividades fuera de la legalidad, en la medida en que su asociación era pacífica y no perjudicaba a nadie. En aquel entonces, estos hombres tenían la ilusión de poder abrir el ámbito periodístico al pluralismo y seguir trabajando como periodistas al margen de la oficialidad.

Convertido en un verdadero opositor pacífico, Restano creó en 1990 el Movimiento Armonía (MAR), un grupo socialdemócrata que proponía la instauración de un régimen plural y elecciones libres. Pero el 21 de diciembre de 1991, mientras la APIC se disponía a publicar el primer número del periódico clandestino La Opinión, Yndamiro fue detenido y conducido a Villa Marista. Le encerraron en una celda cuya luz dejaban encendida día y noche y sufrió interrogatorios hasta la celebración del juicio, el 20 de mayo de 1992.

El juicio tuvo lugar en el Tribunal Popular Provincial de La Habana y Restano fue juzgado junto a María Elena Aparicio, también miembro del MAR. El Fiscal le acusó de haber transgredido la ley al reunir a varios ciudadanos cubanos en el seno de una organización ilegal, de querer cambiar el orden social, económico y político del país y de incitar a la desobediencia civil, al sabotaje y al atentado contra policías y políticos de alto rango y de haber distribuido documentos críticos hacia la política castrista.

Pero el Fiscal no presentó ninguna prueba de las supuestas acciones violentas realizadas por los miembros del MAR y durante el juicio tres testigos de la acusación se retractaron de su testimonio. Pese a ello, Yndamiro y María Elena Aparicio, quienes pensaban recibir algunos meses de cárcel, fueron respectivamente condenados a diez y a siete años de prisión (el Fiscal había pedido doce y ocho, por "rebelión", en virtud de los artículos 98 y 99 del Código Penal. Restano fue el primer periodista independiente en ser sentenciado por sus actividades.

Las autoridades no soportaron que un individuo intentara desafiar la censura y para castigarle y evitar que otros le imitaran, decidieron imponerle una pena severa, ejemplarizante. Fue declarado Prisionero de Conciencia por Amnistía Internacional y liberado el 1 de junio de 1995, después de haber pasado 1.257 días detrás de las rejas y sufrido pésimas condiciones de detención en cuatro cárceles diferentes.

A lo largo de sus tres años y medio de prisión, varias veces el gobierno le propuso ofrecerle la libertad con la única condición de que aceptara el destierro, pero siempre se negó a abandonar su patria.

Estos rechazos condujeron a las autoridades a presionarle, para intentar desestabilizarle sicológicamente, como contó en 1996: “Una vez me pregunté si yo era un error, algo que no debía existir. Si yo soy un error, me dije, no es necesario aislarme de los demás, pues ellos lo percibían así; y si no lo soy, no es necesario tampoco porque es imposible que yo pueda convertirme realmente en ese error que yo no soy. En esos casos, queridos amigos, uno ve cómo la represión es el fracaso de la inteligencia”.

Finalmente, al cabo de una estancia prolongada y bastante controvertida de Fidel Castro en Francia en marzo de 1995, Danielle Mitterrand, entonces primera dama del país, consiguió obtener la liberación del periodista y de otros dos presos políticos cubanos a través de su Fundación France-Libertés. Yndamiro Restano se quedó en Francia varias semanas antes de regresar a su país natal.

Durante el encarcelamiento de Restano, la APIC no dejó sus actividades y Néstor Baguer se convirtió en su director. El anciano conservó el acrónimo APIC, pero la Asociación de Periodistas Independientes de Cuba se volvió la Agencia de Prensa Independiente de Cuba, que contaba con unos 60 miembros en 1994. En abril de 2003, en el juicio contra Raúl Rivero y Ricardo González Alfonso, Baguer reveló ser en realidad el 'agente Octavio', infiltrado en el periodismo alternativo desde hacía más de diez años.

Después de su regreso a Cuba, Yndamiro Restano fue víctima de actos de repudio y presiones, pero las intimidaciones no le hicieron renunciar a su combate a favor de las libertades. El 19 de septiembre de 1995, fundó el Buró de Prensa Independiente de Cuba (BPIC), una organización que reunía varias estructuras: el Círculo de Periodistas de La Habana y las agencias Patria y Habana Press. Rápidamente el Buró tuvo veintiún corresponsales de prensa en diferentes provincias de la Isla.

Todos transmitían las informaciones por vía telefónica a Lázaro Lazo, editor del BPIC, encargado de comunicar los artículos a Iraida Montalvo, la responsable de la agencia en Miami, Florida.

En aquella época no existía internet y el BPIC no tenía ni fax ni dinero suficiente para poder llamar a Miami (además, a veces la policía política les cortaba la línea) y tenían que esperar que Iraida los llamara a la agencia para poder darle las informaciones.

Luego ella transmitía los artículos a Radio Martí y a Radio Mambí y a veces a órganos de prensa plana como El Nuevo Herald. La sede del Buró de Prensa Independiente de Cuba radicaba en el domicilio de los padres de Yndamiro Restano -Julio Restano Suárez y Aurora Díaz- y las instalaciones se limitaban a dos mesas de trabajo llenas de documentos, algunos bolígrafos y lápices y una vieja máquina de escribir.

La movilización de estos hombres y mujeres y su voluntad de hacer escuchar su voz de forma alternativa demostraba cierto malestar, cierta división de la sociedad cubana que estaba atravesando con dificultades el llamado "Período Especial en Tiempo de Paz". Los periodistas cubanos ya no reconocían la realidad de su país en los medios estatales y deseaban encontrar nuevos espacios donde expresarse. Sin embargo, todos sufrieron arrestos domiciliarios, acoso policial, actas de advertencia, interrogatorios, actos de repudio y requisas para quitarles el escaso material que tenían.

El objetivo de las autoridades era atemorizarlos, obligarles a dejar sus actividades y exiliarse. Algunos, cansados de esta persecución, deseosos de vivir en paz y ejercer libremente su profesión, eligieron este camino y se fueron de Cuba. Otros prefirieron quedarse y seguir luchando por el respeto a la libertad de expresión y de prensa, por la democracia y sus ideales.

Yndamiro Restano, por su parte, fue obligado al exilio. En noviembre de 1995 viajó a Europa con un visado de salida de tres meses, para buscar medios que permitieran que el BPIC siguiera con sus actividades. Pero cuando en enero de 1996 quiso regresar, las autoridades le negaron la entrada en el territorio cubano.

Durante meses reiteró su petición, pero nunca le dieron el visado de entrada. El argumento del gobierno era que Restano era un agente de la CIA porque el BPIC estaba financiado por organizaciones norteamericanas. Efectivamente, recibía apoyo por parte de ciertas organizaciones basadas en Estados Unidos y por parte de algunos de los órganos de prensa a los cuales transmitía informaciones y que estaban subvencionados por el gobierno americano.

Si Restano fue obligado a comunicar informaciones al extranjero es porque en Cuba no disponía de ningún espacio de libre expresión. Recibía dinero de una ONG porque no tenía otros recursos económicos para vivir tras haber sido expulsado de todos los medios oficiales en los cuales trabajó. El gobierno no le proponía otro empleo, ni le daba ninguna pensión.

Sin este dinero -que también le permitió financiar su proyecto- no hubiera podido sobrevivir. Además, representaba el reconocimiento de su trabajo como periodista, y el reconocimiento de su lucha por la libertad de expresión en Cuba. Acusar a un disidente de estar "a sueldo del imperialismo" fue siempre el argumento empleado por Fidel Castro para justificar arrestos y destierros forzados. Yndamiro Restano no pudo regresar a Cuba y actualmente vive en Miami.

Pero, poco a poco, la idea de crear agencias alternativas de prensa para poder seguir ejerciendo su oficio fuera de los medios oficiales que les habían cerrado sus puertas por motivos ideológicos, tuvo eco en la mente de otros periodistas y entre mediados de los años 90 y la Primavera Negra de 2003, en toda la isla se multiplicaron los buros de información independientes, demostrando la voluntad de parte del pueblo cubano de librarse de la censura oficial.

Veinticinco años después de su nacimiento, la prensa independiente consiguió desarrollarse en Cuba a pesar de la represión. Y todavía hoy, los periodistas alternativos representan una fuente de información imprescindible para quien desea acercarse a la realidad cubana en su diversidad.

Sara Beaulieu, Granada
Cubaencuentro, 10 de abril de 2014
Foto: Yndamiro Restano. Tomada del blog Cabaiguán.

viernes, 4 de julio de 2014

Otro enfoque noticioso antes que internet llegara a Cuba



A finales de los años 70, cuando internet aún sonaba a fábula de ciencia ficción, habaneros como Sergio, en sus radios rusos se pasaban horas rastreando la onda corta para escuchar la VOA o el Servicio Latinoamericano de la BBC.

Por ese entonces, la Cuba de Fidel Castro era una pieza de ajedrez del Kremlin durante la Guerra Fría. En la isla, buscar otras fuentes de información era peligroso.

Castro implantó un calco caribeño de la URSS. Era un delito leer la prensa de Estados Unidos o libros de escritores disidentes como Guillermo Cabrera Infante o Aleksandr Solzhenitsyn.

“Así y todo, aquellos que deseábamos estar informados buscábamos la manera. Había técnicos que te instalaban piezas de radios militares robados para que el aparato mejorase su potencia. Un grupo de amigos y yo nos pasábamos la madrugada en una azotea, rastreando las emisoras en español de Miami. De esa forma, los amantes al rock, prohibido por el gobierno, lo escuchábamos”, recuerda Sergio.

Para esa fecha, la población tenía como única fuente de información la prensa oficial. Hubo personas que se enteraron con años de retraso que una nave estadounidense había llegado a la luna. La invasión soviética a Praga era un eco lejano. También la agresión a Afganistán o las reformas chinas de Deng Xiao Ping.

El diario Granma solo le dedicaba espacio a los extensos discursos del comandante en jefe, los logros del comunismo soviético, que en 1980 prometía superar el estándar de vida de Estados Unidos, o las derrotas y crímenes de las tropas gringas en Vietnam.

Las cartas a los parientes al otro lado del Estrecho de la Florida eran revisadas con lupa por los servicios especiales, igual que las llamadas telefónicas. La percepción popular era que las sociedades capitalistas tenían fecha de caducidad. Se creía que Moscú era una ciudad más opulenta que Nueva York. Y que en Estados Unidos, los negros y los hispanos vivían segregados.

'El futuro pertenece por entero al socialismo', decía el lema oficial. Se publicaban amplias estadísticas para demostrar el salto cualitativo económico y social de Cuba con respecto a su etapa republicana.

Pero la muralla a la información foránea se fue resquebrajando en 1978, con la apertura de los viajes a la isla de cubanos residentes en 'el país de los malos'. Unos 'malos' que llegaban cargados de maletas con medicinas, calzado y ropa de moda.

Y por las noches, a sus parientes pobres contaban sobre las oportunidades que brindaba Estados Unidos a todos aquéllos que trabajaran duro y bien. Detallaban cómo los mercados estaban repletos de alimentos y por las calles circulaban los últimos modelos de autos salidos de Ford y Chrysler.

Luego la tele comenzó a pasar filmes de Hollywood los sábados por la noche. Y en los cines, además de películas soviéticas, checas y polacas, se proyectaban filmes de USA. Había una mezcla de apertura y descaro: debido al embargo, se pirateaban las cintas, sin pagar derecho de autor.

Pero a grandes rasgos seguía la férrea censura. Asuntos en apariencia inocuos podían provocar un informe detallado a las ‘instancias superiores’ de algún intransigente partidario del régimen.

José Luis, 47 años, recuerda: “A mediados de los 80, un oficial de la Seguridad del Estado charló con mis padres, porque en una videocasetera Betamax junto a unos amigos veíamos películas de Bruce Lee. Un vecino había hecho la denuncia”.

Han pasado tres décadas y Danilo, 49 años, no olvida el susto que pasó cuando al salir de las clases en el preuniversitario, agentes de la Seguridad lo detuvieron. “El supuesto delito era haber comentado con compañeros de aula que las armas y los autos americanos eran de superior calidad a los soviéticos y que Dios existía”.

Los libros sobre religión, béisbol de Grandes Ligas o de política que no fuera el marxismo-leninismo, para no llamar la atención, se forraban con fotos de Fidel Castro. Buscar información desde otra perspectiva era pasatiempo de intelectuales curiosos o pichones de ‘contrarrevolucionarios’.

Lo que decía Castro era sagrado. Las versiones oficiales de la muerte del custodio de la embajada del Perú, Pedro Ortiz Cabrera en abril de 1980, o que un grupo de cubanos se había inmolado junto a la bandera durante la intervención estadounidense en Granada en 1983, no admitían dobles lecturas.

Fidel Castro era omnisciente. Sinónimo de la verdad. Te anotabas puntos si de carretilla te sabías algún fragmento de sus discursos o un trecho de la carta enviada por Che Guevara antes de partir a la guerra de guerrillas en Bolivia.

La lealtad se recompensaba con un refrigerador Minsk. O un televisor en blanco y negro Krim de factura rusa. Si 1984, el libro de Orwell, fue decisivo para muchos jóvenes, el año 1984 definitivamente marcó el interés de buena parte de la población por explorar otras informaciones y dejar de vivir como auténticos zombis.

El 20 de mayo de 1985 salió al aire Radio Martí. La que armó el régimen. Tanta algazara despertó aún más la curiosidad. Amas de casa en todos los barrios habaneros escuchaban la radionovela Esmeralda con el audio muy bajo..

A los pocos días, el caudillo verde olivo interfirió la señal con un molesto pitido. Había orientaciones del CDR de informar sobre las personas que oyeran Radio Martí.

Años después, con altibajos en la calidad de su programación, se convirtió en una tribuna para la disidencia y prensa libre de la isla. El único medio por donde lo escuchaban -y siguen escuchando-, los ciudadanos de la Cuba profunda.

Pero ésa es otra historia más larga.

Iván García
Leer también: Internet en Cuba: un suceso, a pesar de todo.

miércoles, 2 de julio de 2014

Radio Martí en mi vida


Una tarde de septiembre de 1995, una ex compañera de la misma redacción donde trabajé en el Instituto Cubano de Radio y Televisión, me llamó y me dijo:

"Tania, po Radio Martí escuché la noticia de que Raúl Rivero había creado una agencia de periodismo independiente llamada Cuba Press. Dijeron que entre los periodistas había varios procedentes de la prensa oficial y mencionaron tu nombre".

Quiso saber si eso era cierto. Le respondí que sí, que no había dicho nada hasta que no saliera la noticia, que según ella, la había dado Alvaro de Insúa.

En lo adelante, redactar de tres a cuatro trabajos semanales para Cuba Press y participar a menudo en entrevistas y programas de Radio Martí, se convirtió en algo tan habitual para mí en los ocho años que desde La Habana reporté como periodista independiente, como cada día coger la libreta de racionamiento y una jaba, ir a comprar el pan y hacer un recorrido por el barrio, a ver qué había venido a la bodega, el puesto o la carnicería.

En la veintiúnica mesa que teníamos en la casa, la del comedor, ponía la máquina de escribir. Solía redactar directamente, pero Iván García, mi hijo, escribía sus textos a mano en una libreta y yo se los pasaba en limpio. Tecleaba mucho más rápido que él, con los diez dedos y sin mirar el teclado.

Es que en 1959 había estudiado mecanografía en español e inglés en la Havana Business Academy, y los más de treinta años que llevaba mecanografiando me habían dado gran destreza.

Entonces, ni soñar con un teléfono inalámbrico y menos con un celular. El teléfono era fijo. Teníamos uno en la sala y una extensión en mi cuarto, que era por donde tanto Iván como yo hablábamos para Radio Martí u otras emisoras extranjeras: cada vez que pasaba algo en Cuba, fuera un desmayo de Fidel Castro o la proximidad de un ciclón, nos llamaban en busca de nuestros puntos de vista.

Casi siempre las llamadas eran imprevistas, otras previamente concertadas, para participar en determinados espacios, como el conducido por el profesor Luis Aguilar León. La productora era Ofelia Oviedo, quien aún trabaja en Martí y es testigo de que al Profe le gustaba invitarme, no porque fuera experta, si no porque decía las cosas francamente, sin miedo. Y porque como periodista, consideraba que debía trasladar los comentarios que recogía en la calle, entre mis vecinos o mientras hacía los mandados. Gente que por temor o falta de medios, no tenían posibilidad de expresar sus opiniones.

El 4 de abril de 1996, Danylo Sirio, actual presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión, en una reunión con la presencia de dos dirigentes locales, Formoso por el partido y Cristóbal por el sindicato, como pretexto para expulsarme del ICRT argumentó que "yo hablaba por Radio Martí".

Ese día, 'la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes', no tuvo en cuenta que yo tenía 54 años y solo me faltaba un año para retirarme. Me dejaron sin jubilación, teniendo un expediente laboral impecable de 37 años de trabajo ininterrumpido, como mecanógrafa, secretaria, maestra, divulgadora y periodista.

La vida suele ser justa con las personas que además trabajar con dedicación y honestidad, se han superado por su cuenta. Por eso hoy en Suiza recibo el reconocimiento y la pensión que Cuba nunca me dio. Es la mínima, porque llegué con 61 años.

Pero ojalá los jubilados en la isla pudieran cobrar no ya la mitad, si no la tercera parte de lo que yo cada mes me paga la seguridad social suiza. En Suiza no dan chequeras y no tienes que madrugar ni hacer cola para cobrar tu pensión. Con la tarjeta bancaria vas y sacas lo que quieras en un cajero automático, o vas al banco y empleados amables y elegantes te dan la cantidad que pidas. No me sobra el dinero, pero me alcanza para vivir modesta y dignamente.

Han pasado los años y desde mi exilio en Lucerna, no olvido que gracias a Radio Martí pude llegar a mis compatriotas, pese a los intentos técnicos del régimen por impedirlo. Con más o menos interferencia, ha sido la emisora que desde su salida al aire, el 20 de mayo 1985, ha sido la tribuna con la cual han podido contar los opositores y periodistas independientes cubanos.

Tania Quintero

Foto: Tania Quintero en el 2000, en casa de Ricardo González Alfonso, en Miramar. Detrás, a la derecha, Raúl Rivero, a la izquierda, Iván García. Tomada de Cuba Press ya no existe.